La semana financiera que concluyó el 3 de mayo presentó un panorama contrastante para la economía argentina. Mientras que los mercados bursátiles de Estados Unidos se recuperaron con fuerza del impacto inicial de las tensiones en Oriente Medio, impulsados por los sólidos resultados de las empresas tecnológicas, los activos argentinos se mantuvieron relativamente aislados de esta tendencia positiva. Esta divergencia plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía local para capitalizar las oportunidades que ofrece el contexto internacional.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) fue el protagonista indiscutible de abril, logrando una acumulación de reservas netas por USD 2.695 millones, superando ampliamente las expectativas del mercado. Este logro se atribuye principalmente a las liquidaciones de divisas provenientes del sector agroexportador, incentivado por un tipo de cambio favorable y la necesidad de cubrirse ante la incertidumbre económica. La acumulación de reservas permitió al BCRA revertir la tendencia negativa observada en los meses anteriores y alcanzar un saldo positivo de USD 672 millones, fortaleciendo su capacidad para intervenir en el mercado cambiario y estabilizar el tipo de cambio.
En línea con la mejora en las reservas, el riesgo país, medido por el índice JP Morgan, experimentó una leve disminución de 19 unidades, situándose en 539 puntos básicos, el nivel más bajo desde abril de 2022. Esta reducción refleja una mayor confianza de los inversores en la capacidad de Argentina para cumplir con sus obligaciones financieras, aunque sigue siendo un indicador elevado en comparación con otros países emergentes.
Sin embargo, este panorama positivo no se tradujo en una mejora significativa en el mercado bursátil local. El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires perdió un 0,3% en pesos, mientras que medido en dólares, según la paridad del “contado con liquidación”, el panel de acciones líderes mejoró apenas un 0,3 por ciento. La caída fue más pronunciada en las acciones argentinas que cotizan en Wall Street (ADRs), que sufrieron un fuerte recorte de precios el viernes 1 de mayo, debido a la volatilidad del mercado internacional y la aversión al riesgo emergente.

El sector bancario fue particularmente afectado, con caídas de hasta el 12,1% en las acciones de Supervielle. Bioceres, una empresa del sector agrobiotecnológico, también registró una fuerte baja, acumulando una pérdida del 65% en lo que va del año. En contraste, algunas empresas del sector energético, como Tenaris y Vista Energy, lograron mantener sus cotizaciones.
El mercado de cambios también mostró señales de estabilidad. El Banco Central continuó con su política de compras de dólares en el mercado, adquiriendo USD 390 millones en cuatro ruedas operativas. El dólar mayorista restó 8,50 pesos o 0,6%, a 1.391 pesos, mientras que el dólar al público se mantuvo estable en 1.410 pesos. El dólar blue cedió 20 pesos o 1,4%, a 1400 pesos.
Las consultoras financieras coinciden en que la acumulación de reservas y la estabilidad cambiaria refuerzan la credibilidad del esquema económico implementado por el gobierno, pero advierten que la demanda privada de divisas, los egresos financieros y los pagos de utilidades al exterior limitan la acumulación genuina de reservas. Además, señalan que la actividad económica sigue mostrando señales débiles, y que la confianza de los inversores es aún frágil.
En este contexto, el gobierno se está preparando para los pagos de deuda en dólares previstos para julio, por un monto aproximado de USD 4.300 millones. Para ello, ha ampliado el monto máximo de adjudicación de los Bonar AO27 y AO28 hasta USD 350 millones en cada caso.
Las perspectivas para los próximos meses son inciertas. Si bien los economistas coinciden en que la inflación comenzará a desacelerarse y que la actividad económica se recuperará gradualmente, existe el riesgo de que el mercado se ponga nervioso antes de que los hogares empiecen a notar una mejora real en sus ingresos. La clave para el éxito del programa económico será mantener la estabilidad cambiaria, controlar la inflación y generar confianza en los inversores.