La cena anual del Centro de Implementación de Políticas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) se convirtió, una vez más, en un termómetro de las expectativas y preocupaciones de la élite política y empresarial argentina. Bajo un cielo plomizo que reflejaba la incertidumbre persistente, el Centro de Convenciones de Buenos Aires se llenó de figuras clave, desde ministros y gobernadores hasta CEOs de las principales empresas del país y representantes de la comunidad internacional. El lema de este año, “Crecer o crecer”, resonó como un desafío abierto, una invitación a debatir sobre el rumbo que debe tomar la economía argentina en un contexto global en constante transformación.
La asistencia fue notable. Los ministros Sandra Pettovello (Capital Humano), Alejandra Monteoliva (Seguridad Nacional) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado) compartieron espacio con los gobernadores Ignacio Torres (Chubut) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos). El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, junto a su segundo, Vladimir Werning, y el secretario Coordinador de de Energía y Minería, Daniel González, también estuvieron presentes. La representación del sector privado fue igualmente destacada, con figuras como Jorge Brito (Banco Macro), Alejandro y Bettina Bulgheroni (PAE y Cicyp), Fabián Kon (Galicia), Martín Rappallini (UIA), Federico Braun (La Anónima), Alberto Grimoldi (Grimoldi), Martín Cabrales (Cabrales), Mariana Schoua (AmCham), Anna Cohen (Cohen), Patricio Supervielle y Gustavo Manriquez (Supervielle), Guillermo Tempesta Leeds y Alejandro Butti (Santander), Germán Greco (Motorola), Julia Bearzi (Endeavor), Facundo Prado (Grupo Lapachos), Gabriel Renaudo (Visa), Santiago Mignone (IDEA), Alejandro Lastra (AEA) y David Uriburu (Techint). La presencia del embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, añadió un componente geopolítico a la jornada.
Sin embargo, más allá de la pompa y las presentaciones, el ambiente general fue de cautela. Las conversaciones en los pasillos, a menudo “off the record”, revelaron una mezcla de optimismo contenido y escepticismo realista. Si bien existe un reconocimiento generalizado de los avances logrados en la estabilización macroeconómica, la principal preocupación se centra en la capacidad del gobierno para traducir esa estabilidad en mejoras concretas en la calidad de vida de la población. El “costo del día a día”, como lo expresó uno de los asistentes, sigue siendo una carga pesada para muchos argentinos, y la brecha entre la macroeconomía y la realidad cotidiana es una fuente de inquietud.

La inflación, aunque ya no es el único tema de conversación, sigue siendo un factor clave. Si bien algunos funcionarios deslizaron la posibilidad de ver índices cercanos a cero en los próximos meses, la mayoría de los empresarios presentes se mostraron escépticos. La experiencia pasada ha enseñado a ser cautelosos con las predicciones optimistas, y muchos temen que la desinflación sea más lenta y difícil de lo esperado. En este contexto, la necesidad de reformas estructurales se presenta como una prioridad. Las reformas previsional, impositiva y fiscal son consideradas esenciales para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de la economía argentina y para crear un clima de inversión favorable.
El director ejecutivo de Cippec, Luciano Laspina, en su discurso, enfatizó la importancia de ir más allá de la coyuntura y avanzar en una agenda de largo plazo. Reconoció los avances del gobierno en la desregulación y el ordenamiento macroeconómico, pero advirtió que aún quedan reformas estructurales pendientes. Laspina también destacó la necesidad de adaptarse a los cambios globales, como el impacto de la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población y la reconfiguración del mapa productivo. La integración internacional y la búsqueda de nuevos acuerdos comerciales también fueron señaladas como oportunidades clave para el crecimiento.
En paralelo, las tensiones políticas internas dentro del gobierno no pasaron desapercibidas. Algunos asistentes expresaron su preocupación por el impacto que estas tensiones podrían tener en la confianza de los inversores extranjeros. En un país que necesita capital para crecer, la estabilidad política es fundamental. Sin embargo, otros relativizaron el tema, argumentando que el presidente tiene margen para ordenar las diferencias internas y que, en última instancia, el éxito del programa económico es el mejor antídoto contra el ruido político.
La cena del Cippec, en definitiva, fue un reflejo de la complejidad y las contradicciones que atraviesa la economía argentina. Un país con un enorme potencial, pero también con desafíos estructurales profundos. Un país que busca estabilizarse, pero que al mismo tiempo debe abordar las urgencias sociales y construir un futuro más próspero para todos sus ciudadanos.