La economía argentina se encuentra en una encrucijada, con el Banco Central (BCRA) lidiando con un complejo dilema: controlar la inflación galopante sin, al mismo tiempo, desencadenar una crisis en el sistema financiero por el aumento de la morosidad crediticia. La situación actual es el resultado de una serie de decisiones de política monetaria y factores externos que convergen para crear un escenario de alta incertidumbre.
Hace apenas unos meses, la estrategia central del gobierno era la contracción de la base monetaria, una medida destinada a frenar la inflación. Según un informe de Quantum, esta política resultó en una reducción de casi 800.000 millones de pesos en la base monetaria. Sin embargo, los últimos datos revelan un cambio de rumbo. Entre diciembre de 2025 y marzo, la base monetaria aumentó en más de 550.000 millones de pesos. Este giro inesperado se explica, en gran medida, por el creciente temor a una recesión y el aumento de la morosidad crediticia.
La morosidad, tanto en el sector familiar como en el empresarial, está obligando a los bancos a ser más cautelosos a la hora de otorgar créditos. Ante este panorama, los bancos prefieren prestarle al sector público, que se percibe como un prestatario más seguro, aunque esto implique menores tasas de interés. Esta preferencia ha permitido al Tesoro renovar su deuda en pesos a tasas de renovación del 100-120% por encima de los vencimientos, una cifra que demuestra la alta demanda de títulos públicos por parte del sector financiero.
Econviews, otra consultora económica, señala que el gobierno ha estado manteniendo la liquidez en niveles elevados durante las últimas dos semanas, con el stock de pasivos remunerados superando los 3 billones de pesos, el máximo desde principios de diciembre. Esta situación ha llevado las tasas de corto plazo cerca del 20% y ha comprimido la curva de Lecaps, aunque el impacto en el resto de las tasas de mercado ha sido menor. El gobierno espera que, en la medida en que el tipo de cambio se mantenga estable, pueda seguir manteniendo tasas de interés bajas.

Sin embargo, este objetivo se ve amenazado por un contexto internacional de mayor aversión al riesgo, exacerbado por la guerra en Medio Oriente. La incertidumbre geopolítica global podría generar una fuga de capitales y presionar al alza el tipo de cambio, lo que obligaría al BCRA a endurecer su política monetaria y aumentar las tasas de interés.
La dinámica de la base monetaria refleja esta tensión entre la necesidad de controlar la inflación y el deseo de evitar una crisis crediticia. La base monetaria aumentó un 1,3% nominal entre diciembre de 2025 y marzo, a pesar de una inflación acumulada del 9% en el mismo período. Este aumento se debió a una serie de factores, incluyendo la compra de divisas por parte del BCRA, la cancelación de operaciones pasivas y la compra de divisas por parte del Tesoro.
La compra de divisas por parte del BCRA, por un equivalente a 4,6 billones de pesos (3.250 millones de dólares), fue el principal factor de expansión de la base monetaria. Sin embargo, esta expansión se vio parcialmente compensada por la cancelación de operaciones pasivas y la colocación de deuda del Tesoro por encima de los vencimientos. El excedente de la colocación de deuda fue depositado en la cuenta del Tesoro en el BCRA, alcanzando un saldo de 4,37 billones de pesos, más del 10% de la base monetaria.
En resumen, el BCRA se encuentra en una situación delicada, tratando de equilibrar la necesidad de controlar la inflación con el riesgo de desencadenar una crisis crediticia. La política monetaria actual se basa en el control de la oferta de base monetaria y la esterilización de la liquidez, con el apoyo del Tesoro Nacional, que está aumentando sus depósitos en pesos en el BCRA. La estabilidad cambiaria es crucial para que esta estrategia tenga éxito. Reducir la inflación y evitar un deterioro de la cartera crediticia es, sin duda, un desafío complejo que requerirá una gestión cuidadosa y una coordinación estrecha entre el BCRA y el gobierno.