La inflación en Argentina, un fantasma persistente en la economía nacional, ha dado señales preocupantes en las últimas semanas. Después de un breve período de optimismo, alimentado por una aparente desaceleración en los primeros días de abril, los precios de los alimentos y bebidas han comenzado a dispararse nuevamente, poniendo en jaque las expectativas del gobierno y generando incertidumbre en los consumidores.
Según el último informe de LCG, la inflación de alimentos y bebidas acumuló una suba del 1,5% en las últimas cuatro semanas. Si bien las primeras semanas de abril habían ofrecido un respiro, con expectativas de una fuerte desaceleración en el índice general de precios, la tercera semana del mes marcó un punto de inflexión. Los precios en alimentos y bebidas subieron un 1,4% en comparación con la semana anterior, rompiendo la racha descendente que había predominado desde febrero. Este salto repentino complica los planes del equipo económico, que buscaba cortar la tendencia de aumentos que se mantiene desde mayo de 2025.
El informe de LCG recalca que este incremento semanal es la segunda suba consecutiva en el segmento, después de un período de caídas y estabilidad. La inflación mensual promedio de las últimas cuatro semanas, calculada en 1,5%, aceleró 0,3 puntos porcentuales (p.p.) respecto del corte anterior, marcando el fin de la desaceleración iniciada tras el pico de fines de febrero. Este quiebre en la tendencia ha encendido las alarmas, especialmente considerando el peso central de los precios de alimentos y bebidas en la estructura de consumo y en el índice general.
El relevamiento semanal de LCG se basa en el análisis de 8.000 precios en cinco supermercados, con cortes cada miércoles. La última semana mostró una mayor dispersión y presencia de valores extremos en las variaciones, en comparación con la semana previa. El porcentaje de productos de la canasta que presentó aumentos creció hasta alcanzar cerca del 20% del total, reflejando un repunte en la difusión de las subas.
Dentro de la canasta, los productos de panificación, cereales y pastas lideraron los incrementos con una suba semanal del 3,2%, seguidos por lácteos y huevos (2,6%) y frutas (0,9%). Las carnes registraron un aumento más moderado, del 0,8%, por debajo del promedio del segmento. Otros rubros, como aceites, verduras y bebidas, presentaron variaciones menores, y algunos subgrupos se mantuvieron estables o con leves bajas. El informe de LCG destaca que el 60% de la inflación mensual promedio de las últimas cuatro semanas se explica por la suba de los lácteos, mientras que la carne ha perdido peso en el índice mensual.

La subida de precios en la tercera semana de abril no solo interrumpió la desaceleración previa, sino que también evidenció una volatilidad creciente, con rangos más amplios en las variaciones y mayor dispersión en los datos. Esto genera dudas sobre la promesa del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre la magnitud de la baja que marcará el índice general tras el 3,4% de marzo. Caputo ha insistido en que “la inflación es un fenómeno monetario” y que su convergencia hacia niveles internacionales dependerá del orden fiscal y monetario.
Sin embargo, otros economistas ofrecen perspectivas diferentes. Iván Cachanosky, jefe en la Fundación Libertad y Progreso, destaca que su relevamiento de la inflación de abril hasta la tercera semana suma 2,7%, por lo que espera que al cierre esté en 2,6%, e incluso mejor, en 2,5%. Cachanosky remarca una fuerte desaceleración en el incremento de alimentos y bebidas, sobre todo en la carne, y detecta bajas de precios en indumentaria y rubros como restaurantes, comunicaciones, recreación y cultura.
En EconViews, el monitoreo semanal arrojó una suba del 0,2% en la segunda semana de abril para una canasta de alimentos y bebidas en supermercados, con incrementos en verdulería (+0,8%) y una baja en carne (-0,7%). El acumulado de cuatro semanas descendió a 1,6%, lo que refuerza la percepción de una desaceleración. EcoGo, por su parte, arrojó una variación semanal de alimentos levemente superior, del 0,3% en la segunda semana de abril.
Cachanosky proyecta que la desaceleración podría continuar en mayo, acercándose al 2% mensual, a medida que se diluyen los efectos de la devaluación y el pass-through electoral, y comienza a sentirse el apretón monetario del Banco Central. También plantea que la llegada de los meses de liquidación de cosecha puede contribuir a que el dólar se mantenga estable, lo que aportaría a la moderación de la inflación en los próximos meses. Para 2026, estima que la inflación anual podría ubicarse cerca del 25%, en un escenario marcado por factores monetarios y la estabilidad cambiaria.
En definitiva, el panorama inflacionario en Argentina sigue siendo incierto. La reciente aceleración de los precios de los alimentos y bebidas plantea un desafío para el gobierno y genera preocupación en los consumidores. La evolución de la inflación en las próximas semanas será clave para determinar si la desaceleración observada en las primeras semanas de abril fue solo un espejismo o si se trata de una tendencia sostenida.