## Alerta Deuda: Empresas al Límite y Pymes en Riesgo de Colapso
El panorama económico argentino se torna cada vez más sombrío. Si bien la atención pública se ha centrado en la creciente deuda de las familias, una crisis silenciosa se está gestando en el sector empresarial, con un aumento alarmante de la morosidad que amenaza con llevar a muchas Pymes al borde del colapso. La situación, lejos de ser un problema aislado, es un reflejo de las profundas grietas que atraviesan la economía nacional.
Según datos recientes, la irregularidad en la cartera comercial se duplicó en la segunda mitad de 2025, saltando del 1% en mayo al 2,5% en diciembre. Este incremento, aunque inferior a la morosidad familiar (que se sitúa en el 13%), es especialmente preocupante porque se produce en un contexto de relativa estabilidad histórica en el cumplimiento de las obligaciones corporativas. La tendencia, que venía observándose de forma paulatina durante un año y medio, se aceleró drásticamente en los últimos meses, evidenciando una creciente dificultad para las empresas a la hora de hacer frente a sus compromisos financieros.
**La brecha entre gigantes y Pymes: una asimetría peligrosa**
El mercado crediticio argentino se caracteriza por una alta concentración, donde un pequeño grupo de grandes corporaciones acapara la mayor parte del financiamiento. Según estimaciones del Banco Provincia, el 42% del volumen total de préstamos se encuentra en manos de apenas el 0,3% de las sociedades registradas. El resto, el 58%, debe repartirse entre el 99,7% de las empresas activas en el país. Esta asimetría se traduce directamente en los niveles de mora: las grandes empresas, con una capacidad de gestión de la liquidez y un acceso a diversas fuentes de financiamiento, mantienen un índice de irregularidad de apenas el 0,9%. En contraste, las Pymes, que dependen en gran medida del crédito para su supervivencia diaria, registran una morosidad del 4%, una cifra que evidencia su extrema vulnerabilidad.
Para las Pymes, el crédito no es una herramienta de inversión, sino un salvavidas para cubrir necesidades operativas básicas. Los elevados costos financieros, la falta de fluidez en las ventas y la incertidumbre económica han empujado a muchas de estas unidades productivas a incumplir sus compromisos bancarios, generando un efecto dominó que amenaza con desestabilizar todo el entramado productivo.
**Sectores en la mira: construcción y comercio minorista**
El análisis de la morosidad por rubros revela una disparidad significativa. El sector de la construcción encabeza la lista de los más afectados, golpeado por la paralización de proyectos de infraestructura, el aumento sostenido en los costos de los materiales y la falta de financiamiento a largo plazo. Le sigue de cerca el comercio minorista, que enfrenta un consumo interno estancado y una caída en el poder adquisitivo de la población. Muchos comercios se ven obligados a priorizar el pago de salarios y proveedores críticos por sobre el cumplimiento de las cuotas bancarias, lo que agrava su situación financiera.

En contraste, los sectores vinculados a la exportación, como el agro y la energía, presentan indicadores más saludables, actuando como un contrapeso que evita un colapso mayor en las estadísticas globales de mora corporativa. Sin embargo, incluso estos sectores no están exentos de riesgos, ya que dependen de factores externos que pueden verse afectados por la volatilidad del mercado internacional.
**La advertencia de Moody’s y el riesgo sistémico**
La situación no ha pasado inadvertida para las agencias internacionales. Moody’s ha emitido recientemente una advertencia sobre el deterioro de la calidad de los activos en el sistema financiero local, señalando que la mora bancaria está siendo impulsada por la persistente inflación y la caída de los ingresos reales. La calificadora de riesgo advierte que, aunque los bancos argentinos mantienen niveles de solvencia razonables, el incremento de los préstamos en situación irregular podría extenderse durante gran parte de 2026 si no se estabilizan las variables macroeconómicas.
La exposición de las entidades financieras a sectores sensibles al ciclo económico, como la construcción y el comercio, aumenta la vulnerabilidad del sistema ante una mora que ya dejó de ser un problema marginal. Un aumento significativo de la morosidad podría generar una crisis de liquidez en el sistema bancario, con consecuencias devastadoras para la economía en su conjunto.
**El frente hogareño: una deuda que asfixia el consumo**
Si bien la situación financiera de las empresas es preocupante, la de las familias argentinas es igualmente compleja. Un reporte del Banco Provincia revela que más de 20,5 millones de personas –uno de cada dos adultos– tienen algún tipo de deuda, lo que representa un crecimiento del 8% en el último año. La morosidad total del sistema para las familias se ubica en el 13%, pero este dato oculta una brecha abismal según la entidad acreedora: en los bancos tradicionales, la irregularidad es del 9,3%, mientras que en las entidades no financieras (fintech, billeteras virtuales, tarjetas de supermercados) la mora trepa al 24,6%.
El crecimiento del 29% en el número de personas doblemente endeudadas es especialmente alarmante. Durante los últimos dos años, el crédito funcionó para muchos hogares como un ingreso complementario para sostener el consumo básico. Sin embargo, ese esquema parece haber encontrado un límite. Cualquier recuperación futura del salario no se volcará de inmediato al consumo, sino que deberá destinarse primero a cancelar deudas acumuladas, lo que postergará el repunte de la demanda interna.
En conclusión, la combinación de una morosidad corporativa en aumento, una deuda familiar insostenible y la falta de un motor claro de expansión económica configura un escenario de alto riesgo para la economía argentina. La necesidad de implementar políticas económicas urgentes y efectivas para estabilizar las variables macroeconómicas, fomentar la inversión y generar empleo es más apremiante que nunca.