El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se muestra sorprendentemente confiado de cara a las elecciones presidenciales de 2027, describiendo el proceso electoral como “un paseo por el parque”. Esta declaración, realizada en diálogo con LN+, busca proyectar una imagen de estabilidad y seguridad, apuntando a calmar los temores del mercado y a consolidar el apoyo político al gobierno de Javier Milei. Sin embargo, detrás de esta fachada de optimismo, se esconde una cautela palpable: la persistencia del cepo cambiario para empresas.
Contrario a las expectativas de muchos analistas, que preveían una relajación o incluso la eliminación del cepo tras la asunción de Milei, el equipo económico ha decidido mantener las restricciones cambiarias vigentes. Esta decisión, lejos de ser una simple formalidad, responde a una estrategia deliberada de minimizar riesgos y evitar una repetición de las turbulencias económicas que marcaron el final del gobierno de Mauricio Macri. Caputo, quien fuera ministro de Finanzas durante la crisis cambiaria de 2018-2019, parece haber aprendido la lección y prefiere “curarse en salud”, anticipándose a posibles escenarios adversos.
La experiencia de 2025, cuando se liberó el cepo para personas físicas, sirve como un claro recordatorio de los peligros de una relajación prematura. La demanda de dólares se disparó, alcanzando un récord de 30.000 millones de dólares en seis meses, lo que obligó al Tesoro estadounidense a intervenir en el mercado local para estabilizar la situación. Este episodio demostró la vulnerabilidad de la economía argentina ante flujos de capital volátiles y la necesidad de mantener un control sobre el mercado cambiario.
La decisión de mantener el cepo, sin embargo, no está exenta de críticas. Economistas de renombre como Domingo Cavallo y Carlos Melconian insisten en que llegó el momento de liberar completamente el mercado cambiario, argumentando que esto permitiría conocer el verdadero valor del dólar, atraer inversiones y reducir el riesgo país. Caputo, sin embargo, se muestra escéptico ante estas propuestas, señalando que una liberación abrupta podría desatar una nueva crisis cambiaria, especialmente en el contexto de una elección presidencial.

“Si casi nos llevan puestos el año pasado que era una elección menor, imagínate lo que puede pasar en una presidencial”, confiesa un miembro cercano a Caputo en conversaciones con empresarios e inversores internacionales. Esta frase refleja el temor latente a una repetición de lo sucedido en 2019, cuando la incertidumbre política y la fuga de capitales obligaron a Macri a reinstalar el cepo que había eliminado al inicio de su mandato.
La sombra de Macri sigue presente en la mente de Caputo y su equipo. El ex presidente comenzó su gestión liberando el cepo, pero se vio obligado a revertir la medida cuando el kirchnerismo ganó las elecciones en 2019. En el medio, recibió una ayuda récord del Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer frente a los pagos de deuda y la demanda de divisas.
En el presente, el gobierno de Milei ha logrado acumular reservas gracias a las restricciones cambiarias. En el primer trimestre del año, el Banco Central compró alrededor de 4.500 millones de dólares. Sin embargo, Caputo reconoce que la oferta de divisas podría ser aún mayor sin restricciones, lo que permitiría al gobierno realizar compras por montos superiores y acceder a los mercados voluntarios de crédito para financiar el pago de la deuda.
Para hacer frente a los vencimientos de deuda, el Tesoro ha comenzado a emitir deuda de corto plazo en el mercado local. El vencimiento más importante es el del 9 de julio, cuando deben pagarse 4.200 millones de dólares en capital e intereses. La estrategia del gobierno se basa en una combinación de cautela, control cambiario y emisión de deuda para garantizar la estabilidad económica y sentar las bases para una eventual reelección de Milei en 2027. La pregunta que queda en el aire es si esta estrategia será suficiente para evitar una nueva crisis y cumplir con las expectativas del mercado.