A medio siglo del 24 de marzo de 1976, fecha que marcó el inicio del periodo más sangriento de la historia argentina, la sociedad se enfrenta a una pregunta crucial: ¿cómo ha calado el terrorismo de Estado en la memoria colectiva tras cinco décadas? Un exhaustivo estudio realizado por el observatorio Pulsar.UBA de la Universidad de Buenos Aires y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) arroja luz sobre esta cuestión, revelando una sociedad que, lejos de olvidar, sostiene un consenso mayoritario y contundente sobre los pilares de la justicia y la democracia.
### El peso de la memoria y la condena social El estudio, titulado 'Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después', no solo se limita a cuantificar el rechazo, sino que explora la profundidad de la herida abierta. Con un 71% de visiones negativas —donde el 45% lo califica de 'muy malo'—, queda claro que el relato oficial de la dictadura como una 'guerra' ha perdido la batalla cultural frente a la evidencia del terrorismo de Estado. Para la gran mayoría, el golpe no tuvo justificación alguna y es visto como un quiebre institucional criminal.
Sin embargo, el informe advierte sobre una grieta en la interpretación histórica: un 32% de los encuestados aún sostiene la tesis de la 'lucha contra el terrorismo' con 'excesos'. Esta cifra no es menor, ya que refleja una persistencia de los discursos que intentan matizar la sistematicidad de las desapariciones y torturas. Este dato es vital para entender que, aunque el consenso democrático es amplio, la batalla por la memoria sigue siendo un terreno en disputa política y cultural.
### La educación como pilar de la transmisión Uno de los hallazgos más fascinantes del estudio es la transformación generacional de la memoria. Dado que la mayoría de la población actual no vivió el periodo 1976-1983 como adultos, la experiencia directa ha cedido su lugar a la 'memoria mediada'. La escuela, la universidad y los contenidos culturales son hoy los principales transmisores del conocimiento histórico. Esto implica que la calidad de la educación cívica y la rigurosidad de los contenidos curriculares son, en última instancia, los guardianes de la verdad histórica frente al negacionismo.

El hecho de que solo tres de cada diez argentinos tengan un vínculo cercano con una víctima de la dictadura demuestra que el 'ancla moral' de la memoria se está desplazando desde lo biográfico hacia lo institucional y educativo. Este cambio plantea un desafío para las próximas décadas: ¿cómo mantener viva la empatía ante un pasado que se aleja cronológicamente?
### Justicia: un proceso inconcluso pero respaldado El respaldo del 70% a la continuidad de los juicios por crímenes de lesa humanidad es, posiblemente, el dato más potente del informe. A pesar de las crisis económicas y los cambios de gobierno, el proceso iniciado con el Juicio a las Juntas en 1985 y profundizado a partir de 2006 ha logrado consolidarse como una política de Estado que trasciende los mandatos partidarios. La sociedad argentina parece haber internalizado que la democracia no puede convivir con la impunidad.
### La percepción de invulnerabilidad democrática La confianza en la estabilidad democrática es notable. Un 83% considera que un nuevo golpe de Estado es 'poco o nada probable'. En los grupos focales, la respuesta fue casi unánime: la sociedad no toleraría una ruptura institucional. Esta percepción no es solo una cuestión de fe en las instituciones, sino una convicción basada en la movilización social. El ciudadano argentino se siente, en última instancia, el garante de su propia libertad, un legado directo de las luchas por los derechos humanos de finales de los 70 y principios de los 80.
### Conclusión: un espejo del presente La memoria sobre la dictadura no es un ejercicio de arqueología; es un espejo en el que se mira la Argentina actual. La vigencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el peso de los organismos de derechos humanos y el debate constante sobre el pasado son las herramientas con las que la sociedad construye su futuro. El estudio de Pulsar.UBA y el CELS confirma que, a pesar de las tensiones, la Argentina ha logrado construir un consenso que, aunque imperfecto, es lo suficientemente sólido como para defender el valor supremo de la vida y la libertad por sobre cualquier tentación autoritaria.