Claudio Spontón, a los 57 años, se permite una introspección honesta y reveladora sobre una carrera que, a pesar de haber tocado la gloria con River Plate y haber vestido la camiseta de la Selección Argentina, dejó un sabor agridulce. En una entrevista reciente, el ex delantero no dudó en confesar: “No disfruté mi paso por River. No creo que haya sido por la presión de ponerme esa camiseta pesada, sino porque no entendí lo que es el Mundo River”.
Spontón, oriundo de Malabrigo, Santa Fe, recuerda con cariño su infancia compartida con Gabriel Batistuta en la escuela técnica de Reconquista. “Fuimos a la misma secundaria… ¡y perdimos en la semifinal!”, bromea, evocando aquellos torneos intercolegiales donde ambos formaron una prometedora dupla de ataque. Su camino lo llevó a Platense, donde debutó en Primera División en 1988, antes de dar el salto a River Plate bajo la dirección de Daniel Alberto Passarella.
“Creo que fui muy obediente. No tuve la personalidad para patear el tablero”, admite Spontón con una mezcla de arrepentimiento y autocrítica. “Pero viví momentos increíbles y tuve muchas enseñanzas. Me faltó enojarme un poco, solamente me enojé una vez cuando hice un gol en Reserva y me sacaron a los 15 minutos para que la gente no me pidiera”. Esta anécdota revela una faceta sensible del jugador, alguien que anhelaba el reconocimiento y la continuidad, pero que se sentía frustrado por las decisiones técnicas.
Su paso por River, aunque coronado con el campeonato de la temporada 1991/92, no fue el sueño hecho realidad que esperaba. “Salir campeón con River fue tocar el cielo con las manos. Yo soñaba con jugar aunque sea un partido en Primera, y terminé siendo campeón con River. Pero no lo disfruté como debía. Todo pasó muy rápido”, explica. La intensidad del club, la exigencia constante y la competencia feroz lo desorientaron, impidiéndole adaptarse completamente al “mundo River”, como él mismo lo define.
Tras su experiencia en Núñez, Spontón encontró su lugar en Platense, donde se convirtió en un ídolo indiscutible durante tres etapas diferentes. Su cabellera rubia y su juego descarado lo convirtieron en un símbolo del fútbol de los 90. Fue en este club donde alcanzó su máximo nivel, lo que le valió el llamado de Alfio Basile para integrar la Selección Argentina en 1994, disputando tres partidos: dos contra México y uno ante Brasil.

“Una vez escuché a Diego Maradona defender a la Selección como si fuera al país. Maradona se identificaba con los soldados argentinos que fueron a las Islas Malvinas. Cuando me puse esa camiseta, me di cuenta de que es algo único. No se compara con nada. Yo defiendo a la Selección y a la Argentina a morir. Ser jugador de la Selección no es para cualquiera”, sentencia con pasión, transmitiendo el orgullo y la responsabilidad que conlleva vestir los colores nacionales.
Sin embargo, incluso su experiencia en la Selección estuvo marcada por la sensación de no haber aprovechado al máximo las oportunidades. “Recuerdo una frase de Alfio Basile que nos dijo en el vestuario, que estábamos entre los 100 mejores jugadores del mundo… Yo no la supe capitalizar. Ahí está la diferencia entre un jugador de alto nivel y un crack: el crack aprovecha esos momentos, yo no lo pude aprovechar”, reflexiona con honestidad.
Su carrera continuó por diversos clubes del fútbol argentino (San Martín de Tucumán, Lanús, Deportivo Español, Gimnasia y Tiro de Salta, Instituto, Olimpo de Bahía Blanca y Acassuso) y también tuvo experiencias en el exterior (Toluca de México, Unión Española de Chile y Alianza Lima de Perú), antes de retirarse en Estudiantes de Río Cuarto a los 36 años.
“No me costó el retiro, porque siempre soñé con jugar uno o dos partidos en Primera y llevaba más de 15 años haciendo lo que me gusta. Cuando se terminó, volví a ser una persona normal”, afirma con serenidad. Actualmente, Spontón se dedica a la dirección técnica, dirigiendo un equipo del Federal A en Lincoln. “Siempre estuve ligado a una pelota durante toda mi vida, así que mientras pueda seguir en el fútbol, soy feliz”, declara con entusiasmo.
Su sueño ahora es conquistar un campeonato como entrenador en el fútbol profesional. “A nivel amateur ya lo logré, pero quiero hacerlo en una liga importante”, confiesa. Y aunque su paso por River Plate no haya sido el idilio que esperaba, Spontón guarda un grato recuerdo de su experiencia y reconoce la importancia de las enseñanzas que recibió. Su historia es un recordatorio de que el talento, por sí solo, no es suficiente para alcanzar la gloria. Se necesita también coraje, confianza en uno mismo y la capacidad de tomar las riendas del propio destino.