La tarde del 23 de marzo de 1976, mientras la sombra de un golpe de estado se cernía sobre Argentina, la tapa de *La Razón* anunciaba lo que muchos temían: “Es inminente el final. Todo está dicho”. Los rumores, que habían comenzado a circular el año anterior, se intensificaron a medida que el gobierno de María Estela Martínez de Perón se tambaleaba bajo el peso de una crisis política, económica y social devastadora. A las primeras horas del 24 de marzo, el golpe era una realidad, marcando el inicio de una era oscura para el país.
En medio de la conmoción generalizada, una pregunta persistía: ¿qué pasaría con el fútbol argentino? ¿Se detendría la actividad, o continuaría como si nada estuviera ocurriendo? La respuesta, como muchas otras durante la dictadura, fue compleja y reveladora. El fútbol, lejos de detenerse, siguió adelante, con el claro guiño y la manipulación de la Junta Militar.
Apenas asumido el poder, la Junta emitió una serie de comunicados estableciendo las nuevas reglas del juego. La mayoría de los espectáculos y transmisiones fueron suspendidos, con una notable excepción: el partido de la Selección Nacional contra Polonia en Chorzów. El comunicado número 23 dejaba claro que este evento deportivo sería transmitido en vivo, tal como estaba programado. Esta decisión no fue casualidad. La Junta Militar comprendió rápidamente el poder del fútbol como herramienta de propaganda y distracción.
En el estadio Monumental, la noche del 23 de marzo, River Plate se enfrentaba a Portuguesa de Venezuela. La Pepona Reinaldi, titular aquella noche, recuerda la atmósfera de normalidad aparente: “Habíamos ganado un partido importante, que nos acercaba a la clasificación. Marqué un gol en cada arco, parecía una noche normal. Terminamos cerca de las 23 horas, fuimos a cenar a la Costanera… No se sentía nada raro en las calles”. Sin embargo, al intentar regresar a casa, se encontraron con un panorama completamente diferente: tanques y soldados bloqueando las calles, impidiendo cualquier movimiento. La noticia del golpe les llegó como un shock.
Paralelamente, la Selección Argentina se encontraba en plena gira por Europa del Este, bajo la dirección de César Luis Menotti. El viaje, que había comenzado el 14 de marzo, fue un maratón logístico: Buenos Aires - Las Palmas - Madrid - París - Zurich - Varsovia - Moscú - Kiev. Para muchos de los jugadores, era su primera experiencia en el viejo continente, llena de asombro y desafíos. Jorge Olguín relata una anécdota peculiar en Moscú: “Mi visa estaba a nombre de otro compañero, Julio Asad. En la aduana, los soldados me miraban confundidos, señalando mi pasaporte y la visa. Me dejaron sentado en un banquillo como en las películas hasta que llegó gente de la embajada para solucionar el problema”.

El fin de semana anterior al golpe, la 8° fecha del Metropolitano había arrojado resultados sorprendentes: Quilmes venció a River 3-1, Huracán goleó a Ferro 5-1, y Boca superó a San Telmo 2-1 con un gol de García Cambón. El sábado 20, la televisión transmitió en vivo el partido entre Argentina y la Unión Soviética en Kiev, un evento inusual para la época. Argentina ganó 1-0 con un gol de Mario Kempes, en una actuación memorable del “Loco” Gatti, quien confiesa haber tomado un poco de whisky para combatir el frío y la tensión.
La cobertura mediática de la gira era limitada. Fernando Niembro, relator de Canal 7, fue uno de los pocos periodistas presentes. Describe la escena en Kiev: “El campo de juego estaba cubierto por un metro de nieve. Los encargados del estadio prometieron dejarlo en condiciones, y lo lograron con turbinas de avión. Durante el partido, siguió nevando. Al final, los jugadores estaban ateridos de frío, esperando agua caliente que trajeron mozos con guantes blancos”.
La alegría del plantel argentino por la victoria contrastaba con la creciente incertidumbre en el país. Los diarios ya anunciaban el final del gobierno de Martínez de Perón. Ajenos a todo eso, los jugadores se preparaban para el partido contra Polonia. Niembro recuerda haber recibido la noticia del golpe a través de José María Muñoz, el corresponsal en Polonia. “Mi padre trabajaba en el Ministerio de Trabajo, y yo quería saber qué estaba pasando. Al final, el partido se transmitió en vivo, y pude hablar con mis padres para confirmar que estaban bien”.
Héctor Scotta, quien también formaba parte del plantel, relata: “Estábamos cenando cuando Menotti y el presidente de la delegación nos informaron sobre el golpe. Videla había ordenado que la Selección continuara la gira. Estábamos asustados, no sabíamos qué estaba ocurriendo en el país. Jugué contra Polonia y marqué un gol, pero no tuve tiempo de festejar porque Menotti me reemplazó”.
La actividad futbolística en Argentina no se detuvo. Estudiantes goleó a Portuguesa 3-0 el 25 de marzo, y al día siguiente comenzó una nueva fecha del Metropolitano con el triunfo de River sobre Temperley. La Junta Militar, consciente del potencial propagandístico del fútbol, había decidido mantenerlo en marcha, preparando el terreno para la organización de Argentina ‘78. La pelota siguió rodando, mientras el país se sumía en la oscuridad de la dictadura.