Óscar Cardozo, conocido mundialmente como ‘Tacuara’, ha colgado los botines a los 43 años, poniendo fin a una trayectoria futbolística de 22 años que lo consagró como un ícono del deporte en Paraguay y más allá. Su retiro, anunciado en una entrevista con Radio Ñandutí, marca el final de una era para el fútbol sudamericano y europeo, dejando un legado de 422 goles y una historia inspiradora de superación personal.
Tacuara no es solo un nombre, es un apodo que eclipsó al propio Óscar. Surgido de las humildes tierras de Campo 9, una colonia agrícola a 213 kilómetros de Asunción, su historia es un testimonio de perseverancia y talento. Creció en un hogar sencillo, hijo de Genaro y Dolly, quienes siempre lo apoyaron en su sueño de convertirse en futbolista. Su madre, Dolly, incluso continuó atendiendo su supermercado local, incluso cuando su hijo alcanzaba la fama internacional.
El apodo ‘Tacuara’ proviene de una planta alta y delgada, similar a la figura del joven Óscar cuando comenzó a destacar en el fútbol. Su debut en 3 de Febrero de Ciudad del Este en 2003 fue solo el comienzo de una carrera ascendente. Luego, su paso por Nacional de Asunción le permitió consolidarse como un goleador prometedor, anotando 29 goles en 63 partidos.
El verdadero despegue de su carrera llegó con Newell’s Old Boys de Argentina en 2006. La adaptación no fue fácil; Tacuara llegó con poco más que una maleta y una necesidad urgente de ropa. Su agente, Pedro Aldave, le propuso un incentivo inusual: 100 dólares por cada gol anotado. Esta apuesta resultó ser un catalizador, impulsándolo a marcar 21 goles en 33 partidos y a invertir sus ganancias en vestimenta, llenando su habitación de hotel con cajas de zapatillas y ropa nueva, una imagen que simbolizó su transformación.
Su conexión con la gente se fortaleció gracias a Santiago Salcedo, quien lo introdujo en un círculo social más amplio. A pesar de su timidez, Tacuara comenzó a apreciar el cariño de los fanáticos, aunque le costaba expresar sus emociones abiertamente. Francisco Culasso, quien se convirtió en una figura paterna para él, lo acompañaba a comer pescado, uno de sus platos favoritos.

Sin embargo, la vida en la gran ciudad también presentaba desafíos. En una ocasión, un intento de modificar su contrato sin la presencia de sus representantes lo llevó a encerrarse en su habitación, presa del miedo y la desconfianza. Culasso tuvo que intervenir para calmarlo y asegurarle que no tenía que firmar nada que no estuviera de acuerdo.
Pero más allá de la fama y la fortuna, Tacuara nunca olvidó sus raíces. Anhelaba los sabores y las costumbres de Campo 9, especialmente el caldo con gallina de la chacra, “de gallina paraguayita, no curepí”, como solía decir. Esta nostalgia dio origen a una anécdota memorable: una apuesta con su apoderado para que le trajeran gallinas paraguayas si marcaba dos goles en un partido contra River Plate. Tacuara cumplió, pero la entrega de las gallinas se convirtió en una divertida farsa, con promesas de envíos en autobús y camión que nunca se materializaron.
El salto a Benfica en 2007, por 10 millones de euros, marcó un punto de inflexión en su carrera. En el club portugués, Tacuara se convirtió en un ídolo, anotando 172 goles en 293 partidos y superando a Eusebio como el máximo goleador extranjero de la institución. Su potencia y precisión en el remate lo convirtieron en una amenaza constante para las defensas rivales, y su nombre resonaba en el estadio con una canción dedicada a él: “Tengan cuidado, él es peligroso, él es Óscar Tacuara Cardozo”.
Durante su trayectoria, Tacuara también tuvo la oportunidad de jugar en River Plate, recomendado por el campeón del mundo Héctor Enrique. Sin embargo, la directiva del club argentino rechazó la propuesta, considerando que el jugador era desconocido y que no había cupo para extranjeros. La oportunidad se perdió, pero Tacuara continuó brillando en otros escenarios.
Su paso por la selección paraguaya también fue memorable. Participó en tres Copas América y fue una pieza clave en la histórica campaña que llevó a Paraguay a los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010. Su presencia en el campo inspiraba confianza y su capacidad goleadora era fundamental para el equipo.
El retiro de Tacuara Cardozo marca el fin de una era, pero su legado perdurará en la memoria de los aficionados al fútbol. Su historia de superación, humildad y talento lo convierten en un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones de futbolistas. Más allá de los goles y los títulos, Tacuara deja un mensaje de esperanza y perseverancia, demostrando que con trabajo duro y dedicación, los sueños pueden hacerse realidad, incluso aquellos que involucran gallinas paraguayas.