Ariel Medri, 59 años, recuerda con nitidez la emoción de vestir la camiseta de River Plate, aunque fuera por un breve instante. El 2 de mayo de 1987, ingresó al Monumental con la ilusión de todo un joven futbolista, pero su participación se limitó a apenas 90 segundos. Un toque a la pelota, un sueño cumplido, y luego, la dura realidad de un camino que lo llevaría por senderos inesperados.
Hoy, Ariel enfrenta un desafío mucho mayor que cualquier partido de fútbol: la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta las neuronas motoras, provocando la pérdida gradual del control muscular. Internado en el Hospital Samco de Maggiolo, su pueblo natal en Santa Fe, Ariel se comunica a través de mensajes escritos, ya que la enfermedad le ha robado la capacidad de hablar.
“Estoy en rehabilitación. Estoy internado para una mejor atención en el Hospital Samco de Maggiolo, donde yo vivo. Estoy bien, pero tuve que dejar mi casa y parte de mis recuerdos. Y la casa de uno, viste, es tu casa,” escribe Ariel, con la paciencia que le exige su condición. Extraña las comidas, el ambiente familiar y, sobre todo, a sus cuatro hijos: Leonel y Natalí, fruto de su primer matrimonio, y Gianluca y Nicole, de su segundo.
La historia de Ariel es un ejemplo de resiliencia. Después de su breve paso por River, jugó en Vélez Sarsfield, Talleres de Córdoba y Macará de Ecuador, pero nunca logró consolidar una carrera profesional exitosa. Ante la falta de oportunidades, se reinventó y trabajó durante 12 años como cajero de peaje en la Ruta 8, cerca de Venado Tuerto. “Ahí trabajé durante 12 años, desde el 2011. Era un trabajo honesto, me permitía mantener a mi familia,” recuerda.
El diagnóstico de ELA en 2020 fue un golpe devastador. Los estudios confirmaron lo que Ariel temía: una enfermedad incurable que lo condenaría a una progresiva pérdida de movilidad y autonomía. Los gastos médicos son elevados, y Ariel se encuentra en una situación económica precaria. Sin embargo, no está solo. Ex compañeros de River Plate, conmovidos por su historia, se han unido para brindarle apoyo económico, transfiriendo entre 40.000 y 50.000 pesos cada uno.

“Eso habla de por qué River ganó todo en aquella época. Me encanta la acción más que el importe. Ellos no tienen obligación conmigo,” escribe Ariel, con gratitud. “Y me ayuda mi hermana, que es de fierro, siempre está al pie. También, algunos de mis primos, mis hijos o alguien que siempre me da una mano.”
Ariel también ha puesto a la venta su vehículo, el que utilizaba para ir a trabajar al peaje, con la esperanza de recaudar fondos adicionales para cubrir sus gastos médicos. Su historia ha conmovido a la comunidad de Maggiolo, donde es recordado como un hombre trabajador, humilde y siempre dispuesto a ayudar a los demás.
Recordando su paso por River, Ariel evoca con cariño los momentos compartidos con grandes jugadores como Claudio Caniggia, Pipo Gorosito y Sergio Goycochea. “Fue un lujo haber compartido plantel con todos ellos. Un lujo que pocos clubes se dan,” afirma. Aunque su participación en la Primera División fue mínima, Ariel atesora los recuerdos de aquellos días en la concentración de River, donde vivía en la última pieza junto a su primo Daniel Gazzaniga, padre de Gianluca y Paulo.
Su breve debut contra Platense, con apenas 90 segundos en el campo de juego, quedó grabado en su memoria. “Debuté en Reserva y en Primera contra Platense. Uno en Vicente López y el otro en River, el 2 de mayo de 1987, que fue el último partido del Bambino Veira como entrenador en River. Ese día, iba a jugar de titular, pero volvió antes de tiempo un compañero y fui al banco. Entré 90 segundos, toqué una sola pelota y chau,” relata con una sonrisa melancólica.
La historia de Ariel Medri es un recordatorio de que la vida está llena de desafíos y que la resiliencia, la humildad y la solidaridad son valores fundamentales para superarlos. Su lucha contra la ELA es un ejemplo de coraje y determinación, y su historia merece ser contada y compartida.