El Monumental vibró, pero esta vez con la alegría de la hinchada de Boca Juniors. Leandro Paredes, con un gol de penal en el minuto 68, desató el delirio y le dio una victoria crucial al Xeneize en el Superclásico número 266. El 1-0 no solo significó tres puntos de oro en la lucha por clasificar a los playoffs del Torneo Apertura, sino que también estuvo cargado de simbolismo y emociones.
Paredes, quien llegó a Boca después del Mundial de Clubes, se erigió como el líder en el campo de juego. Su gol, ejecutado con frialdad desde los doce pasos, fue el resultado de una jugada que había generado controversia, pero que finalmente fue sancionada a favor de Boca. Sin embargo, lo que realmente capturó la atención de todos fue su celebración. El mediocampista tomó un Topo Gigio, el famoso muñeco que fuera la mascota de Juan Román Riquelme durante su etapa como jugador, y lo besó, rindiendo un homenaje al ídolo boquense.
“Sí, me salió así, no fue pensado, ni nada. Me salió de esa manera”, confesó Paredes en la entrevista posterior al partido, visiblemente emocionado. “Estoy feliz por este grupo, que se lo merece. Hizo un partido increíble, estamos llenos de jugadores que quieren ganar cosas importantes. Por ese camino, vamos bien”. La referencia a Riquelme no fue casualidad. El gesto de Paredes fue una muestra de respeto y admiración hacia el ex capitán y actual presidente de Boca, un jugador que marcó una época en el club y que sigue siendo una figura central en la institución.
Pero la victoria no estuvo exenta de complicaciones. A los 73 minutos, Paredes solicitó el cambio debido a una molestia en el isquiotibial de la pierna derecha. “Sentí una molestia en el isquiotibial a los 20 minutos del primer tiempo, aguanté lo más que pude, pero tengo la suerte de tener compañeros que dan todo por esta camiseta. Y lo hicieron otra vez”, explicó el jugador, destacando el compromiso del equipo.

El partido también tuvo un momento de tensión cuando Paredes se vio involucrado en un cruce con Marcos Acuña, su compañero en la Selección Argentina. El lateral izquierdo, aparentemente molesto por una jugada en la que Paredes se quedó cerca de Joaquín Freitas tras una infracción, lo encaró y lo empujó. La situación generó un breve altercado, que fue rápidamente controlado por el árbitro Darío Herrera, quien amonestó a ambos jugadores.
Más allá de los incidentes, la victoria de Boca fue merecida. El equipo de Jorge Almirón jugó un partido inteligente, sabiendo aprovechar los espacios y contragolpear con velocidad. La defensa se mostró sólida y el mediocampo, liderado por Paredes, controló el ritmo del juego. El planteo de River, que intentó cortar los circuitos de juego, no logró imponerse ante la superioridad de Boca.
“Sabíamos que iba a ser de esta manera. Sabíamos que se iba a jugar poco por lo que se habló en la previa. La cancha no estaba de la mejor manera. Se ganó, estamos felices, se sigue con la seguidilla (13 partidos sin perder), estamos muy bien, felices. Mañana, a pensar en lo que viene”, analizó Paredes, poniendo en perspectiva la importancia de la victoria y la necesidad de seguir trabajando para mejorar.
La celebración en el vestuario fue una fiesta. Paredes, junto con sus compañeros, inmortalizó el momento con una selfie que rápidamente se viralizó en las redes sociales. La imagen, que muestra a un equipo unido y feliz, es un reflejo del buen momento que atraviesa Boca Juniors. La victoria en el Monumental no solo acerca al Xeneize a los playoffs, sino que también le da un impulso anímico para afrontar los próximos desafíos. El Superclásico, una vez más, demostró ser un partido único, lleno de pasión, emoción y simbolismo.