El eco de la victoria en México '86 resuena hasta nuestros días, pero pocos conocen la tormenta que se gestó en la previa del Mundial. Carlos Bilardo, el arquitecto de aquel equipo campeón, estuvo a punto de ser despedido a tan solo dos meses del inicio del torneo, víctima de un complot político que amenazó con desestabilizar la Selección Argentina. La historia, revelada en la autobiografía del propio Bilardo y corroborada por testimonios de la época, es un fascinante relato de intrigas, lealtades y la defensa a ultranza de un proyecto deportivo.
Según relata Bilardo, la iniciativa provino de un sector del gobierno radical, específicamente de miembros de la Coordinadora, una línea interna de la Unión Cívica Radical. Estos políticos, desde la Secretaría de Deportes de la Nación, consideraban que el rendimiento del equipo no era óptimo y que Bilardo no era el hombre adecuado para liderar a la Selección en un Mundial. La idea era presionar a la AFA para que removiera al entrenador, buscando un reemplazo que consideraban más afín a sus intereses.
El detonante de esta conspiración, según recuerda Rodolfo O’Reilly, entonces secretario de Deportes, fue una conversación telefónica con el presidente Raúl Alfonsín. “Una noche estábamos reunidos en mi casa en San Isidro haciendo un asado, llamó Alfonsín por teléfono y enseguida se sumó. Lo notaba preocupado por algunos jueces que habían estado comprometidos con la dictadura, hasta que, en un momento, cambió completamente el tema y me dijo: ‘Che, Michingo ¿Cuándo lo vas a echar a Bilardo?’. Entonces le respondí: ‘Vos sos loco, yo no tengo manera ni forma de echarlo’. Y él fue por más: ‘Bueno, pero andá y ponele alguien al lado, aunque sea, que la Selección es un desastre y no nos sirve’”, relató O’Reilly.
Bilardo, consciente de la situación, había establecido una red de informantes en restaurantes, aeropuertos y taxis para estar al tanto de cualquier movimiento en su contra. “Al asumir como técnico de la Selección, sabiendo que desde algunos sectores la batalla iba a ser permanente y muy dura, había hablado con amigos que trabajaban en restaurantes, aeropuertos y taxis, para que cualquier cosa que escucharan sobre algún eventual ataque en mi contra, me avisaran”, explica el entrenador en su autobiografía. Gracias a esta red, Bilardo pudo reconstruir la maniobra política en su contra.
En medio de este clima de incertidumbre, el apoyo de Julio Grondona, entonces presidente de la AFA, fue fundamental. Al enterarse del complot, Grondona movilizó sus recursos para defender a Bilardo. Néstor Ibarra, integrante del equipo de Fernando Niembro en Radio Mitre, recibió un llamado urgente de Grondona desde Zúrich: “Los que coinciden con nosotros, tienen que bancarlo a Carlos. Yo regreso mañana a Buenos Aires, pero esta noche es clave, porque si no lo defendemos en estas horas, puede ser fatal”.

La defensa de Bilardo también encontró un aliado inesperado en Diego Armando Maradona. El capitán de la Selección, en una declaración contundente, advirtió que si Bilardo era despedido, él no jugaría. “Si lo sacan a Bilardo, busquen otro equipo, porque nosotros no vamos a jugar”, sentenció Maradona, demostrando su lealtad inquebrantable al entrenador.
La situación llegó a su punto más crítico cuando los funcionarios radicales intentaron contactar directamente a Grondona. O’Reilly relata: “Un día nos dimos tanta manija que dijimos: ‘Vamos a llamarlo a Julio Grondona’. Estaba con Osvaldo Otero, que era mi subsecretario. Y nos comunicamos por teléfono a Zurich, donde se encontraba por una reunión de la FIFA. Cuando me atendió le dije: ‘Che, Julio, esto no da para más, me parece que le tenés que dar puerta a Bilardo’. Y Julio me respondió: ‘Michingo: dedicate al rugby que vos de esto no entendés un carajo’”.
La intervención de Grondona fue decisiva para desactivar el complot. Bilardo, fortalecido por el apoyo de sus aliados, pudo concentrarse en la tarea de armar el equipo que conquistaría el Mundial. La historia de Julio Olarticoechea, quien fue convocado de manera inusual tras una destacada actuación en Boca, ilustra la peculiar metodología de Bilardo, que incluía incluso dibujos improvisados en la calle para explicar sus tácticas.
La presentación de la lista definitiva de 22 jugadores también generó controversia, con la exclusión de figuras como Ricardo Gareca, Enzo Trossero y Ubaldo Fillol. Sin embargo, Bilardo había tomado sus decisiones, confiando en su intuición y en su visión del juego. Y, como demostró el Mundial de México '86, su intuición no lo engañaba.
En medio de este clima de tensión, un encuentro fortuito con Alberto Olmedo, el famoso comediante, le brindó a Bilardo un inesperado augurio de buena suerte. Olmedo lo invitó a participar en su programa “No toca botón” y, durante el sketch “El manosanta”, vaticinó que Argentina saldría campeón. La imagen de Bilardo junto a Olmedo, personificado como el Manosanta, se convirtió en un símbolo de la esperanza y la fe en la victoria.
Finalmente, el jueves 24 de mayo de 1986, la Selección Argentina despegó rumbo a México, con la ilusión de conquistar la Copa del Mundo. Pocos creían en la posibilidad de un triunfo, pero Bilardo, Maradona, Grondona y un grupo de jugadores comprometidos estaban dispuestos a desafiar las expectativas y escribir una de las páginas más gloriosas de la historia del fútbol argentino.