La economía argentina, tras un febrero marcado por la incertidumbre y la contracción, ha mostrado un respiro en marzo, registrando un crecimiento del 1% en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), según un informe de la consultora Equilibra. Este dato, aunque positivo, debe ser analizado con cautela, ya que la recuperación se sustenta principalmente en el desempeño del sector agropecuario, que continúa siendo el motor de la economía nacional.
Febrero había sido un mes particularmente difícil, con una caída del 2,6% en el EMAE, lo que generó preocupación en el mercado y entre los analistas. La recuperación de marzo, por lo tanto, se interpreta como un rebote técnico, una recomposición tras el retroceso. Sin embargo, el nivel de actividad aún se encuentra 1,6% por debajo del máximo histórico alcanzado en enero, impulsado por una cosecha récord de trigo. Esto sugiere que la economía argentina aún no ha recuperado su impulso y que la volatilidad seguirá siendo una característica presente en el corto plazo.
El sector agropecuario, una vez más, se erige como el salvador de la economía. El informe de Equilibra destaca que el EMAE del agro creció un impresionante 15% interanual, aportando casi la totalidad de la expansión del nivel general de actividad. Este desempeño se atribuye al avance de la cosecha de maíz, que se proyecta con un incremento cercano al 20% respecto de la campaña previa, y a una mejora en la producción de carne bovina, que había experimentado siete meses consecutivos de caídas. La combinación de estos factores ha permitido al sector agropecuario compensar, en gran medida, el bajo rendimiento de otros sectores de la economía.
La incidencia del agro en el crecimiento interanual del EMAE es contundente: aportó 1,4 puntos porcentuales, explicando prácticamente toda la suba del indicador general. Este patrón se repite en los últimos meses, donde los sectores vinculados a los recursos naturales han mostrado un dinamismo superior al resto de la economía. En enero, por ejemplo, la agricultura y la minería fueron los principales impulsores del EMAE, aportando en conjunto 1,67 puntos porcentuales al crecimiento interanual.

Sin embargo, la situación del resto de la economía es mucho más preocupante. El EMAE excluyendo al sector agropecuario se mantuvo prácticamente sin cambios en marzo, con una suba de apenas 0,1% interanual. En términos desestacionalizados, este agregado mostró un leve rebote de 0,4% mensual, pero aún se encuentra lejos de los niveles observados en meses anteriores. Los datos sectoriales reflejan una dinámica muy diversa, con algunos rubros mostrando un desempeño positivo y otros en terreno negativo.
La intermediación financiera, por ejemplo, creció 7,7% interanual, mientras que las actividades inmobiliarias y empresariales mostraron una suba de 1,1%. En contraste, la industria y la construcción continúan con caídas, estimadas en 0,3% y 1,7% interanual, respectivamente. También se registraron retrocesos en sectores como el comercio y el transporte, que registraron variaciones negativas del 0,8% y el 2,1% respectivamente. Esta situación confirma una tendencia que los analistas vienen señalando desde hace tiempo: la recuperación de la economía es desigual, con algunos sectores traccionando el crecimiento y otros aún rezagados.
En el balance del primer trimestre, Equilibra estimó que la actividad económica creció 0,4% en comparación con el mismo período de 2025. Sin embargo, al observar la serie desestacionalizada, el nivel de actividad del primer trimestre se habría mantenido sin cambios frente al último trimestre del año pasado, con una variación de 0%. Este dato refleja que, más allá de la mejora interanual, el ritmo de crecimiento se mantiene limitado en el margen, con avances puntuales que no logran consolidar una tendencia sostenida.
Las proyecciones para 2026 tampoco son alentadoras. Equilibra estimó que la economía crecerá alrededor de 2% en 2026, una cifra significativamente inferior a la pauta prevista en el Presupuesto, que contempla una expansión del 5%. La consultora LCG, aunque con algunas atenuantes, también prevé un crecimiento por debajo del 3% anual promedio, impulsado por unos pocos sectores como el petróleo, la minería, el agro y la intermediación financiera. Los economistas anticipan que el posible derrame de los sectores ganadores hacia el resto de la economía estará limitado, y que los beneficios de una eventual persistencia de la tranquilidad cambiaria serán compensados por el perjuicio que generaría dicha estabilidad, en tanto que el tipo de cambio se estaría ubicando en niveles que afectan los márgenes de varios sectores mano de obra intensivos.
La economista Rocío Bisang, de GMA Capital, señaló que el foco actual está puesto en la heterogeneidad del crecimiento, donde los sectores intensivos en empleo (industria, comercio y construcción principalmente) pierden terreno. En conclusión, el panorama económico argentino sigue siendo complejo y desafiante, con una recuperación moderada y desigual, fuertemente dependiente del desempeño del sector agropecuario.