La selva de Ngogo, en Uganda, ha sido testigo de un fenómeno impactante que ha sacudido la comunidad científica: la primera evidencia documentada de una “guerra civil” entre chimpancés. Un estudio publicado en la prestigiosa revista *Science*, liderado por el antropólogo evolutivo Aaron Sandel de la Universidad de Texas en Austin, revela que un grupo de chimpancés (Pan troglodytes) que alguna vez fue socialmente unido se dividió y se sumió en un conflicto letal que se extendió durante siete años.
Durante tres décadas, los investigadores observaron de cerca al grupo de Ngogo, el más grande conocido de chimpancés, con una población que superaba los 200 individuos y más de 30 machos adultos. Inicialmente, el grupo prosperaba, pero a partir de 2015, se detectó una transición gradual de la cohesión a la polarización. Para 2018, la división era evidente, dando lugar a dos facciones distintas. Lo que siguió fue una escalada de violencia que dejó una huella trágica: entre 2018 y 2025, los miembros de un grupo perpetraron 24 ataques contra el otro, resultando en la muerte de al menos siete machos adultos y diecisiete crías.
Este descubrimiento es particularmente sorprendente porque la violencia entre grupos de chimpancés es un fenómeno conocido, generalmente motivado por la defensa del territorio o la competencia por recursos. Sin embargo, la violencia dentro de un mismo grupo, una vez dividido, es algo que nunca antes se había observado con tanta claridad. Los investigadores enfatizan que, a diferencia de las guerras humanas, que a menudo están impulsadas por ideologías, etnias, religiones o políticas, los chimpancés no tienen estas mismas motivaciones.
¿Qué desencadenó esta guerra civil simiesca? El estudio apunta a una combinación de factores. El tamaño del grupo, en sí mismo, pudo haber ejercido una presión considerable sobre las relaciones sociales. Con tantos individuos compitiendo por comida y oportunidades de apareamiento, las tensiones eran inevitables. Sin embargo, fueron una serie de eventos críticos los que parecen haber exacerbado la situación.

En 2014, la muerte de cinco machos adultos y una hembra, posiblemente debido a una enfermedad, desestabilizó las redes sociales del grupo. Los investigadores señalan que la pérdida de individuos, incluso aquellos con conexiones sociales débiles, puede tener un impacto significativo en la cohesión del grupo. En 2015, la elección de un nuevo macho alfa provocó la primera separación sostenida entre los miembros del grupo, con algunos chimpancés evitando activamente a otros. Los cambios en la jerarquía, como la ascensión de un nuevo líder, a menudo conducen a un aumento de la agresión y la inestabilidad social.
Finalmente, en enero de 2017, una epidemia respiratoria devastó el grupo, cobrándose la vida de 25 individuos, incluyendo cuatro machos adultos y diez hembras adultas. Si bien la polarización ya estaba en marcha en ese momento, la epidemia pudo haber acelerado la separación final. Uno de los machos que murió durante la epidemia era uno de los últimos que intentaba mantener la conexión entre los dos grupos.
Las implicaciones de este estudio son profundas. Sugiere que la dinámica relacional, es decir, las interacciones y relaciones entre individuos, puede desempeñar un papel causal más importante en el conflicto que lo que se pensaba anteriormente, incluso en humanos. Si los chimpancés pueden polarizarse, dividirse y participar en agresiones letales sin la necesidad de marcadores culturales complejos, entonces los mecanismos subyacentes a la violencia colectiva podrían ser más universales de lo que se creía. Este hallazgo podría llevar a una reevaluación de los modelos actuales de violencia colectiva humana y a una mejor comprensión de las causas fundamentales del conflicto.
El estudio de Sandel y su equipo no solo arroja luz sobre el comportamiento de los chimpancés, sino que también nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia especie y las fuerzas que nos impulsan a la violencia. ¿Qué nos diferencia de nuestros parientes más cercanos? ¿Son los marcadores culturales suficientes para explicar la complejidad de las guerras humanas? Estas son preguntas que la ciencia deberá seguir explorando en el futuro.