Jorge Alberto Comas, conocido cariñosamente como 'Comitas', fue un nombre que resonaba con fuerza en los estadios de Argentina y México. Un delantero habilidoso, con un zurdo endiablado y una capacidad goleadora envidiable, que supo vestir con orgullo las camisetas de Boca Juniors, Vélez Sarsfield y, especialmente, Tiburones de Veracruz. Hoy, a los 65 años, su historia es un triste recordatorio de que la fama y la fortuna no son garantía de un futuro próspero. Comas, el hombre que hacía vibrar a los hinchas xeneizes a fines de los 80 y que amargaba las noches de River Plate, se encuentra al borde de la indigencia en las calles de Veracruz, México, tras salir de prisión hace poco más de un año.
Su trayectoria futbolística fue brillante. En Boca, Comas se convirtió en un ídolo, marcando 63 goles en 126 partidos. Su llegada a Veracruz, junto a figuras como Edgardo Bauza y Omar Palma, desató una 'Tiburomanía' que llenaba el estadio y hacía vibrar a la ciudad. Comas no solo destacaba por su juego, sino también por su particular corte de cabello, que se convirtió en tendencia entre los jóvenes veracruzanos. Con los Tiburones, se consolidó como uno de los máximos goleadores de la historia del club, solo superado por Mariano Ubiracy y Raymundo González.
Pero detrás de la sonrisa del goleador se ocultaban demonios internos. Los problemas con el alcohol comenzaron a manifestarse con fuerza, afectando su vida personal y profesional. En 2021, su vida dio un giro aún más oscuro cuando fue arrestado por agredir violentamente a una vecina en un condominio de Boca del Río. La víctima, Lidia Villagomez, denunció públicamente que Comas le había lanzado un vaso de cerveza y luego la había golpeado en el rostro. Este incidente no fue aislado; Comas ya tenía antecedentes por agresiones a policías y a otras personas.

Su paso por la cárcel, casi tres años en el Penal de “La Toma” Amatlán de los Reyes, no logró enderezar su camino. Al salir en libertad condicional en 2024, se encontró sin recursos, sin amigos cercanos y con una relación distante con sus nueve hijos, quienes, según fuentes cercanas, habían vendido algunas de sus propiedades. Intentos de comunicación por parte de la prensa han sido infructuosos; Comas parece haber desaparecido del mapa.
Testimonios de personas que lo han visto en las últimas semanas describen una imagen desoladora. Diego San Román, periodista de XEU Deportes, relata que Comas deambula por las calles de Veracruz con una botella o lata en la mano, visiblemente agresivo y rechazando cualquier intento de acercamiento. “Es una persona que está perdida en el vicio, puedo decirlo porque lo vi hace algunos días. Te lo encuentras casi todas las tardes caminando por las calles de Veracruz con una botella o lata en mano. Es un tipo sumamente agresivo, no te puedes acercar a él”, afirma San Román.
Alejandro Nato Sánchez, un entrenador de arqueros que intentó ayudar a Comas tras su salida de prisión, describe un hombre consumido por la desesperación y la amargura. Sánchez le ofreció trabajo en su predio, le compró ropa y le consiguió un lugar donde vivir, pero la ayuda fue rechazada. Comas, según Sánchez, se mostró paranoico y desconfiado, acusándolo de querer aprovecharse de su imagen. “Su estado no es nada bueno, anda con el pelo largo, despeinado, su aspecto es muy malo. A la gente ya le da miedo acercarse a él porque la rechaza”, lamenta Sánchez.
La historia de Jorge Comas es un llamado de atención sobre la fragilidad de la fama y la importancia de abordar los problemas de adicción y salud mental. Un ídolo caído en desgracia, un talento desperdiciado, un hombre que perdió el rumbo y se encuentra a la deriva en las calles de una ciudad que alguna vez lo adoró. Su caso es un trágico ejemplo de cómo la vida puede dar giros inesperados y de cómo la gloria puede desvanecerse en un instante, dejando solo un rastro de dolor y arrepentimiento. La 'Tiburomanía' se apagó, y con ella, gran parte de la luz en la vida de 'Comitas' Comas.