Luciano Curcio no es un deportista común. A sus 14 años, este joven prodigio ha conquistado el mundo del ajedrez, pero su talento no se limita al tablero. Con una melena rubia que recuerda al icónico Claudio Paul Caniggia, y un espíritu igualmente audaz, Luciano se ha ganado el apodo de “el Caniggia del ajedrez”, una etiqueta que, lejos de ser una simple estrategia de marketing, refleja su personalidad y su estilo de juego.
La historia de Luciano es una de dedicación, disciplina y pasión. Comenzó a jugar ajedrez a los siete años, inspirado por su madre, maestra y por las clases de un profesor de ajedrez en su escuela, Diego Sumic. Lo que comenzó como una curiosidad se convirtió rápidamente en una obsesión. Devoraba libros de ajedrez, resolvía ejercicios incansablemente y participaba en todos los torneos escolares que podía. Su progreso fue meteórico. En 2020, durante la pandemia, Luciano aprovechó el tiempo para estudiar aún más, dedicando entre cinco y ocho horas diarias al ajedrez. Jugaba torneos virtuales, leía libros y analizaba partidas con una intensidad admirable.
Pero el ajedrez no es lo único que ocupa la mente y el tiempo de Luciano. También es un talentoso jugador de hockey sobre césped, un delantero prometedor en la Sexta de Ferro Carril Oeste, y un cinturón negro en taekwondo. Además, cursa el segundo año del secundario y se destaca como un buen estudiante. ¿Cómo logra equilibrar todas estas actividades? “Me levanto a las 6.30 y me voy a la escuela. Amo ir al colegio y compartir con mis compañeros”, explica Luciano con una sonrisa. “Luego, entreno fútbol, hockey y estudio. Es un día a día muy ocupado, pero me encanta”.

Su desempeño en el ajedrez ha sido impresionante. Hace apenas una semana, quedó segundo en el Campeonato Argentino Sub 16, a solo medio punto del vencedor. En el ranking de jugadores Sub 15 del país, actualizado en abril, ocupa el tercer lugar, detrás de dos prodigios reconocidos a nivel nacional: Faustino Oro e Ilan Schnaider. Luciano ya ha tenido la oportunidad de enfrentarse a Faustino Oro en una partida simultánea, y aunque perdió, le impresionó el talento y la habilidad del joven maestro. “Me encantó jugar con él. Lo hice pensar a Faustino”, recuerda Luciano con entusiasmo. “Obviamente, me gustaría jugar con él una partida clásica a 90 minutos cada uno”.
El camino de Luciano no ha sido fácil. Ha tenido que superar obstáculos y desafíos para llegar a donde está hoy. En el Club de Ajedrez de Villa del Parque, tuvo que ganarse un lugar demostrando su talento y su dedicación. “Primero asistí a las clases de niños y respondí todas las preguntas. Luego le gané al profe con un mate de alfil y caballo”, cuenta Luciano. “El director del club, el Maestro FIDE Gustavo Águila, abrió los ojos y dijo: ‘Traelo el lunes en el grupo de adultos que lo evalúo’”.
Luciano tiene grandes sueños y ambiciones. Próximamente, le gustaría jugar el Mundial juvenil en Italia, pero depende de que sus padres puedan costear los gastos del viaje. También sueña con volver a enfrentarse a Faustino Oro en una partida clásica, y con seguir escalando en el ranking nacional e internacional. Su historia es un ejemplo inspirador para las nuevas generaciones de deportistas, y una prueba de que con dedicación, disciplina y pasión, se pueden alcanzar grandes logros.
“No sería el ajedrecista que soy sin el deporte físico y no sería el deportista que soy sin la velocidad mental que me da el ajedrez”, afirma Luciano, resumiendo a la perfección su filosofía de vida. Este joven prodigio es un verdadero ejemplo de cómo combinar el talento, el esfuerzo y la pasión para alcanzar el éxito en múltiples disciplinas. El futuro del ajedrez argentino, y quizás del deporte en general, tiene un nombre: Luciano Curcio, el ‘Caniggia del Ajedrez’.