La guerra en Medio Oriente, más allá de sus consecuencias humanitarias y geopolíticas, está generando ondas expansivas en la economía global, y Argentina no es una excepción. Uno de los sectores más afectados es la pesca, un pilar fundamental para la economía de varias provincias costeras y una fuente crucial de proteína animal para la población. El reciente aumento del precio del gasoil, impulsado por la volatilidad internacional, ha puesto en jaque la viabilidad de la actividad pesquera, amenazando con un desabastecimiento de pescado fresco y un incremento en los precios.
En las últimas semanas, el precio del gasoil en Argentina experimentó un salto del 20%, elevándose de $1.300 a más de $2.100 el litro. Este incremento, según Eduardo Boiero, presidente de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la República Argentina (CAPECA), ha impactado de manera especialmente severa en las lanchas amarillas de Mar del Plata, embarcaciones dedicadas al abastecimiento del mercado interno con pescado fresco. Estas flotas, que tradicionalmente proveen a los mercados locales, se encuentran al borde de la paralización, ya que los costos operativos superan ampliamente los ingresos.
“El sector pesquero argentino es netamente exportador, se exporta más del 90% de lo que los buques capturan en el mar argentino”, explica Boiero. Sin embargo, esta dependencia de las exportaciones no protege al sector de los problemas internos. La combinación de altos costos laborales, un tipo de cambio desfavorable y ahora, el aumento del combustible, crea una tormenta perfecta que dificulta la rentabilidad de las empresas pesqueras.
El combustible representa entre el 20% y el 40% del costo de producción de cada marea, según el tipo de flota y pesquería. Esto significa que el aumento del gasoil tiene un impacto directo y significativo en los márgenes de ganancia de las empresas. Para las flotas costeras de Mar del Plata, que operan con márgenes más ajustados, la situación es particularmente crítica. “No cierran los números. No hay ninguna rentabilidad en flotas como la costera de Mar del Plata y fresqueros; están prácticamente paralizadas”, advierte Boiero.

La caída en la aprobación para operar se traduce en una oferta insuficiente en el mercado interno. Si bien el mercado interno es relativamente pequeño en comparación con el volumen total de la industria pesquera argentina, su abastecimiento es fundamental para garantizar el acceso a pescado fresco a la población local. La reducción de la oferta podría generar un aumento de los precios, afectando especialmente a los consumidores de menores recursos.
Durante Semana Santa, tradicionalmente se observa un incremento en el valor del pescado debido a la mayor demanda. Sin embargo, este aumento no se traslada a los pescadores, ya que los márgenes son tan estrechos que no permiten absorber los costos adicionales. “Suben los precios por la poca oferta que hay, pero el aumento no le llega al pescador. Hay menos oferta porque no dan los números a la flota”, asegura Boiero.
El problema no se limita a Mar del Plata. Otras flotas pesqueras también enfrentan dificultades similares, aunque el impacto puede variar según la estructura productiva y el tipo de embarcaciones predominantes. Algunas empresas han intentado ajustar los convenios colectivos para reducir los costos laborales, pero estas medidas suelen generar conflictos y no siempre son suficientes para revertir la situación.
La guerra en Medio Oriente no solo ha provocado el aumento del combustible, sino también de los fletes y una retracción de los mercados principales para la Argentina. Los sectores hoteleros y turísticos, que son importantes compradores de las exportaciones pesqueras, han visto caer la demanda, lo que dificulta aún más la situación. “Entonces los precios no suben y los costos sí suben. La situación es cada vez más complicada”, sintetiza Boiero.
El futuro del sector pesquero argentino es incierto. Si no se toman medidas urgentes para mitigar el impacto del aumento del combustible y mejorar la competitividad de las empresas, la actividad podría verse seriamente afectada, con consecuencias negativas para la economía y el abastecimiento de alimentos.