Chichí Peralta, sinónimo de ritmos contagiosos y letras que narran historias de amor y desamor, es un nombre que resuena en cada rincón de Latinoamérica. Pero detrás del artista reconocido, del productor musical que acompañó a Juan Luis Guerra en sus inicios y del creador de éxitos como “La Ciguapa” y “Procura”, se esconde una historia deportiva fascinante, casi desconocida para el gran público. Antes de conquistar las listas de popularidad con su música, Chichí Peralta era un prometedor basquetbolista dominicano, un tirador excepcional que destacaba en las canchas de Santo Domingo durante los años 70 y 80.
La historia de Peralta con el baloncesto comienza en el Colegio Dominicano De La Salle, una institución educativa que no solo le brindó una sólida formación académica, sino que también fue el escenario donde perfeccionó sus habilidades deportivas. Desde temprana edad, demostró un talento natural para el baloncesto, destacando por su dominio del balón, su lectura táctica y, sobre todo, su precisión en el tiro exterior. En una época en la que el juego cercano al aro predominaba en la República Dominicana, la capacidad de Peralta para anotar desde la distancia lo convertía en un jugador diferente, un adelantado a su tiempo.
Su paso por el Colegio De La Salle no pasó desapercibido. Entrenadores y dirigentes del baloncesto nacional vieron en él un verdadero prospecto, un jugador con el potencial de llegar lejos. Su habilidad para anotar desde el perímetro atrajo la atención de todos, y pronto fue incorporado al Club Deportivo Naco, uno de los clubes más importantes y prestigiosos del país. Este salto representó un avance significativo en su carrera deportiva, ya que comenzó a competir al más alto nivel dentro de las categorías juveniles.
El Club Deportivo Naco, cuna de grandes talentos como Tito Horford (ex jugador de la NBA), le proporcionó un ambiente de camaradería y exigencia física que le permitió consolidar su estilo de juego. Allí, Peralta reforzó su reputación como un jugador versátil y confiable, cualidades que le abrieron las puertas de la selección juvenil dominicana. Representar a su país en torneos regionales e internacionales fue un honor para el joven Peralta, una oportunidad para enfrentarse a rivales del Caribe y América Latina, y para ampliar su visión del deporte.

En la selección juvenil dominicana, Peralta compitió en campeonatos que le permitieron perfeccionar sus habilidades y adquirir una mayor experiencia. La exigencia de estos certámenes influyó de manera determinante en su carácter, fortaleciendo su disciplina y su mentalidad competitiva. Sin embargo, a medida que avanzaba su carrera deportiva, Peralta se enfrentaba a una difícil decisión: ¿seguir persiguiendo su sueño de convertirse en un jugador de baloncesto profesional o dedicarse por completo a su creciente pasión por la música?
Durante su adolescencia, la vida de Peralta transcurría entre el deporte y la música. Mientras entrenaba y jugaba al baloncesto, también trabajaba como Disc Jockey en la emisora HILX, la principal estación de rock y heavy metal de Santo Domingo. Esta dualidad le permitió desarrollar una disciplina diversa y una capacidad organizativa que le serían útiles en el futuro. En las tardes y noches, programaba música, exploraba diferentes géneros y descubría su verdadera vocación.
La exposición temprana a una amplia variedad de estilos musicales influyó notablemente en su creatividad y en su posterior carrera como músico. La incorporación al Grupo Fragmento supuso un punto de inflexión en su identidad artística, marcando el inicio de su camino hacia el éxito musical. Finalmente, Peralta tomó la difícil decisión de dejar el baloncesto y dedicarse por completo a la música, una elección que obedeció a una profunda inclinación artística presente desde la infancia.
Aunque cerró esta etapa deportiva, Peralta nunca olvidó lo aprendido en las canchas de baloncesto. Mantuvo el vínculo con el deporte de forma recreativa y valoró siempre la disciplina, el trabajo en equipo y el rigor técnico que había adquirido durante su juventud. Su formación como jugador dejó una huella duradera en su vida, que trasladó a su carrera musical, donde descolló como músico, productor y compositor.
Si bien no llegó a consolidarse como figura profesional del baloncesto, su trayectoria deportiva inspiró parte del nivel de excelencia y perfeccionismo que después aplicó a la música. Su historia es un testimonio de cómo la disciplina y la pasión por el deporte pueden influir en el éxito en otros ámbitos de la vida. Al igual que Ricardo Arjona, otro músico apasionado por la pelota naranja, Chichí Peralta demostró que el amor por el deporte puede ser una fuente de inspiración y motivación.