El fútbol argentino está de luto. Roque Avallay, el inolvidable goleador de Huracán y campeón del Metropolitano 1973, falleció este jueves a los 80 años. Su nombre evoca a una época dorada, a un fútbol más puro y a la pasión desbordante de una hinchada que lo veneraba. El “Globo toque, Globo toque, que los goles los hace el Roque” resonaba en cada estadio, un cántico que celebraba la habilidad y la eficacia de un delantero que, a pesar de su perfil bajo, se convertía en un depredador implacable dentro del área rival.
Nacido en San Rafael, Mendoza, Roque Avallay inició su camino en el fútbol profesional en Deportivo Maipú a principios de la década de 1960. Su velocidad y desparpajo llamaron la atención de Independiente, donde debutó en la Copa Libertadores frente a Boca en 1965. Aquel debut, sin embargo, estuvo marcado por un incidente curioso: una caída en el foso del estadio de Independiente, producto de un resbalón y un enredo con el alambre de púas. A pesar de la lesión, Avallay demostró su temple y continuó jugando.
Su paso por Independiente fue breve, y en 1966 llegó a Newell’s Old Boys, donde se consolidó como un goleador de raza. A lo largo de cuatro años, marcó 51 goles en 145 partidos, convirtiéndose en el máximo artillero del equipo y ganándose un lugar en la selección argentina. Con la celeste y blanca disputó cuatro partidos en 1968, marcando un gol.
Pero fue en Huracán donde Roque Avallay alcanzó la cima de su carrera. En 1970, llegó a Parque Patricios en un trueque con Alfredo Obberti de Newell’s, y rápidamente se convirtió en el líder del ataque del 'Globo'. Junto a Miguel Ángel Brindisi y Carlos Babington, formó una delantera temible que deslumbró a todo el país.
La temporada de 1972 fue un anticipo de lo que vendría. Huracán obtuvo un meritorio tercer puesto en el campeonato, siendo el equipo más goleador de la liga. Brindisi y Avallay se destacaron como los máximos artilleros, preparando el terreno para la consagración de 1973.
En 1973, con la llegada de René Houseman, Huracán se transformó en una máquina de fútbol imparable. El equipo ganó sus primeros seis partidos del campeonato, deslumbrando con su juego ofensivo y su capacidad goleadora. La formación de aquel equipo, con Roganti, Chabay, Buglione, Basile, Carrascosa, Brindisi, Russo, Babington, Houseman, Avallay y Larrosa, se grabó a fuego en la memoria de los hinchas.

Avallay marcó 11 goles en aquella campaña inolvidable, conformando una delantera que hizo vibrar al fútbol argentino. Su olfato goleador, su velocidad y su capacidad para asociarse con sus compañeros lo convirtieron en un jugador fundamental para el éxito del equipo.
Su gran nivel lo llevó a ser convocado nuevamente a la selección argentina, integrando el plantel que obtuvo la clasificación para el Mundial de 1974. Sin embargo, una lesión lo privó de la oportunidad de disputar el torneo, siendo reemplazado por Carlos Babington.
Después de Huracán, Avallay continuó jugando en Atlanta, Chacarita, Racing y nuevamente en Huracán. En Chacarita, en 1977, tuvo una destacada actuación, marcando 22 goles en 44 partidos y ayudando al equipo a mantenerse en primera división. En Racing, en 1978, marcó dos goles en un partido contra River, en el regreso de Beto Alonso al fútbol argentino.
Tras un incidente en el que fue agredido con una pedrada que rompió el vidrio de su auto, Avallay decidió retirarse del fútbol. Sin embargo, reconsideró su decisión y regresó a la Academia, para finalmente despedirse en 1980, marcando el gol del empate ante Talleres en Córdoba.
Después de su retiro, Avallay se dedicó a la dirección técnica, trabajando en las divisiones inferiores de varios clubes. Siempre mantuvo un perfil bajo, conservando la humildad y la amabilidad que lo caracterizaban.
Roque Avallay dejó un legado imborrable en el fútbol argentino. Su nombre quedará grabado para siempre en la historia de Huracán y en el corazón de los hinchas que lo vieron brillar. Su gol, su velocidad y su humildad lo convierten en un ídolo eterno.