La jornada financiera del [Fecha actual] fue marcada por una fuerte corrección en los mercados argentinos, arrastrados por el pesimismo global derivado de la escalada de tensiones en Medio Oriente y la reevaluación de las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos. Las acciones argentinas sufrieron un "sell off" generalizado, con pérdidas que alcanzaron hasta el 5% en algunos casos, mientras que el riesgo país volvió a ascender, reflejando la creciente aversión al riesgo de los inversores.
La sesión en Wall Street, con pérdidas entre el 1% y el 2%, sirvió como detonante para la caída en Buenos Aires. La continuidad de los ataques en Medio Oriente y la posibilidad de una intervención militar estadounidense en la región generaron incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros internacionales. Los inversores, preocupados por el impacto del conflicto en el suministro de hidrocarburos y otros commodities, buscaron refugio en activos más seguros, como el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro de EE.UU.
El precio del petróleo se mantuvo en niveles elevados, con el barril de Texas superando los 97 dólares y el Brent alcanzando máximos desde 2022. Esta subida en los precios de la energía alimenta las presiones inflacionarias a nivel global, lo que a su vez reduce las expectativas de recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos. De hecho, los analistas ahora prevén que la Fed mantendrá las tasas de interés en niveles altos durante más tiempo, lo que impacta negativamente en los mercados emergentes, como Argentina.
El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires no pudo escapar a esta tendencia y resignó un 1,6%, cerrando en 2.725.326 puntos. Los bonos soberanos en dólares, tanto los Bonares como los Globales, cedieron un 1,1% en promedio, mientras que el riesgo país de JP Morgan ascendió 24 unidades, alcanzando los 633 puntos básicos. Entre los ADRs, IRSA (-5,6%) y Bioceres (-4,6%) fueron los que más perdieron valor, aunque YPF logró avanzar un 0,8%, impulsado por el alza en los precios del crudo.

Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS, explicó que “el mercado internacional no quita su mirada de Medio Oriente, con cualquier novedad que impacte sobre el suministro esperado de hidrocarburos y otros commodities reflejándose rápidamente sobre los precios. En este contexto, el mercado internacional ya no descuenta recortes de tasas por parte de la Fed este año, por las presiones sobre precios domésticos en EEUU derivadas del conflicto. Esto implicaría, de persistir, tasas más altas en la curva de EEUU, con el agregado de que las dudas respecto al programa fiscal de Trump ya limitaban bajas en tasas del tramo más largo”.
Laura Torres, Directora de Inversiones de IMB Capital Quants, añadió que “la jornada estuvo dominada por una intensificación del riesgo geopolítico, donde el conflicto en Medio Oriente escaló un nuevo nivel y terminó contaminando de forma directa a todos los activos globales. Las noticias sobre una posible preparación de tropas terrestres por parte de Estados Unidos, el envío de marines adicionales a la región, los ataques a infraestructura energética y la negativa de Irán a discutir el Estrecho de Ormuz mientras continúan las hostilidades reforzaron la narrativa de un conflicto más prolongado y estructural”.
A pesar del contexto internacional adverso, el dólar mayorista volvió a bajar cuatro pesos o 0,3%, cerrando a $1.390,50, el mínimo en el último mes. Esta depreciación del dólar se atribuye a la fuerte compra de reservas por parte del Banco Central, que adquirió 172 millones de dólares en el mercado, elevando las reservas internacionales a 43.808 millones de dólares. El dólar blue también cedió terreno, perdiendo diez pesos o 0,7%, para negociarse a $1.420.
Sin embargo, los analistas advierten que la apreciación del peso es artificial y que no refleja la verdadera situación económica del país. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el dólar blue sigue siendo significativa, lo que indica que existe una fuerte demanda de dólares en el mercado informal. Además, la incertidumbre política y la falta de confianza en el gobierno dificultan la atracción de inversiones extranjeras.
En conclusión, la jornada financiera del [Fecha actual] fue un reflejo de la creciente incertidumbre global y la vulnerabilidad de la economía argentina a los shocks externos. La escalada de tensiones en Medio Oriente y la reevaluación de las expectativas sobre la política monetaria de la Fed generan un panorama desafiante para los mercados emergentes, y Argentina no es una excepción. El Banco Central está haciendo esfuerzos para estabilizar el tipo de cambio, pero la situación sigue siendo frágil y requiere de medidas más profundas para abordar los problemas estructurales de la economía.