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¡Cerebros Congelados que Reviven! Avance Científico Asombroso

Científicos han logrado congelar y descongelar tejido cerebral de ratón, restaurando su actividad eléctrica y funciones esenciales. ¿El futuro de la criopreservación cerebral?

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¡Cerebros Congelados que Reviven! Avance Científico Asombroso

## ¿Se pueden congelar cerebros para revivirlos? Un avance científico que desafía los límites de la criopreservación

La idea de congelar un cerebro para preservarlo en el tiempo, quizás con la esperanza de revivirlo en el futuro, ha sido durante mucho tiempo un tema recurrente en la ciencia ficción. Sin embargo, un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg (FAU) y del Hospital Universitario de Erlangen sugiere que la preservación funcional del tejido cerebral mediante frío extremo podría ser más factible de lo que se creía hasta ahora. Los científicos han logrado, aunque a pequeña escala, congelar tejido cerebral de un ratón y, tras descongelarlo, en algunas muestras, las neuronas volvieron a intercambiar señales eléctricas y responder a estímulos de forma cercana a la normal.

Los resultados de este experimento, publicados en la prestigiosa revista *Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)*, representan un avance significativo en el campo de la criopreservación. El hallazgo más significativo fue la detección de potenciación a largo plazo (LTP) en las sinapsis, que es el proceso mediante el cual las conexiones entre neuronas se refuerzan con el uso y que se considera el mecanismo celular central del aprendizaje y la memoria. “Lo fundamental no fue solo que algunas células sobrevivieran, sino que el tejido conservara sus características funcionales esenciales”, explicó a IFLScience el doctor Alexander German, autor principal del estudio.

**Inspiración en la Naturaleza: El Secreto de la Salamandra Siberiana**

El equipo de investigación no llegó a este logro por casualidad. Han estado estudiando durante años los mecanismos de supervivencia de la salamandra siberiana (*Salamandrella keyserlingii*), un anfibio extraordinario capaz de sobrevivir durante décadas enterrada en el permafrost, a temperaturas de hasta 50 grados bajo cero. El secreto de esta resistencia reside en su hígado, que produce alcohol glicerínico, una especie de anticongelante biológico que evita que el frío destruya sus células. Este mecanismo natural ha inspirado a los científicos a buscar formas de aplicar un principio similar al tejido más delicado del cuerpo humano: el cerebro.

**El Desafío de la Congelación: Cristales de Hielo y Daño Celular**

El principal problema al congelar un cerebro no es el frío en sí, sino lo que ocurre cuando el agua presente en el tejido se solidifica. Al congelarse, el agua aumenta de volumen y forma cristales que pueden deformar o incluso desgarrar la delicada estructura microscópica del cerebro. Esta fragilidad se debe a que el cerebro funciona gracias a una organización microscópica extraordinariamente compleja, que no se limita a células individuales, sino a una intrincada red de conexiones y sinapsis cuya integridad es indispensable para que la actividad neuronal pueda reanudarse.

**Vitrificación: La Solución para una Congelación Segura**

¡Cerebros Congelados que Reviven! Avance Científico Asombroso

La solución explorada por el equipo alemán se conoce como vitrificación. En lugar de permitir que el agua del tejido forme hielo de manera convencional, el material se enfría de forma extremadamente rápida –mediante nitrógeno líquido a −196 °C–. Este enfriamiento súbito reduce la probabilidad de que se formen cristales y hace que gran parte del agua del tejido se solidifique en un estado amorfo, más parecido al vidrio que al hielo, lo que reduce significativamente el riesgo de que la estructura celular resulte dañada.

Si bien el método de vitrificación ya existía, el desafío radicaba en aplicarlo al tejido nervioso sin destruirlo. Los crioprotectores químicos utilizados para impedir la formación de hielo resultan, al mismo tiempo, tóxicos para las neuronas. Este había sido uno de los principales obstáculos para aplicar la técnica al tejido nervioso.

**Resultados Prometedores con Tejido de Hipocampo de Ratón**

El equipo de Erlangen trabajó con cortes finos del hipocampo de ratón –una región clave para la memoria– que fueron conservados entre diez minutos y siete días a −150 °C. Tras descongelarlos, las membranas neuronales aparecían intactas, las mitocondrias no mostraban signos de daño metabólico y las neuronas respondían a estímulos eléctricos de forma casi normal. Estos resultados sugieren que la vitrificación, combinada con una cuidadosa selección de crioprotectores, puede preservar la estructura y función del tejido cerebral de manera efectiva.

**Limitaciones y Futuras Investigaciones**

A pesar de los resultados prometedores, es importante destacar que este avance tiene limitaciones claras. En el experimento, solo algunas muestras recuperaron una actividad cercana a la normal. Además, los cerebros de ratón son considerablemente más pequeños y menos complejos que los cerebros humanos. Enfriar y recalentar órganos más grandes de manera uniforme representa un desafío completamente distinto.

El investigador Mrityunjay Kothari, de la Universidad de New Hampshire, que no participó en el estudio, declaró a Earth.com que “este tipo de avances es lo que convierte gradualmente la ciencia ficción en una posibilidad científica”. Sin embargo, advirtió que aplicaciones como el almacenamiento de órganos completos siguen estando muy por encima de las capacidades actuales.

Los propios investigadores subrayan que el resultado no implica que sea posible congelar personas para revivirlas en el futuro. Las aplicaciones más inmediatas del hallazgo están muy lejos de ese tipo de escenarios. Sin embargo, el trabajo sí apunta a posibles aplicaciones científicas y médicas en un futuro más cercano. Por ejemplo, el tejido cerebral extraído durante cirugías –como ocurre en algunos pacientes con epilepsia– podría conservarse durante largos periodos para estudiar enfermedades neurológicas o probar nuevos fármacos. A más largo plazo, la criomedicina también podría beneficiarse de este tipo de avances, mejorando la conservación de órganos destinados a trasplantes, protegiendo el sistema nervioso tras lesiones graves o incluso ganando tiempo en situaciones en las que aún no existe tratamiento disponible.

En conclusión, el estudio de la Universidad de Erlangen-Núremberg representa un paso importante hacia la comprensión de cómo preservar la funcionalidad del tejido cerebral a bajas temperaturas. Si bien la congelación de cerebros humanos para su posterior reanimación sigue siendo un objetivo lejano, este avance abre nuevas vías de investigación y ofrece esperanzas para el desarrollo de nuevas terapias y tratamientos para enfermedades neurológicas.