La sombra de una crisis alimentaria global se cierne sobre el mundo, y en el centro de esta amenaza se encuentra un insumo esencial para la agricultura: los fertilizantes. Lo que comenzó como una preocupación latente se ha convertido en una alerta roja, con implicaciones directas para la seguridad alimentaria de millones de personas. La escasez de fertilizantes, exacerbada por una tormenta perfecta de factores geopolíticos y logísticos, podría reducir a la mitad el suministro mundial de alimentos, según expertos como Julio Calzada, director de estudios económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
El conflicto en Ucrania, que interrumpió el suministro de fertilizantes de Rusia y Bielorrusia – dos de los principales productores mundiales – fue el primer detonante. A esto se suman las tensiones en el Estrecho de Ormuz, que dificultan el transporte marítimo de fertilizantes desde el Golfo Pérsico, una región clave en la producción de gas, urea y amoníaco, componentes esenciales para la fabricación de estos insumos. La reciente escalada de tensiones en Medio Oriente, con ataques a Irán, ha añadido una nueva capa de incertidumbre y ha provocado un aumento en los precios del trigo.
Argentina, un importante productor de granos, no está exenta de este riesgo. Si bien el mercado local de urea se considera relativamente bien abastecido, el país depende en gran medida de las importaciones, con un 75% de los fertilizantes utilizados provenientes del exterior. En 2025, el campo argentino utilizó 5 millones de toneladas de fertilizantes, de las cuales 4 millones fueron importadas. La dependencia de proveedores extranjeros hace que Argentina sea vulnerable a las fluctuaciones de precios y a las interrupciones en el suministro.
La situación es crítica en otras partes del mundo. En Estados Unidos, uno de cada cuatro productores ya enfrenta dificultades para obtener los fertilizantes necesarios para la siembra de primavera. Australia, un importante exportador de trigo, está recortando las áreas de siembra debido a la falta de insumos. India, China y Canadá, también productores clave, se enfrentan a panoramas similares. Según The Fertilizer Institute, a los agricultores estadounidenses les faltarán unas dos millones de toneladas de urea en esta primavera (boreal).

El impacto en los mercados de granos ya se está comenzando a sentir. Si bien el precio del aceite de soja se ha mantenido relativamente estable, el trigo ha experimentado un aumento del 4,7% desde los ataques a Irán, acumulando un alza del 13,9% en lo que va del año. El maíz ha mostrado un comportamiento más errático, con un aumento del 6,5% en marzo, pero un incremento total del 1,5% desde el inicio del año. El arroz, otro alimento básico, ha aumentado un 4% desde el inicio de la guerra en el Golfo Pérsico, pero aún se encuentra un 18% por debajo de los precios de principios de año.
Sin embargo, los precios al consumidor aún no reflejan plenamente la magnitud de la crisis. “Sí, leemos y sabemos estas cosas, pero los precios que nos llegan todavía no reflejan esa expectativa”, comentó un directivo de una importante cadena de supermercados argentina. El sector minorista ya enfrenta desafíos importantes, como impuestos altos, bajo consumo y la competencia con cooperativas exentas de impuestos.
La situación actual recuerda a la advertencia de The Economist en mayo de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania desató temores de una “catástrofe alimentaria mundial”. La combinación de conflicto bélico, escasez de fertilizantes, bloqueos marítimos y restricciones comerciales vuelve a estar presente en el escenario actual.
Para el campo argentino, las perspectivas son inciertas. Las decisiones sobre la compra de fertilizantes deben tomarse ahora, pero los grandes traders de granos, que compiten por asegurar el suministro, parecen estar demorando o dificultando el proceso, favoreciendo a aquellos con mayor poder adquisitivo. Además, la disponibilidad de buques para el transporte de fertilizantes es limitada y sus costos han aumentado cerca del 40% desde el inicio del conflicto.
En un mundo cada vez más fragmentado y geopolíticamente conflictivo, Argentina se presenta como un productor en zona de paz y con rutas de tránsito ajenas a las hipótesis de conflicto. Sin embargo, el acceso a fertilizantes y el aumento de los costos de flete podrían comprometer el volumen total de producción de un sector que en 2025 fue el origen del 60% de las exportaciones totales del país, generando más de USD 51.000 millones sobre un total de USD 87.000 millones. Es crucial que Argentina proteja su “Vaca Viva”, el sector agropecuario, que sigue siendo el principal motor de la economía, mientras celebra los éxitos de Vaca Muerta.