La economía argentina se encuentra en una encrucijada. Tras un año de datos económicos desalentadores que contrastan con las proyecciones optimistas del gobierno, la pregunta central es si el impulso inicial del plan de estabilización de Javier Milei se está agotando. El economista Luis Secco, director de la consultora Perspectiv@s Económicas y un referente para empresarios y cámaras sectoriales, ofrece un análisis contundente sobre la situación actual y las perspectivas para lo que resta del año.
Si bien el gobierno logró superar la prueba de fuego de las elecciones legislativas y avanzar en la aprobación del Presupuesto 2026 y otras leyes importantes, Secco advierte que estos logros no se han traducido en una estabilización creíble y sustentable. “Una cosa era ganar la elección, que en teoría despejaba el riesgo político más inmediato, y otra muy distinta transformar ese triunfo en una estabilización creíble y sustentable”, explica el economista. La macroeconomía, según Secco, no ha convalidado la promesa de que, una vez superados los desafíos políticos, se destrabarían las expectativas, la inversión y la actividad económica.
La incertidumbre persiste debido a una serie de inconsistencias en el programa económico. La inflación, si bien ha desacelerado, ya no lo hace al ritmo esperado. El tipo de cambio real se ha apreciado, lo que perjudica la competitividad de las exportaciones. La remonetización, es decir, el aumento de la demanda de dinero, no se ha materializado plenamente. La actividad económica sigue siendo floja y, a pesar de la compra de dólares por parte del Banco Central, la escasez de reservas sigue siendo un problema. A esto se suma un deterioro de la confianza política, evidenciado en la caída de la confianza en el gobierno y en el consumidor, así como en el desgaste de la popularidad presidencial.
Secco describe la situación actual como una “crisis de eficacia o potencia” del programa económico, que ya no ordena las expectativas como antes. No se trata de una crisis de rumbo, sino de una incapacidad para traducir los logros iniciales en una mejora sostenida en la economía. Para revertir esta situación, Secco considera necesario realizar correcciones al programa, pero no un “volantazo”. El esquema actual, según el economista, descansa demasiado en un ancla cambiaria exigida, producto de un régimen cambiario poco homologable y de controles de capitales difíciles de justificar. También señala la ambigüedad de la política monetaria y la esperanza de que el tiempo resuelva las correcciones pendientes.

Para reducir la inflación por debajo del 2% mensual de forma más limpia, Secco propone reducir la dependencia de un tipo de cambio real tan apreciado, acumular reservas más robustas y adoptar una política monetaria más inteligible, con una función de reacción del Banco Central de la República Argentina (BCRA) clara y medible. En cuanto a la reactivación de la actividad económica, el economista advierte que no basta con el crédito y con algunos sectores dinámicos; es necesario que el resto de la macroeconomía acompañe. De lo contrario, se corre el riesgo de una desinflación parcial y una recuperación desigual, como la que se está observando actualmente.
La persistencia de la compra de dólares por parte de la población, a pesar de la baja nominal del tipo de cambio y la acumulación de reservas por parte del BCRA, es un fenómeno que Secco explica por la desconfianza en la moneda local y por la “memoria de incumplimientos” de Argentina. La apreciación real del peso también contribuye a esta dinámica, ya que muchos argentinos prefieren ahorrar en dólares para protegerse de la devaluación. Secco señala que estamos en la cuarta fase del programa económico, que inicialmente se había anunciado como un plan de dos fases.
El economista también se refiere a la percepción de que el plan de Milei es un “experimento”, destacando que, si bien existen logros importantes, como el ajuste fiscal inédito y la baja de la inflación, la transición sigue incompleta. Las reservas siguen condicionadas por los pagos de deuda, el índice de riesgo país sigue siendo elevado y el acceso pleno a los mercados aún no se ha recuperado. La durabilidad del programa, por lo tanto, sigue siendo incierta.
En cuanto a la reactivación económica, Secco advierte que la recuperación es desigual, con sectores como el agro, la energía, la minería y algunos servicios financieros liderando el crecimiento, mientras que la industria, el comercio y la construcción siguen rezagados. Para lograr una reactivación más homogénea, es necesario mejorar el ingreso disponible de las familias y evitar que la macroeconomía genere ruido. La apertura y la desregulación no son el problema, sino la secuencia y la capacidad de administrar los costos de transición.
Finalmente, Secco se refiere a la estrategia de espera del equipo económico en relación con la eliminación del cepo cambiario, señalando que esta estrategia genera una expectativa de corrección cambiaria que contribuye a la inflación. El conflicto en el Golfo Pérsico, según el economista, complica aún más el escenario, ya que Argentina puede capturar beneficios por mejores precios de exportación, pero también enfrenta costos más altos de energía importada y un contexto financiero internacional menos benigno. La acumulación de reservas, a través de acuerdos de garantías con organismos internacionales, es una señal mixta, que demuestra tanto el apoyo internacional como la debilidad externa del país.