La Fórmula 1, un deporte sinónimo de velocidad, glamour y exigencia, ha encontrado en Franco Colapinto un nuevo exponente del talento argentino. Pero detrás de cada adelantamiento, de cada curva tomada al límite, hay una historia de sacrificio, perseverancia y, sobre todo, un apoyo incondicional que impulsa al joven piloto hacia la cima. Aníbal Colapinto, padre de Franco, abre las puertas de su mundo para revelar los secretos del éxito de su hijo, en una entrevista exclusiva que nos acerca a la intimidad de una familia apasionada por el automovilismo.
El encuentro tuvo lugar en Azcuénaga, un pintoresco pueblo bonaerense que vio crecer a Aníbal y que ahora se ha convertido en un punto de encuentro para los seguidores de Franco. La peña FC43, un grupo de amigos y fanáticos que se formó tras el debut del piloto en la Máxima, se reunió para compartir un asado y celebrar los logros de su ídolo. La atmósfera era de camaradería y entusiasmo, con Aníbal como anfitrión, saludando a cada uno de los presentes con su habitual simpatía.
“Se creó la peña FC43 con un grupo grande de amigos, encabezado por Emi Tobio y José Garavano, que están acá presentes”, explica Aníbal con emoción. “Yo me vine de Australia, así que por ahí seguía para China, pero vine a estar presente acá con todos los muchachos y con esta gente linda que vino a compartir un buen momento con todos nosotros”. La peña FC43 no es solo un grupo de fanáticos; es una comunidad que se ha convertido en un pilar fundamental en la carrera de Franco.
La historia de las peñas en el automovilismo argentino es rica y arraigada. Antiguamente, eran conformadas por vecinos y amigos de un piloto de una determinada localidad, que se reunían para recaudar fondos y ayudar a su crédito local. Esta tradición, que fue una característica del viejo Turismo Carretera, ha sido rescatada por Aníbal y sus amigos, adaptándola a los tiempos modernos. “Me llena de emoción, de orgullo, que haya tanta gente, tanto fanatismo con Franco”, confiesa Aníbal. “Creo que se lo ha ganado él, lo logró con su forma de ser, con su espontaneidad y demás”.

Pero el camino hacia la Fórmula 1 no ha sido fácil. Aníbal ha realizado enormes sacrificios para acompañar a su hijo en su sueño. En 2019, vendió un inmueble para costear la temporada de Franco en la Fórmula 4 Española, donde se consagró campeón. Fue en ese año que conoció a sus actuales managers, María Catarineu y Jamie Campbell-Walter, quienes han sido piezas clave en el desarrollo de su carrera.
“Lo raro de todo esto es que no es un target de 20 o 30 años, sino desde chiquitos de cinco hasta gente de 80 años que lo sigue a Franco, que lo alienta, que lo apoya”, subraya Aníbal, sorprendido por la diversidad de su público. “Gracias a toda esta gente, el ‘enano’ saca más fuerza y está logrando paso a paso lo que todos pretendemos”.
Franco Colapinto ha demostrado un gran progreso en la Fórmula 1, sumando su primer punto con el equipo Alpine en el Gran Premio de China. Aníbal destaca el buen estado físico y psicológico de su hijo, así como el apoyo de un equipo de profesionales que lo rodean. “Está con muchas ganas, rodeado de gente muy buena, que tiene un equipo espectacular”, afirma. “Desde el preparador físico, hasta el nutricionista y la gente que lo acompaña, María (Catarineu), Jaime (Campbell-Walter), Gustavo, el psicólogo deportivo, Lucas (Benamo), Fernando Belasteguín, que es un crack”.
En cuanto al rendimiento del equipo Alpine, Aníbal se muestra optimista. “Hay que esperar, hay que tener paciencia y yo creo que va a ir mejorando día a día”. Revela que Franco tuvo algunos problemas de configuración en China, pero que se están superando. Y acertó en su predicción: Franco tuvo una gran labor en el Circuito Internacional de Shanghái, logrando su primer punto con Alpine.
El futuro se presenta prometedor para Franco Colapinto. El próximo desafío será el Gran Premio de Japón, en Suzuka, un autódromo histórico que ha sido escenario de épicas definiciones. Allí, el piloto argentino seguirá escribiendo su historia en la Fórmula 1, impulsado por el apoyo incondicional de su familia, sus amigos y una comunidad de fanáticos que creen en su talento. La historia de Franco Colapinto es un ejemplo de que, con pasión, perseverancia y un buen equipo detrás, los sueños pueden hacerse realidad. Es una historia que inspira a jóvenes pilotos a perseguir sus metas y a demostrar que el talento argentino puede brillar en el escenario mundial del automovilismo.