La reciente caída del precio del oro ha generado una preocupación creciente en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), ya que impacta directamente en el nivel de sus reservas internacionales. A pesar de una estrategia agresiva de compras, con la adquisición de 58 millones de dólares adicionales en la jornada de ayer, las reservas brutas del BCRA experimentaron una disminución de 226 millones de dólares. Este revés se atribuye principalmente al desplome del precio del oro, que sufrió una caída del 3,8%, alcanzando su valor más bajo del año y cerrando en USD 4.823 la onza, lejos de los USD 5.500 registrados a principios de año.
La depreciación del oro no es un fenómeno aislado, sino que está intrínsecamente ligado a la creciente inestabilidad geopolítica, particularmente la escalada de tensiones en Medio Oriente con la guerra en Irán. El aumento del precio del petróleo, como consecuencia de estos conflictos, genera presiones inflacionarias en Estados Unidos, lo que a su vez lleva a los mercados a anticipar un retraso en la posible reducción de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed). En este contexto de incertidumbre, los inversores tienden a refugiarse en activos más seguros, como los bonos del Tesoro estadounidense, que ofrecen tasas de interés más atractivas, en detrimento del oro, que ya había experimentado un fuerte repunte el año pasado.
El oro representaba a fines de 2025 el equivalente a USD 9.000 millones en las arcas del Central, lo que equivale a un incremento de más del 60% en apenas un año y representaba el 20% del total de las reservas brutas. Esta significativa ponderación explica por qué una caída en la cotización del oro tiene un impacto tan pronunciado en el nivel de las reservas. La debilidad del metal precioso, combinada con la necesidad de utilizar recursos propios para hacer frente a los vencimientos de deuda, obstaculiza la posibilidad de una mayor acumulación de reservas.
El BCRA ha adquirido más de USD 3.300 millones en oro a lo largo del año, manteniendo una racha de 51 días consecutivos de compras. Se espera que el ritmo de adquisición incluso se acelere en el segundo trimestre, con la liquidación de los dólares provenientes de la cosecha gruesa. A pesar de estos esfuerzos, las reservas, que iniciaron el año en USD 42.000 millones, solo han aumentado a USD 44.495 millones, un incremento de aproximadamente USD 2.500 millones. Este aumento podría haber sido significativamente mayor de no haber sido por la caída del precio del oro y los pagos de deuda.

Ante este panorama, el gobierno argentino ha priorizado la recuperación del acceso a los mercados internacionales de capitales. El objetivo es obtener financiamiento fresco para cubrir los vencimientos de deuda que se avecinan. Sin embargo, el escenario internacional actual se presenta como un obstáculo considerable. La guerra en Irán y el consiguiente aumento del precio del petróleo han afectado negativamente a Wall Street, y este impacto se ha trasladado a los activos argentinos.
Como consecuencia, los bonos en dólares han experimentado una nueva caída, y el riesgo país ha ascendido a 610 puntos, acercándose a su nivel más alto del año. Este indicador se aleja cada vez más de la zona de 500 puntos que había rozado a principios de año. No obstante, el banco internacional UBS considera que Argentina debería tener un riesgo país en la zona de 400 puntos básicos, dada la existencia de un superávit fiscal y las perspectivas positivas para la economía.
La dificultad para reducir el riesgo país complica aún más la posibilidad de obtener financiamiento en los mercados internacionales. Por ello, el Tesoro ha implementado una nueva estrategia que consiste en financiarse con bonos de corto plazo (Bonar 2027) exclusivamente a través de colocaciones locales. En las dos últimas licitaciones, ya ha emitido esta nueva deuda por un total de USD 500 millones, con la intención de alcanzar los USD 2.000 millones para mediados de año. Esto proporcionaría al gobierno el financiamiento necesario para afrontar el vencimiento de julio sin mayores contratiempos.
La reducción adicional del riesgo país dependerá en gran medida de una mayor estabilidad en los mercados internacionales y de la disipación de las tensiones derivadas de la escalada bélica en el Golfo Pérsico y el aumento del precio del petróleo por encima de los USD 100. La situación actual exige una gestión prudente de las reservas y una búsqueda activa de alternativas de financiamiento para garantizar la estabilidad económica del país. La volatilidad del mercado global y la incertidumbre geopolítica plantean desafíos significativos para la política económica argentina, requiriendo una respuesta ágil y coordinada para mitigar los riesgos y aprovechar las oportunidades que puedan surgir.