El estadio Juan Domingo Perón fue testigo de una noche agridulce para Defensa y Justicia, que sufrió su primera derrota del año ante Instituto de Córdoba por 2-0. Sin embargo, el resultado deportivo quedó eclipsado por una escalada de tensión y polémica arbitral que involucró al árbitro Andrés Merlos, al entrenador Mariano Soso y al jugador Lucas Souto. La derrota, en sí misma, ya era un golpe para el equipo de Florencio Varela, que llegaba con un invicto que alimentaba las esperanzas de sus seguidores. Pero las decisiones arbitrales, consideradas por el cuerpo técnico y los jugadores como determinantes para el resultado, encendieron la chispa de la controversia.
El punto de quiebre se produjo al final del partido. Lucas Souto, lateral de Defensa y Justicia, intentaba ejecutar rápidamente un saque de banda, aparentemente sin percatarse de que el árbitro ya había pitado el final del encuentro. Al ser detenido por el cuarto árbitro, su reacción fue inmediata: gestos de frustración y palabras que delataban la tensión acumulada durante todo el partido. Una vez consciente de que el encuentro había terminado, Souto se dirigió directamente hacia Andrés Merlos, encarándolo con vehemencia. La respuesta del árbitro no se hizo esperar: una tarjeta roja directa que selló el destino del jugador y añadió más leña al fuego.
La expulsión de Souto fue solo la punta del iceberg. Desde el banco de Defensa y Justicia, se habían escuchado constantes protestas a lo largo del partido por diferentes fallos arbitrales. Mariano Soso, entrenador del equipo, no ocultó su malestar en la conferencia de prensa posterior al encuentro. Sus declaraciones fueron contundentes y directas, acusando a Merlos de un comportamiento hostil y de un 'destrato sistemático' hacia sus jugadores.
"Hubo cierto condicionamiento por los fallos arbitrales, eso generó un nivel de tensión en el desarrollo del juego y no considero que sea saludable", expresó Soso, visiblemente afectado. El entrenador fue más allá, afirmando: "Creo profundamente en mis jugadores, vi un destrato permanente, sistemático. Es de público conocimiento el trato que tiene el árbitro que nos dirigió el día de hoy".

Soso no se limitó a criticar las decisiones arbitrales en sí mismas, sino que cuestionó la actitud del árbitro. "A lo largo de mi carrera no hice juicios de valor sobre profesionales que tienen aciertos y desaciertos, pero cuando esos comportamientos son sistemáticos, por el bien de nuestro fútbol, me parece bien señalarlos", agregó. Para el entrenador, la actuación arbitral no solo afectó el resultado, sino que también condicionó el desarrollo colectivo del equipo.
La polémica se intensificó cuando Soso reveló haber escuchado 'insultos' por parte del árbitro. "Se han dirigido con falta de respeto e insultos y se crea ficción del otro lado. Lo que sí ocurrió es el insulto", sintetizó el entrenador, dejando entrever que las acusaciones iban más allá de simples errores arbitrales.
Esta no es la primera vez que Mariano Soso se enfrenta públicamente a un árbitro. En la fecha 10, durante el empate entre Defensa y Justicia y Central Córdoba, el entrenador protagonizó un episodio similar tras la sanción de un polémico penal que derivó en el empate del conjunto santiagueño. En aquella ocasión, Soso acusó al árbitro Bryan Ferreyra de "empañar el fútbol argentino", lanzando frases que rápidamente se viralizaron en las redes sociales.
La derrota ante Instituto no solo implica una pérdida de puntos en la lucha por los primeros lugares del torneo, sino que también abre un debate sobre la calidad arbitral en el fútbol argentino. Defensa y Justicia, que ahora se ubica en la quinta posición de la Zona A con 19 unidades, deberá superar este traspié y enfocarse en los próximos desafíos. Mientras tanto, la polémica arbitral seguirá siendo el centro de atención, generando incertidumbre y alimentando las críticas hacia el desempeño de los árbitros en el fútbol argentino.
El partido también dejó en evidencia la necesidad de mejorar la comunicación entre los árbitros y los jugadores, así como de establecer criterios más claros y transparentes en la toma de decisiones. La escalada de tensión observada en el estadio Juan Domingo Perón es un llamado de atención para todos los actores del fútbol argentino, instándolos a trabajar juntos para garantizar un juego más justo y respetuoso.