La violencia en el fútbol argentino vuelve a sacudir los cimientos de la pasión popular. Esta vez, el foco está puesto en Racing Club, donde una salvaje agresión a Walter Alagastino, un ex miembro de la barra brava, ha destapado un entramado de amenazas, vínculos políticos y una preocupante impunidad. El incidente, ocurrido en plena platea del estadio Cilindro durante un partido contra Independiente Rivadavia, quedó registrado en un video estremecedor que ahora forma parte de la causa judicial.
Alagastino, quien en el pasado formó parte de La Guardia Imperial, la facción más histórica de la barra de Racing, fue atacado por un grupo liderado por Leandro Paredes, el actual jefe de Los Pibes de Racing. Según el relato de la víctima, la agresión no fue un acto espontáneo, sino el resultado de una escalada de tensiones y amenazas previas. “Hace cuatro años, apenas llegaron con el apoyo de la Policía y la dirigencia, me dijeron que no vaya más o me iban a matar. Yo seguí yendo siempre al mismo lugar con mi hijo, porque Racing es mi casa y ningún mafioso me iba a echar. Pero como estaban fuertes, se ve que me dejaron en paz. Ahora que se enteraron que los chicos que están afuera se están juntando para volver, vinieron a matarme”, declaró Alagastino a Infobae.
El video de la agresión muestra a Paredes y a sus secuaces golpeando brutalmente a Alagastino, mientras otros presentes observan sin intervenir. Lo más llamativo es la ausencia de personal de seguridad o policial que pudiera haber interrumpido el ataque. De hecho, según denunció la víctima, los agresores ingresaron al estadio con facilidad y salieron sin ser detenidos, como si nada hubiera ocurrido. Esta falta de control y la aparente complicidad de las autoridades son uno de los aspectos más preocupantes del caso.

Alagastino, quien sufrió graves lesiones en la columna vertebral, deberá someterse a una intervención quirúrgica en los próximos días. Su caso ha generado indignación y ha puesto en el centro del debate la necesidad de combatir la violencia en el fútbol y de garantizar la seguridad de los hinchas. Sin embargo, la respuesta de las autoridades ha sido lenta y poco contundente. A pesar de las pruebas evidentes, la fiscalía ha imputado a los agresores por lesiones leves y amenazas en grado de tentativa, una calificación que muchos consideran insuficiente dada la gravedad de los hechos.
Pero la historia va más allá de la agresión física. Alagastino ha denunciado la existencia de vínculos entre Leandro Paredes y figuras influyentes del mundo sindical y político. Según sus declaraciones, Paredes trabaja como “ejército de choque” para sindicatos como Marítimos Unidos y Panaderos, este último liderado por Gastón Frutos, tesorero de la CGT. Además, se ha revelado que Paredes tiene una estrecha relación con el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, y con la Policía local. Estos vínculos, según Alagastino, explican la impunidad con la que se mueve Paredes y su grupo.
La agresión a Alagastino también ha reabierto las viejas heridas de la barra de Racing. La Guardia Imperial, la facción a la que pertenecía Alagastino en el pasado, busca recuperar el control de la tribuna, lo que ha generado tensiones con el grupo de Paredes. La situación es explosiva y se teme que pueda desencadenar nuevos episodios de violencia. La víctima, por su parte, ha ratificado su denuncia y ha solicitado que se cambie la calificación legal a tentativa de homicidio. También ha identificado a otros participantes en la agresión, incluyendo a Ariel de San Justo, Guti (un policía exonerado) y Román de Villa Corina.
El caso de Walter Alagastino es un claro ejemplo de la violencia que se vive en el fútbol argentino y de la necesidad de tomar medidas urgentes para combatirla. La impunidad de los agresores, la complicidad de las autoridades y los vínculos entre la barra, la política y el mundo sindical son factores que contribuyen a perpetuar este círculo vicioso. Es fundamental que la Justicia actúe con firmeza y que se investiguen a fondo las denuncias de Alagastino para desmantelar las redes de poder que operan en el estadio Cilindro y en otros estadios del país. Solo así se podrá garantizar la seguridad de los hinchas y recuperar la paz en las tribunas.