Diego Armando Maradona, un nombre sinónimo de genialidad futbolística, trascendió el deporte para convertirse en un ícono cultural. Su actuación en el Mundial de México 1986 es legendaria, pero detrás de la magia en el campo, existió una preparación meticulosa y un descubrimiento científico que pocos conocen. La historia se centra en Antonio Dal Monte, un médico italiano visionario que desentrañó los “superpoderes” ocultos del Pelusa, impulsándolo hacia la cima del mundo del fútbol.
Dal Monte, nacido en 1931, no era un entrenador convencional. Era un científico del deporte, Director Científico y Jefe del Departamento de Fisiología y Biomecánica del Instituto de Ciencias del Deporte del Comité Olímpico Nacional Italiano. Su currículum estaba repleto de éxitos, habiendo acompañado a numerosos atletas de élite en su camino hacia la gloria. Sin embargo, Maradona representaba un desafío y una oportunidad únicos. La ironía del destino quiso que Enzo Bearzot, el director técnico de la selección italiana, rechazara los servicios de Dal Monte para preparar a la Azzurra, campeona defensora del título, para el Mundial de México 1986. Esta decisión, lejos de ser un revés, abrió las puertas a una colaboración que cambiaría la historia del fútbol.
Maradona, conocido por su orgullo y determinación, no tardó en responder al desdén de Bearzot: “Que se jodan, se van a volver en el primer turno”. Pero su interés en Dal Monte era genuino. Cuando el astro argentino se acercó al especialista, con una humildad sorprendente, Dal Monte le ofreció una promesa audaz: “Para mí sería lo más grande poder entrenarte”. Maradona, cautivado por la confianza y la visión del médico, aceptó la propuesta. “El tipo me compró con esa frase”, admitiría Maradona años después en su libro “México 86, Mi Mundial, Mi verdad”.
La preparación de Maradona con Dal Monte fue revolucionaria para la época. Se trasladaron desde Nápoles hasta Roma, recorriendo los 223 kilómetros semanalmente para someterse a una serie de pruebas y entrenamientos exhaustivos. Dal Monte, uno de los fundadores de la ciencia de la evaluación funcional de los deportistas, se centró en optimizar el rendimiento de Maradona en las condiciones específicas del Mundial de México: la altura, el smog y los horarios de juego. No se trataba solo de acondicionamiento físico, sino de comprender cómo el cuerpo de Maradona respondía a estos desafíos.
“Hacíamos un primer turno a la mañana, después almorzábamos en la casa de Dal Monte con su familia, gente deliciosa, y a la tarde le metíamos un segundo turno. Le hacían controles de todo tipo: biomecánica, apoyo, volumen de oxígeno que podía consumir, en cuánto tiempo recuperaba, aprendió cómo iba a tener que respirar, era como un jadeo”, recordaba Fernando Signorini, el histórico preparador físico de Maradona. Los resultados de estas pruebas fueron asombrosos.

Dal Monte descubrió que Maradona poseía un campo visual inusualmente amplio, permitiéndole percibir el juego con una claridad y una amplitud que superaban a la de otros jugadores. “Un día, entre tantas mediciones, me dijo: ‘Tu amigo hubiera sido un excepcional piloto de pruebas de aviones de guerra’. Le pregunté por qué. ‘Porque tiene un campo visual que no es común en los mortales’”, reveló Signorini. Esta habilidad, que se manifestó en jugadas icónicas como el gol a Inglaterra, donde Maradona parecía tener “ojos en la nuca”, le permitía anticipar los movimientos de sus oponentes y tomar decisiones en fracciones de segundo.
Pero la sorpresa no terminó ahí. Dal Monte también descubrió que la respuesta neuromuscular de Maradona era excepcionalmente rápida y eficiente. “Otro día me dijo: ‘La respuesta de Diego al estímulo era mejor al de los mejores sprinters a nivel mundial. La orden que llegaba al cerebro era ejecutada por el cuerpo mejor que los mejores sprinters’”, comentó Signorini. Esta capacidad le permitía acelerar, cambiar de dirección y ejecutar movimientos complejos con una agilidad y una precisión asombrosas.
La relación entre Maradona y Dal Monte continuó después del Mundial de 1986. En 1990, Dal Monte intervino para solucionar un problema en el pie de Maradona, creando una prótesis de carbono que le permitió seguir jugando a pesar de la lesión. En 1994, recomendó al Dr. Néstor Lentini para la preparación de Maradona en Estados Unidos.
Signorini, al observar a Messi, recordó las palabras de Dal Monte sobre Maradona: “Estábamos en Pretoria, durante el Mundial 2010. Los chicos hacían un loco al costado y en un momento Diego me dijo: ‘Fer, llamalos así arrancamos’. Pegué el grito y empezaron a venir. Leo Messi avanzaba solo por la línea del medio, empujando suave la pelota. Me acerqué, pensando en sacarle la pelota por sorpresa, agarrarlo de la oreja y decirle ‘no estés distraído haciendo cosas que cualquiera te saca la pelota’, y cuando le tiré la derecha, Leo me corrió la pelota. Enseguida me vino a la mente lo que me había dicho Dal Monte de Diego”.
La historia de Maradona y Dal Monte es un testimonio del poder de la ciencia y la innovación en el deporte. Dal Monte no solo preparó a Maradona físicamente, sino que también lo ayudó a comprender y a aprovechar sus habilidades únicas, convirtiéndolo en el mejor jugador del mundo y en una leyenda del fútbol.