El universo es vasto, y la pregunta de si estamos solos ha fascinado a la humanidad durante siglos. La búsqueda de vida extraterrestre es uno de los mayores desafíos científicos de nuestro tiempo, y cada nuevo descubrimiento nos acerca un poco más a una posible respuesta. Un reciente estudio, publicado en el International Journal of Astrobiology, ha arrojado luz sobre una pista inesperada: una bacteria extremófila que prospera en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra, el desierto de Atacama en Chile. Esta bacteria, llamada Roseovarius sp., podría ser la clave para detectar vida en otros planetas.
El desierto de Atacama no es un desierto cualquiera. Es el lugar más árido del mundo no polar, un paisaje lunar de salares, rocas y arena, donde la vida apenas puede sobrevivir. Sin embargo, en el Salar de Llamara, un ambiente hipersalino y extremadamente seco, prospera Roseovarius sp., una bacteria capaz de resistir condiciones que matarían a la mayoría de los organismos terrestres. Esta resistencia la convierte en un extremófilo, un microorganismo que puede vivir en ambientes extremos.
Lo que hace que Roseovarius sp. sea tan interesante para los astrobiólogos es su metabolismo. Esta bacteria utiliza procesos químicos muy antiguos, basados en el carbono, que podrían haber estado presentes en los primeros ecosistemas de la Tierra, hace miles de millones de años. Además, es capaz de realizar fotosíntesis anoxigénica, es decir, fotosíntesis sin producir oxígeno, una característica común en los entornos microbianos antiguos. Al estudiar el metabolismo de Roseovarius sp., los investigadores del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) se preguntaron si los gases que produce podrían ser detectados a escala planetaria, actuando como biofirmas, es decir, indicadores de la presencia de vida.

Para responder a esta pregunta, el equipo liderado por Valeska Molina, investigadora del CATA y doctoranda de la Universidad de Atacama, analizó los gases producidos por la bacteria utilizando espectroscopía Raman e infrarroja. Luego, compararon estas señales con modelos de atmósferas planetarias análogas a la Tierra primitiva. Los resultados fueron sorprendentes: los gases producidos por Roseovarius sp., especialmente el monóxido de carbono (CO) y el dióxido de carbono (CO₂), podrían ser detectados en observaciones de exoplanetas utilizando telescopios como el James Webb o futuros instrumentos de la próxima generación de telescopios extremadamente grandes.
Este hallazgo es significativo porque sugiere que los procesos biológicos microscópicos, como el metabolismo de bacterias extremófilas, pueden causar señales químicas detectables a enormes distancias. Esto amplía nuestra comprensión de qué tipos de vida pueden existir y en qué condiciones, y nos permite refinar nuestras ideas sobre qué señales químicas podrían indicar vida en otros planetas. Los investigadores también señalan que los exoplanetas potencialmente habitables podrían no ser similares a la Tierra moderna, por lo que las biofirmas de sus atmósferas podrían ser distintas a las que observamos en nuestro planeta.
El desierto de Atacama, con sus condiciones extremas, sirve como un laboratorio natural para estudiar la interacción entre la biología, la mineralogía y la química atmosférica. Cristina Dorador, investigadora del CATA y del Departamento de Biotecnología de la Universidad de Antofagasta, enfatiza la importancia de proteger estos ecosistemas únicos como patrimonio natural. “Estos ambientes están cada vez más amenazados, por lo que es fundamental avanzar hacia la protección de ambientes análogos a la Tierra primitiva que aún existen”, afirma.
El equipo de investigación planea continuar estudiando otros microorganismos extremófilos para ampliar el enfoque y abarcar más diversidad de gases metabólicos que podrían actuar como biofirmas. También quieren perfeccionar los modelos atmosféricos para considerar distintos tipos de planetas y estrellas. El objetivo final, como señala Valeska Molina, es “seguir acercándonos a una pregunta que mueve a toda la astrobiología: ¿cómo reconocer señales de vida cuando observamos otros mundos?”. La búsqueda de vida extraterrestre es un viaje largo y complejo, pero con cada nuevo descubrimiento, como el de Roseovarius sp., nos acercamos un paso más a la respuesta.