El Monumental rugió, pero no sin sufrimiento. River Plate se enfrentó a un aguerrido Carabobo en la segunda fecha del Grupo H de la Copa Sudamericana, y la victoria no llegó fácil. El conjunto venezolano, lejos de replegarse, propuso un partido intenso, cerrando espacios y buscando sorprender en cada contraataque. El primer tiempo fue una batalla táctica, con River mostrando imprecisiones en el último pase y Carabobo defendiendo con uñas y dientes.
La noche parecía destinada a la frustración para los hinchas locales. River, que había rotado la formación pensando en el crucial Superclásico ante Boca del domingo, no lograba encontrar el ritmo ni la profundidad necesaria para romper el cerrojo venezolano. Las lesiones de Fausto Vera y, especialmente, de Juanfer Quintero, complicaron aún más las cosas. Quintero, figura clave en el esquema de Coudet, debió ser reemplazado en el primer tiempo, dejando un vacío creativo que River tardó en llenar.
Fue entonces cuando Eduardo Coudet, con su habitual lectura de partido, decidió mover el banco. La entrada de Kendry Páez, joven promesa de la cantera riverplatense, insufló aire fresco al mediocampo. Páez, con su velocidad y desparpajo, comenzó a generar peligro por la banda derecha, desequilibrando la defensa de Carabobo. Poco después, ingresó Sebastián Driussi, quien demostró rápidamente por qué es una pieza fundamental en el ataque de River.
El gol llegó al minuto 66, y fue una verdadera joya. Una jugada gestada por Páez, quien encaró con decisión por la derecha, culminó con un centro rasante que buscaba a un compañero. La pelota, sin embargo, quedó ligeramente larga. Pero Driussi, con su olfato goleador, intuyó la oportunidad. En lugar de intentar controlar, se sacó un derechazo potente y preciso que se coló en el ángulo superior derecho del arco defendido por Lucas Bruera. Un golazo que desató la locura en las tribunas y alivió la tensión en el campo de juego.

El tanto de Driussi no solo significó la victoria para River, sino también un golpe de confianza para el equipo. A partir de ahí, River se adueñó del partido, generando más ocasiones de gol. Tomás Galván, con un remate de cabeza que dio en el travesaño, estuvo cerca de ampliar la ventaja. Sin embargo, el marcador no se movió más.
La victoria sobre Carabobo representa un paso importante para River en la Copa Sudamericana. Con tres puntos en el bolsillo, el Millonario lidera el Grupo H, superando por un punto a su rival de turno. Ahora, el equipo de Coudet podrá enfocarse en el Superclásico ante Boca, un partido que promete ser un espectáculo vibrante.
Más allá del resultado, la actuación de River dejó algunas señales positivas. La capacidad de Coudet para modificar el equipo en el entretiempo, la frescura aportada por los jugadores que ingresaron desde el banco y la calidad individual de Driussi fueron factores clave para la victoria. Sin embargo, también quedó en evidencia la necesidad de mejorar la precisión en el último pase y la solidez defensiva. El camino hacia la gloria en la Copa Sudamericana es largo y exigente, y River deberá seguir trabajando duro para alcanzar sus objetivos.
El triunfo también sirve como un impulso anímico de cara al Superclásico. Enfrentar a Boca en el Monumental, con el apoyo de su hinchada, será un desafío enorme. Pero River, con la confianza renovada por la victoria sobre Carabobo, está listo para pelear por los tres puntos y mantener viva la ilusión de conquistar el título.