La sombra de la expropiación de Aerolíneas Argentinas en 2008 sigue persiguiendo a Argentina. Ahora, el fondo estadounidense Titan Consortium ha intensificado su presión para embargar activos soberanos del país en Estados Unidos, en un intento por cobrar un laudo del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) que asciende a la considerable suma de 390,9 millones de dólares. Esta escalada legal no solo representa una amenaza financiera para Argentina, sino que también reabre viejas heridas y pone en tela de juicio la política de expropiaciones implementada durante el gobierno de Cristina Kirchner.
El conflicto se originó cuando el gobierno argentino decidió estatizar Aerolíneas Argentinas, en ese momento en manos del grupo español Marsans. La medida, justificada por la necesidad de rescatar la aerolínea y garantizar la conectividad nacional, desencadenó una serie de disputas legales internacionales. Marsans recurrió al Ciadi, el tribunal arbitral del Banco Mundial, alegando que la expropiación violaba los acuerdos de protección de inversiones. En 2017, el Ciadi falló a favor de Marsans, estableciendo que Argentina debía compensar al grupo español con 320 millones de dólares más intereses.
Posteriormente, los derechos del litigio fueron transferidos a Burford Capital, un fondo británico conocido por su agresiva estrategia en la persecución de deudas soberanas. Dos años después, Burford vendió esos derechos a Titan Consortium, la firma que ahora está llevando adelante la ejecución del laudo arbitral ante la justicia del Distrito de Columbia, en Washington D.C. La estrategia de Titan es particularmente preocupante para Argentina, ya que busca establecer prioridad sobre los colaterales de los Bonos Brady depositados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Estos bonos, emitidos en la década de 1990 como parte de un canje de deuda, representan una garantía importante para los acreedores del país.

Según Sebastián Maril, analista de Latam Advisors, la intención de Titan de priorizarse sobre los Bonos Brady es un movimiento audaz que podría complicar aún más la situación financiera de Argentina. “Titan buscaría establecer prioridad sobre el colateral de los Bonos Brady depositados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, aun después del reciente acuerdo de Argentina con Attestor y Bainbridge”, explicó Maril. Este acuerdo con Attestor y Bainbridge, que también poseen laudos pendientes, había sido visto como un paso positivo para resolver las disputas legales de Argentina, pero la estrategia de Titan amenaza con desestabilizar esos avances.
La situación se agrava por el hecho de que Argentina no ha abonado ningún monto correspondiente al laudo de Titan durante los últimos dieciséis meses, lo que ha llevado al consorcio a intensificar sus esfuerzos de cobro a través de mecanismos judiciales internacionales. Mientras tanto, Aerolíneas Argentinas, paradójicamente, ha logrado revertir su situación financiera y ha finalizado el año 2025 con un resultado operativo positivo de 112,7 millones de dólares, casi el doble que en 2024. La compañía estatal ha logrado aumentar su facturación a más de 2.200 millones de dólares y ha reducido su deuda bancaria en un 41%. Sin embargo, estos resultados positivos no son suficientes para compensar la pesada carga de la deuda histórica y las disputas legales.
El gobierno argentino evalúa ahora la posibilidad de incluir a Aerolíneas Argentinas en la nómina de empresas sujetas a privatización en la Ley Bases 2, luego de que no fuera incluida en el primer proyecto por falta de consenso parlamentario. La idea es aprovechar el buen momento de la aerolínea para atraer inversores y aliviar la presión sobre las finanzas públicas. Sin embargo, la privatización de Aerolíneas Argentinas es un tema sensible en la política argentina, y es probable que genere fuertes debates y oposición.
En resumen, la expropiación de Aerolíneas Argentinas sigue siendo un caso complejo y costoso para Argentina. La presión de Titan Consortium para embargar activos en Estados Unidos representa una amenaza real para la estabilidad financiera del país, y la resolución de este conflicto requerirá una estrategia legal y diplomática hábil. La situación pone de manifiesto la importancia de proteger los derechos de los inversores extranjeros y de evitar políticas que puedan generar disputas legales costosas y prolongadas.