El economista Ricardo Arriazu, uno de los principales referentes del presidente Javier Milei, ha lanzado una advertencia optimista pero cautelosa sobre el futuro económico de Argentina. En una charla en la Fundación del Tucumán, Arriazu delineó un escenario donde 2026 podría ser un año de bonanza para el país, siempre y cuando se eviten "choques" en la "calesita" económica, una metáfora que ilustra la fragilidad de la situación actual y la necesidad de evitar errores de política económica.
Arriazu enfatizó que la confianza es el pilar fundamental para la recuperación. “Toda la palabra confianza es compro dólares o no compro dólares. Eso es todo Argentina”, afirmó, subrayando que la demanda de dólares está directamente ligada a la percepción de estabilidad y futuro del país. El economista recordó su desacuerdo con la implementación del esquema de bandas cambiarias el año pasado, calificándolo de un fracaso que resultó en inflación más alta de la esperada (31% frente a una estimación del 18%), caída de la actividad económica y un aumento del riesgo país.
“Ahora ya sabemos el resultado de la banda que tanto aplaudimos. Habían comprado USD 25.000 millones, no compraron nada”, criticó Arriazu, señalando que la intervención oficial no logró contener la demanda de divisas y, en cambio, generó incertidumbre.
Para Arriazu, la única política efectiva es generar confianza para que los ciudadanos no sientan la necesidad de refugiarse en el dólar. El analista económico argumentó que Argentina tiene una historia de defaults y una percepción de riesgo elevada, lo que dificulta la atracción de inversiones y fomenta la especulación. “Un país que defaulteó nueve veces cantando el himno nacional es un país que es estafador serial”, sentenció.
El economista destacó la importancia de que la especulación contra el peso sea perdedora. Recordó que, históricamente, la mayoría de las veces que se apostó en contra del peso, los especuladores obtuvieron ganancias, lo que incentivó nuevas corridas cambiarias. “Si el año pasado hubieran ganado [los especuladores], ¿qué habría pasado este año y sobre todo el año que viene? Una gigantesca corrida en contra del peso”, advirtió.

Arriazu celebró el éxito del gobierno en la contención de la demanda de dólares tras la flexibilización del cepo cambiario, señalando que el tipo de cambio contado ha disminuido de $1.500 a $1.390. Considera que este logro es fundamental para disuadir a futuros especuladores.
En cuanto a la estructura productiva del país, Arriazu la calificó de “absolutamente artificial”, argumentando que se han subsidiado sectores sin ventajas comparativas y se han castigado aquellos con potencial de crecimiento. “Si Argentina quiere crecer, tiene que cambiar eso”, afirmó, reconociendo que esta transformación implicará la desaparición de algunos sectores y la creación de otros, generando inevitablemente desempleo y descontento en el corto plazo.
El economista advirtió sobre la concentración de la destrucción de empleo en el Gran Buenos Aires, donde se concentra la industria, uno de los sectores más afectados en los últimos años. Sin embargo, proyectó que la economía crecerá y creará nuevos empleos, aunque este proceso podría tardar dos o tres años.
Arriazu resumió sus prioridades para la economía argentina: en el corto plazo, generar confianza para reducir la demanda de dólares; en el mediano plazo, aprovechar las ventajas naturales del país y evitar las crisis de balanza de pago; y a largo plazo, mantener un equilibrio fiscal y aprovechar el enorme potencial de Argentina.
En definitiva, la visión de Ricardo Arriazu es optimista, pero condicionada a la prudencia y la coherencia en las políticas económicas. La "calesita" argentina, según su análisis, puede girar hacia un futuro próspero, pero solo si se evitan los "choques" que podrían desestabilizarla.