La inteligencia artificial (IA) se ha infiltrado en casi todos los aspectos de nuestra vida, desde la asistencia virtual en nuestros teléfonos hasta la automatización de tareas complejas en el trabajo. Si bien la promesa de eficiencia y conveniencia es innegable, una creciente ola de investigaciones científicas sugiere que esta dependencia podría tener un costo oculto: la erosión de nuestras propias capacidades cognitivas. ¿Podría ser que, al permitir que la IA piense por nosotros, estemos, paradójicamente, volviéndonos más tontos?
La advertencia no es nueva. Ramón López de Mántaras, un pionero de la IA en Europa, ya alertó sobre este peligro en enero pasado durante su participación en el Congreso Futuro en Chile. Sus palabras resonaron con fuerza: al delegar el pensamiento a la IA, delegamos también nuestra capacidad de razonar y analizar. La preocupación radica en que, a largo plazo, esta tendencia podría conducir a una sociedad con individuos funcionalmente analfabetos, incapaces de pensar críticamente y resolver problemas de forma independiente.
Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto? A continuación, exploramos tres estudios recientes que respaldan estas inquietantes advertencias:
**1. El MIT: La IA y la Disminución de la Actividad Cerebral**
Un estudio innovador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) investigó las consecuencias neuronales de utilizar la IA para escribir ensayos. Los investigadores utilizaron electroencefalogramas (EEG) para medir la actividad cerebral de 54 participantes mientras realizaban esta tarea. Los participantes fueron divididos en tres grupos: aquellos que podían usar ChatGPT, aquellos que se apoyaron en búsquedas de Google y aquellos que utilizaron únicamente su propio cerebro.
Los resultados fueron sorprendentes. Los usuarios de ChatGPT mostraron una disminución significativa en la actividad neuronal en las regiones del cerebro asociadas con la creatividad, la atención y el procesamiento de la información. Además, les resultó más difícil hablar sobre el ensayo que habían redactado o citar sus fuentes. En contraste, aquellos que no utilizaron la IA mostraron una actividad cerebral generalizada y vibrante. Incluso aquellos que utilizaron Google para investigar mostraron niveles de actividad cerebral más altos que los usuarios de ChatGPT.
El estudio reveló que la actividad cerebral disminuyó hasta en un 55% al usar ChatGPT. Esto sugiere que, al depender de la IA para generar texto, el cerebro reduce su esfuerzo cognitivo, lo que podría llevar a una disminución en la capacidad de pensar de forma independiente y creativa.

**2. Microsoft: El Impacto en el Pensamiento Crítico**
Investigadores de Microsoft y la Universidad Carnegie Mellon realizaron un estudio que examinó el impacto de la IA generativa en el pensamiento crítico de los trabajadores. Encuestaron a 319 personas que utilizaban la IA generativa al menos una vez a la semana en sus trabajos. Descubrieron que la utilizaban principalmente para tres propósitos: creación (como escribir correos electrónicos), información (investigar o resumir artículos) y consejo (pedir orientación o generar gráficos).
El estudio reveló que solo el 36% de los encuestados utilizaban su pensamiento crítico para revisar las respuestas de la IA y mejorar sus aspectos negativos. La mayoría no comprendía cómo funcionaba la IA y, por lo tanto, confiaba ciegamente en sus resultados. Los investigadores concluyeron que, al utilizar la IA para trabajar y simplemente verificar sus resultados, los trabajadores dejan de aplicar sus habilidades de pensamiento crítico, perdiendo oportunidades para practicar su juicio y fortalecer su "musculatura cognitiva". Esto podría llevar a una atrofia de sus habilidades mentales y una menor capacidad para resolver problemas de forma independiente.
**3. Apple: ¿Quién Está Pensando Realmente?**
Un estudio realizado por investigadores de Apple abordó una pregunta fundamental sobre la IA: ¿realmente puede razonar? Los chatbots, a pesar de su aparente inteligencia, no piensan en el sentido humano. Utilizan algoritmos para procesar grandes cantidades de datos, reconocer patrones y generar respuestas coherentes. Si bien la industria está trabajando para mejorar los modelos de razonamiento de la IA, algunos estudios sugieren que aún tienen limitaciones y que el razonamiento puede incluso colapsar.
Los investigadores de Apple presentaron varios problemas a diferentes modelos de razonamiento, con diferentes niveles de dificultad. Descubrieron que estos modelos pueden equivocarse, sobrepensar y no razonar de manera consistente. El estudio cuestionó si estos modelos realmente razonan o simplemente simulan el razonamiento. Si la IA no está pensando y la estamos utilizando para pensar menos, ¿quién está pensando realmente?
En conclusión, la evidencia científica sugiere que el uso excesivo y acrítico de la IA podría tener consecuencias negativas para nuestras capacidades cognitivas. Es crucial ser conscientes de estos riesgos y utilizar la IA de forma responsable, como una herramienta para complementar, no para reemplazar, nuestro propio pensamiento y razonamiento. Debemos fomentar el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico y creativo, y evitar la dependencia excesiva de la IA para no convertirnos en una sociedad de "analfabetos funcionales", como advirtió López de Mántaras.