La Argentina se enfrenta a una realidad económica cada vez más desafiante, donde la inflación descontrolada está erosionando el poder adquisitivo de la población y haciendo que la independencia económica sea un lujo inalcanzable para muchos. La politóloga Mara Pegoraro, profesora titular de la UBA y coordinadora del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina (CENTRORA), advierte que “vivir solo en la Argentina es un sueño cada vez más lejano”, especialmente para los jóvenes. Sus declaraciones, realizadas durante el debate en vivo de Infobae al Regreso, se basan en un informe exhaustivo que desagrega los datos de inflación y revela cómo los aumentos más severos están impactando en la vida cotidiana de los argentinos.
El informe de CENTRORA destaca que, si bien la inflación acumulada entre diciembre de 2023 y febrero de 2026 se estima en un 209%, este promedio oculta disparidades significativas entre los diferentes rubros. Los alquileres, por ejemplo, han experimentado un aumento astronómico del 423% en dos años, una cifra que Pegoraro califica como una “barrabasada”. Los servicios básicos, como el gas, también han sufrido incrementos drásticos, alcanzando un 766%. En contraste, los alimentos, aunque también han aumentado de precio, lo han hecho en menor medida, aunque con variaciones importantes: desde el azúcar, que prácticamente no ha cambiado, hasta el polvo para flan, que se ha disparado más de un 400%. Este último dato, aparentemente trivial, ilustra la distorsión de los precios y cómo afecta la canasta básica de los hogares.
Pero el impacto de la inflación no se limita a los precios de los bienes y servicios. El informe de la UBA también revela una transformación en la estructura laboral del país. “El fenómeno más creciente en Argentina es tener trabajo y ser pobre”, afirma Pegoraro. Cada vez más personas, incluso aquellas con empleo formal, se ven obligadas a complementar sus ingresos con trabajos informales, como aplicaciones de delivery o “changas”, para poder cubrir sus necesidades básicas. Esta situación refleja la caída del salario real y el aumento de los gastos fijos, que están dejando a muchos argentinos en una situación de vulnerabilidad económica.

La crisis habitacional es uno de los principales factores que contribuyen a esta situación. El aumento desmedido de los alquileres, sumado a las elevadas expensas en edificios nuevos, hace que sea cada vez más difícil para los jóvenes independizarse y formar su propio hogar. “Vivir con tus viegos hasta los treinta y cinco o cuarenta años te destroza la moral”, grafica Pegoraro, señalando el impacto psicológico de esta situación. La derogación de la Ley de Alquileres, que se esperaba que regularizara el mercado, no ha tenido el efecto deseado. “El mercado no autorreguló el precio, está clarísimo que no sucedió eso”, asegura la politóloga.
El Gobierno argentino, por su parte, mantiene una política económica basada en la coherencia discursiva y el cumplimiento de su contrato electoral, a pesar de las consecuencias sociales de sus medidas. Pegoraro señala que, si bien esta estrategia le permite mantener cierto orden y el respaldo de su núcleo duro de votantes, también genera frustración y descontento en amplios sectores de la población. La especialista advierte que todavía falta un año para las elecciones y que las reglas del juego no están definidas, lo que añade incertidumbre al panorama político y económico.
Además de la vivienda, la inflación también está afectando otros sectores clave, como el transporte y la educación. El aumento de las tarifas del transporte público ha hecho que muchas personas del Gran Buenos Aires no puedan pagar el subte y se vean obligadas a utilizar medios de transporte más lentos y costosos. En educación, la suba de las colegiaturas ha llevado a muchas familias a cambiar de escuela, recortar actividades extracurriculares y convivir más tiempo bajo el mismo techo. La explosión de escuelas privadas de bajo presupuesto, como señala Martín Tetaz, es una consecuencia directa de la caída de la calidad de la escuela pública y de la necesidad de que más mujeres trabajen fuera del hogar.
En definitiva, la situación económica en Argentina es crítica y requiere de medidas urgentes y efectivas para revertir la tendencia y mejorar la calidad de vida de la población. La pérdida de poder adquisitivo, la crisis habitacional y la creciente informalidad laboral son desafíos que deben abordarse de manera integral y con una visión de largo plazo. De lo contrario, el sueño de vivir solo y construir un futuro digno seguirá siendo un espejismo para muchos argentinos.