La tensión en Medio Oriente alcanzó un punto crítico este jueves tras un ataque a dos petroleros en aguas territoriales de Irak. El incidente, que Bagdad ha calificado como un 'cobarde acto de sabotaje' y una grave violación a su soberanía, dejó un saldo de un tripulante fallecido y 37 personas rescatadas en una compleja operación de emergencia.
El jefe de la Célula de Seguridad de Irak, el teniente general Saad Maan, confirmó que seis embarcaciones participaron en el rescate. Ante la amenaza, el director de la Compañía General de Puertos de Irak (GCPI), Farhan al Fartousi, anunció la suspensión total de las operaciones en las terminales petroleras del país, aunque aclaró que los puertos comerciales continúan funcionando.

El impacto es inmediato en la economía global. En las primeras horas del jueves, el precio del barril Brent registró un alza del 9,3%, superando los 100 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) subió un 8,8%. Este repunte ocurre a pesar de los esfuerzos de la Agencia Internacional de Energía por estabilizar el mercado liberando reservas estratégicas.
La situación se agrava por la retórica hostil desde Irán, cuyo comando militar advirtió que el precio del petróleo podría alcanzar los 200 dólares si se mantiene la inestabilidad. Este ataque subraya la fragilidad de las rutas energéticas estratégicas en el golfo Pérsico mientras el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán continúa escalando.