La economía argentina presenta una paradoja intrigante: mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alcanza niveles sin precedentes desde 1993, el mercado laboral no refleja el mismo dinamismo. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) revelan un panorama complejo, donde el crecimiento económico se desacopla de la creación de empleo, generando interrogantes sobre la efectividad de las políticas económicas implementadas y la necesidad de ajustes para asegurar una distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento.
En diciembre de 2025, y durante todo el cuarto trimestre, el EMAE superó las cifras registradas en las últimas tres décadas. Este auge se sustenta principalmente en el desempeño positivo de sectores clave como la agroindustria, la pesca, la minería, la extracción de petróleo y gas, la generación de energía y la intermediación financiera. Sin embargo, otros sectores, como la construcción, la educación, la salud, el transporte, las comunicaciones y los servicios personales y empresariales, se mantuvieron estancados o incluso experimentaron recesos. La industria manufacturera, un motor tradicional del empleo, también se vio afectada.
El contraste entre el crecimiento del EMAE y la evolución del empleo es evidente. En los dos primeros años del gobierno actual, el EMAE aumentó un 4,9% en comparación con el mismo período de 2023, mientras que el empleo total solo creció un 0,2%. Esta disparidad sugiere que el crecimiento económico está siendo impulsado por factores que no necesariamente generan una demanda significativa de mano de obra, como la automatización, la mayor productividad o la concentración de la actividad en sectores con baja intensidad laboral.
La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec proporciona detalles adicionales sobre la dinámica del mercado laboral. Si bien el empleo total aumentó ligeramente, se observaron cambios significativos en la composición del empleo. Los asalariados registrados disminuyeron un 3,6%, los informales un 1,4% y los empleadores un 4,4%. En contraste, aumentaron los no asalariados (principalmente monotributistas) en un 8,8% y los autónomos o trabajadores por cuenta propia en un 9,9%. Este cambio sugiere una tendencia hacia la informalidad y la autoempleo, lo que puede tener implicaciones negativas para la protección social y la calidad del empleo.

La tasa de desocupación también experimentó un aumento, pasando del 5,7% al inicio del mandato a 7,5% en la primera mitad de la gestión actual, lo que representa un incremento de 426.000 desempleados. Este aumento se explica en parte por la expansión de la población económicamente activa, que creció en 472.000 personas, mientras que el empleo neto solo aumentó en 46.000 trabajadores. Sin embargo, es importante destacar que el tiempo promedio de búsqueda de empleo se redujo de 261 días a 246 días, lo que indica una mayor eficiencia en la intermediación laboral.
El gobierno actual ha implementado una serie de medidas orientadas a estabilizar la macroeconomía, reducir la inflación y promover el crecimiento económico. Estas medidas incluyen el ajuste fiscal, la reducción de la emisión monetaria y la liberalización de la economía. Si bien estas políticas han logrado algunos resultados positivos, como la disminución de la inflación y la acumulación de reservas en el Banco Central, aún no se han traducido en una mejora significativa en la creación de empleo.
Para abordar este desafío, es necesario implementar políticas complementarias que fomenten la inversión, la innovación y la capacitación laboral. Es fundamental generar un entorno favorable para la inversión privada, reduciendo la incertidumbre y los costos de transacción. También es importante invertir en educación y capacitación para mejorar las habilidades de la fuerza laboral y adaptarla a las necesidades del mercado. La nueva legislación laboral busca generar un marco regulatorio más previsible y flexible, pero su impacto real dependerá de su correcta implementación y de la capacidad del gobierno para generar confianza en los inversores y los trabajadores.
En resumen, la economía argentina se encuentra en una encrucijada. Si bien el crecimiento económico es un logro importante, es fundamental asegurar que este crecimiento se traduzca en una mejora en la calidad de vida de todos los argentinos, a través de la creación de empleos de calidad y la reducción de la desigualdad. Esto requiere un enfoque integral que combine políticas macroeconómicas sólidas con políticas sociales y laborales efectivas.