El universo, en su inmensidad y complejidad, continúa revelando secretos que desafían nuestra comprensión. Un equipo internacional de astrónomos ha logrado un hito significativo: el descubrimiento de una estrella excepcionalmente primitiva, bautizada como SDSS J0715-7334, que se erige como un verdadero 'fósil' del cosmos temprano. Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature Astronomy, no solo confirma teorías existentes, sino que también abre nuevas vías de investigación sobre los orígenes del universo y la formación de las primeras estrellas.
La estrella se encuentra en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite que orbita nuestra Vía Láctea, a unos 26.000 años luz de la Tierra. Lo que la hace tan especial es su composición química: posee una cantidad de metales (elementos más pesados que el hidrógeno y el helio) más de 20.000 veces menor que la de nuestro Sol. Esta extrema pobreza en metales la convierte en un objeto único, un remanente casi prístino de las condiciones que prevalecían poco después del Big Bang.
“Se detectó lo que llamamos una aguja en un pajar: una estrella con muy poco enriquecimiento de elementos pesados como el hierro”, explica José G. Fernández Trincado, del Instituto de Astronomía de la Universidad Católica del Norte, el único investigador chileno que participó en este descubrimiento. “Es tan ‘limpia’ y primitiva que se cree que se formó directamente de la nube de gas que quedó después de la explosión de una de las primeras estrellas del universo”.
El descubrimiento fue, en gran medida, fortuito. Los astrónomos, utilizando los telescopios del proyecto Sloan Digital Sky Survey (SDSS-V), estaban buscando estrellas lejanas y pobres en metales como parte de un estudio más amplio sobre la arqueología del espacio. Al analizar el espectro de luz de SDSS J0715-7334, notaron algo inusual. La estrella era excepcionalmente diferente a cualquier otra que hubieran observado antes. Para confirmar sus sospechas, utilizaron el instrumento MIKE del Telescopio Magellan Clay, ubicado en el Observatorio Las Campanas en la región de Atacama, Chile. Cuatro horas de observación detallada revelaron la composición química precisa de la estrella, confirmando su origen en la Gran Nube de Magallanes y su extrema pobreza en metales.

La importancia de este hallazgo radica en que las estrellas con baja metalicidad son como cápsulas del tiempo que nos permiten estudiar el universo temprano. Después del Big Bang, el universo estaba compuesto casi exclusivamente de hidrógeno y helio. Los elementos más pesados, como el hierro y el carbono, se formaron posteriormente dentro de las estrellas y a través de las explosiones de supernovas. Las estrellas como SDSS J0715-7334 se formaron a partir de estas primeras generaciones de elementos, ofreciendo una visión directa de las condiciones que existían en el universo primitivo.
Además, este descubrimiento desafía algunas de las ideas preconcebidas sobre la formación estelar. Anteriormente, se creía que las estrellas con baja metalicidad requerían la presencia de metales para enfriar el gas y formar estrellas como el Sol. Sin embargo, SDSS J0715-7334 demuestra que incluso con una cantidad mínima de metales, el polvo cósmico puede ser suficiente para enfriar el gas y permitir la formación de estrellas. Esta estrella es solo la segunda conocida con esta característica, y la primera que no pertenece a nuestra galaxia.
El hallazgo también sugiere que las galaxias lejanas, como las que observa el telescopio James Webb, podrían no ser tan 'puras' como se pensaba. Algunas de estas galaxias parecen tener pocos metales, pero SDSS J0715-7334 es más de 10 veces más pobre en metales que ellas, lo que indica que estas galaxias podrían estar formadas principalmente por estrellas de 'segunda generación', como J0715-7334, y no por las primeras estrellas originales.
Finalmente, la estrella revela que las primeras estrellas eran mucho más diversas de lo que se creía. SDSS J0715-7334 nació de la explosión de una estrella gigante de unas 30 veces la masa del Sol, mientras que la estrella más pobre encontrada anteriormente provenía de una estrella más pequeña. Esto sugiere que las primeras estrellas del universo no eran todas iguales, sino que dependían del lugar y las condiciones en las que se formaron.
La participación de José G. Fernández Trincado en este descubrimiento subraya el creciente papel de Chile en la astronomía mundial. “Nos da una oportunidad única de tener un rol importante participativo en este tipo de descubrimientos que nos permiten reconstruir las épocas iniciales de nuestro universo”, concluye Fernández. El estudio de SDSS J0715-7334 continuará, prometiendo desvelar aún más secretos sobre los orígenes del universo y nuestro lugar en él.