La economía argentina se encuentra en una encrucijada. A pesar de los esfuerzos del gobierno por estabilizar la situación, el consumo interno, motor fundamental del crecimiento, muestra signos alarmantes de debilidad. Las estimaciones privadas ya señalan una caída en el consumo a comienzos de 2026, una noticia que resuena con fuerza en un año crucial marcado por las elecciones presidenciales. La capacidad del gobierno para revertir esta tendencia se ve comprometida por una serie de factores interconectados que limitan el poder de compra de los argentinos.
El primer y quizás más preocupante de estos factores es la pérdida sostenida de empleos formales. Desde el cambio de administración, la economía argentina ha perdido más de 201.000 puestos de trabajo asalariados registrados, una cifra que refleja la dificultad de las empresas para adaptarse al nuevo escenario económico. La industria manufacturera, tradicionalmente un pilar del empleo en el país, ha sido particularmente golpeada, con una reducción de 65.000 puestos desde el inicio de la administración actual. Esta destrucción de empleo formal no solo impacta directamente en el ingreso de los trabajadores, sino que también genera incertidumbre y desconfianza en el mercado laboral.
Paralelamente, la informalidad laboral ha experimentado un aumento significativo. Entre el tercer trimestre de 2024 y el mismo período de 2025, la cantidad de monotributistas y autónomos creció en 170.000 personas, mientras que la informalidad sumó 280.000 puestos adicionales. Si bien esta migración hacia el trabajo independiente puede parecer una solución para algunos, en realidad implica una degradación en la calidad del empleo, ya que los trabajadores informales carecen de las protecciones sociales y laborales que ofrece el empleo formal.

El segundo factor que limita el poder de compra de los argentinos es la persistente inflación. A pesar de los esfuerzos del gobierno por contener los precios, la inflación mensual se ubicó en 2,9% en enero de 2026, superando el 2% por quinto mes consecutivo. Esta inflación erosiona el poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, dejando a los hogares con menos recursos para cubrir sus necesidades básicas. Las últimas negociaciones paritarias reflejaron aumentos promedio de 2% mensual, pero estos aumentos son insuficientes para compensar la pérdida de poder adquisitivo, que ya acumula un 4,6% desde septiembre del año anterior. En el caso de las jubilaciones, la situación es aún más preocupante, ya que quienes perciben la jubilación mínima han perdido 1,7 puntos de poder adquisitivo en el primer trimestre de 2026, y se proyecta una baja de hasta 5 puntos para el cierre del año.
El tercer factor que contribuye a la caída del consumo es la creciente morosidad en el crédito bancario. La morosidad en el crédito a familias alcanzó el 9,3% en diciembre de 2025, el nivel más alto desde 2008. Este aumento de la morosidad refleja la dificultad de los hogares para hacer frente a sus deudas, debido a la pérdida de ingresos y al aumento de la inflación. Como resultado, los bancos se han vuelto más cautelosos a la hora de otorgar créditos, lo que restringe el acceso al financiamiento y dificulta la compra de bienes durables.
El gobierno ha apostado por la Ley de Inocencia Fiscal para atraer dólares y reactivar la economía, esperando que los argentinos saquen del colchón los fondos que tienen en el exterior. Sin embargo, el éxito de esta medida es incierto, y dependerá de la confianza que los inversores tengan en la estabilidad económica del país. Además, la repatriación de capitales no es una solución a largo plazo, ya que no aborda los problemas estructurales que limitan el crecimiento económico.
En resumen, la caída del consumo en Argentina es un síntoma de una economía en crisis. La pérdida de empleos formales, la inflación persistente y la morosidad crediticia son factores que se retroalimentan y dificultan la recuperación económica. El gobierno enfrenta un desafío enorme para revertir esta tendencia, y deberá implementar políticas que promuevan la creación de empleo formal, controlen la inflación y faciliten el acceso al crédito. De lo contrario, la economía argentina podría enfrentar un futuro aún más incierto.