La economía argentina enfrenta un nuevo desafío: una escalada alarmante en la morosidad de los préstamos bancarios. Lo que comenzó como una señal de alerta en los tableros de los bancos, rápidamente se ha convertido en una preocupación central en los despachos oficiales de la Casa Rosada. Los datos son contundentes: la morosidad de los préstamos a familias se disparó del 2,5% a fines de 2024 a un preocupante 9,3% en diciembre de 2025. Esta cifra, que no se veía desde la crisis de 2001, revela un deterioro significativo en la capacidad de pago de los hogares argentinos.
El contexto económico actual agrava la situación. La persistente tensión inflacionaria, las dudas sobre la generación de empleo sostenible y las altas tasas de interés reales están comprimiendo los ingresos de las familias y dificultando el cumplimiento de las obligaciones financieras. Si bien el crédito bancario ha experimentado una recuperación en los últimos dos años, pasando del 4% del PBI a fines de 2023 al 12% a finales del año pasado, esta expansión se ve amenazada por el aumento de la morosidad.
Javier Bolzico, presidente de Adeba, la asociación de bancos argentinos, ha reconocido la recuperación del crédito, pero también ha señalado que aún existe un largo camino por recorrer para alcanzar los niveles de otros países de la región y del mundo desarrollado. La tensión entre el sector bancario y el gobierno es palpable, con idas y vueltas constantes en las políticas económicas.
La morosidad no se limita a los préstamos a familias. El incumplimiento en los créditos comerciales también está en aumento, alcanzando el 2,7% en enero de 2026, triplicando el nivel de un año antes. Un informe del Banco Provincia revela que una de cada ocho empresas con préstamos bancarios presenta atrasos, con una incidencia aún mayor entre las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde la tasa de mora ronda el 4%. Las grandes compañías, en cambio, muestran un indicador más bajo, en torno al 0,9%.
El ministro de Economía, Luis Caputo, ha minimizado la gravedad de la situación, argumentando que la economía argentina está en un momento de récord en términos de actividad, exportaciones y consumo. Sin embargo, esta visión optimista contrasta con la realidad que se refleja en los números de la morosidad.

Los bancos, si bien reconocen la alta irregularidad de la cartera, aseguran contar con previsiones, reservas y capital suficiente para hacer frente a esta situación. Sin embargo, la creciente morosidad está obligando a las entidades financieras a depurar sus carteras y endurecer la gestión del riesgo crediticio. Además, se ha detectado un fenómeno inusual: un porcentaje significativo de los créditos de cuenta sueldo con morosidad se debe a que los clientes cambian de banco para evitar el pago de comisiones más altas, lo que perjudica a los que sí cumplen con sus obligaciones.
La situación es aún más crítica en el sector de las fintechs y billeteras virtuales, donde la morosidad supera el 25%. Esta disparidad se debe, en parte, a las altas tasas de interés que cobran estos proveedores de crédito alternativo, que en algunos casos superan el 200% o incluso el 500%. La "guerra" entre los bancos tradicionales y las fintechs se intensifica, con acusaciones mutuas sobre prácticas crediticias irresponsables.
Los especialistas coinciden en que la aceleración de la mora responde principalmente a las altas tasas de interés reales y al estancamiento de los salarios. La política monetaria restrictiva y la baja de la inflación han interrumpido el mecanismo de "licuación" de las cuotas, lo que ha elevado el peso de las deudas sobre los ingresos disponibles. La falta de crecimiento salarial agrava aún más la situación, dejando a muchas familias y empresas sin capacidad para hacer frente a sus obligaciones financieras.
El Banco Central ha implementado medidas como el débito automático de cuotas de préstamos para mejorar la recuperación y contener el deterioro. Sin embargo, estas medidas parecen insuficientes para revertir la tendencia. La restricción de la oferta de crédito se ha reflejado en el estancamiento de los créditos al consumo a comienzos de 2026, tras un período de fuerte expansión en 2024 y parte de 2025.
En definitiva, la morosidad bancaria se ha convertido en un factor de riesgo importante para la recuperación económica de Argentina. La falta de crédito, las altas tasas de interés y el estancamiento salarial están creando un círculo vicioso que dificulta el crecimiento y la generación de empleo. La solución a este problema requiere de una política económica integral que combine medidas para reducir la inflación, estimular el crecimiento salarial y fomentar el acceso al crédito en condiciones más favorables.