La economía argentina enfrenta un nuevo desafío: una creciente ola de morosidad en los créditos al consumo que está golpeando duramente la rentabilidad de los bancos privados. Un reciente informe de la consultora CML&A, liderada por el ex director del BCRA, Pablo Curat, revela un panorama preocupante: la rentabilidad sobre el capital (ROE) de los bancos argentinos se desplomó del 11% en el segundo semestre de 2024 a un alarmante 4% en el mismo período de 2025. Esta caída no es uniforme; los bancos privados, en particular aquellos que se han enfocado en el segmento de créditos al consumo, son los que más sufren las consecuencias.
La morosidad, definida como el porcentaje de la cartera crediticia en situación de atraso (entre 30 y 90 días, o considerada irrecuperable), se ha convertido en el principal enemigo de la rentabilidad bancaria. Mientras que el promedio del sistema financiero se sitúa en un 8,2% de irregularidad, los bancos privados minoristas alcanzan un preocupante 16,8%. Esta disparidad se explica por la diferente estructura de fondeo de los bancos públicos y privados.
Los bancos públicos, respaldados por el fondeo de las cuentas sueldo y los depósitos estatales, tienen una mayor capacidad para absorber los impactos de la morosidad y cobrar sus préstamos de manera más efectiva. En contraste, los bancos privados dependen más del mercado abierto para obtener financiamiento, lo que los hace más vulnerables a las fluctuaciones económicas y a la capacidad de pago de los deudores.
El informe de CML&A analizó a 73 entidades financieras, revelando que el 40% de ellas presentó un ROE real negativo, principalmente bancos privados mayoristas y minoristas. Dentro de estos últimos, las entidades financieras digitales, muchas de ellas relativamente nuevas en el mercado, siguen operando con pérdidas. En el otro extremo, las compañías financieras, especialmente aquellas vinculadas a las automotrices, muestran una mayor rentabilidad, gracias a que sus préstamos suelen estar respaldados por garantías reales (como el vehículo financiado).
El ranking de rentabilidad revela contrastes significativos. Naranja, PSA, Rombo y Fiat lideran el camino con ROE anualizados del 68%, 57%, 50% y 46% respectivamente, mientras que Ualá Bank, Columbia, CFA, Másventas, VOII y Sucrédito se encuentran en la parte inferior de la lista, con resultados significativamente más bajos.

Pablo Curat explica que la situación actual es el resultado de una serie de factores, incluyendo la incertidumbre económica, la alta inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores. “Los bancos privados que se enfocaron en los préstamos al consumo fueron los más golpeados”, afirma Curat. “Los bancos públicos tienen a su favor el fondeo de las cuentas-sueldo y, con eso, mejores posibilidades de cobrar mejor sus préstamos. En el segmento de los bancos privados, la situación es muy diferente”.
La crisis bancaria también se refleja en una serie de operaciones de reestructuración y fusiones que se están registrando en el sistema financiero. La capitalización de Ualá, la venta del Banco Sáenz al Macro, la adquisición de Cetelem por parte del banco digital europeo Revolut y la venta de las sucursales de Efectivo Sí (CFA) al Banco Columbia son ejemplos de esta tendencia. Estas entidades, que suelen otorgar préstamos a mercado abierto con requisitos mínimos, se enfrentan a mayores riesgos de morosidad.
El margen financiero neto promedio del sistema bancario se situó en el 10,4% anual sobre activos, pero con una amplia dispersión entre los diferentes grupos. Los bancos públicos medianos presentaron el mayor ratio, mientras que los bancos privados universales experimentaron el menor, debido al fuerte incremento de la incobrabilidad.
El primer trimestre de 2026 no ofrece señales de alivio. La colocación de crédito ha disminuido en términos reales y las refinanciaciones son escasas. Algunos bancos están intentando reducir la morosidad en las tarjetas de crédito ofreciendo préstamos personales, mientras que otros están recurriendo a billeteras virtuales con tasas de interés más altas. Sin embargo, estas medidas son paliativas y no abordan la raíz del problema.
La morosidad en los créditos al consumo es un síntoma de una economía en dificultades. Para revertir esta tendencia, es necesario implementar políticas económicas que promuevan el crecimiento, la estabilidad y la inclusión financiera. De lo contrario, la rentabilidad de los bancos privados seguirá en declive y la crisis financiera podría agravarse.