La sombra del conflicto en Medio Oriente se extiende sobre la economía global, y Argentina no es inmune a sus coletazos. Lo que comenzó como una crisis regional amenaza con desestabilizar los mercados financieros y agravar los problemas económicos internos del país. La volatilidad, la inflación y la incertidumbre son las palabras clave que definen el panorama actual.
El comportamiento errático de los mercados, impulsado por las decisiones impredecibles de figuras como Donald Trump, complica aún más la situación. Los analistas se ven imposibilitados de realizar pronósticos precisos, ya que las estrategias de Estados Unidos en relación con el conflicto cambian constantemente. Un ejemplo claro fue la rápida modificación de postura en un lapso de cuatro horas, donde se pasó de considerar una intervención militar para controlar el petróleo iraní a descartar la idea por temor a la reacción de la opinión pública estadounidense. Esta inestabilidad genera desconfianza en los inversores y los lleva a adoptar posiciones cautelosas.
En las Bolsas de Nueva York, la reacción inicial fue un leve aumento (+0,5%) impulsado por la esperanza de una tregua. Sin embargo, tras el anuncio de Estados Unidos, las tendencias se volvieron difusas y los mercados overnight mostraron leves pérdidas. El oro se mantuvo estable, mientras que el petróleo experimentó alzas moderadas. Este escenario de incertidumbre se trasladó al mercado local, donde los bonos soberanos se mantuvieron relativamente calmados y el riesgo país se redujo a 611 puntos básicos. No obstante, la falta de fundamentos sólidos para tomar decisiones a corto plazo, e incluso inmediato, generó impotencia entre los inversores.
El VIX, conocido como el “índice del miedo”, refleja la volatilidad del mercado y ha experimentado un aumento del 0,45%, alcanzando los 24 puntos. Un VIX por encima de 30 indica una fase de volatilidad extrema y la salida de inversores de activos de mayor riesgo. En este contexto, plataformas financieras como Investing publican guías de supervivencia para inversores, aconsejando no entrar en pánico y blindar sus carteras, evitando asumir riesgos innecesarios y ventas impulsivas.
Bancos como UBS advierten que los inversores deben prepararse para una intensificación del conflicto antes de una posible tregua. La recomendación general es priorizar las posiciones en materias primas, ya que la normalización del suministro de gas y petróleo, incluso después de un cese de hostilidades, tomará meses debido a los daños sufridos en las instalaciones.
En Argentina, el impacto del conflicto se siente especialmente en el sector agropecuario y pesquero. Las cámaras del sector advierten que el precio del gasoil ha aumentado más del 40% en lo que va de 2026, lo que amenaza la actividad y el empleo. Exigen una exención impositiva transitoria para mitigar el impacto de los costos energéticos.

CREA, la entidad que agrupa a empresarios del agro, advierte que el encarecimiento de la energía y los combustibles tendrá un impacto directo en la inflación. El precio del gasoil ha aumentado un 22% y el de la urea un 63% en el año, lo que empeora las relaciones de precio para la siembra de la fina. La reciente subida del 5% en el precio del gasoil en Europa y el aumento del 30% en Estados Unidos desde el inicio del conflicto agravan aún más la situación.
La mayor inflación esperada aleja la posibilidad de recortes de tasas de interés en Estados Unidos y fortalece al dólar frente a otras monedas, con la excepción del peso argentino. Esta apreciación del dólar reduce el valor del oro, el euro y el yuan, que conforman la mayor parte de las reservas de Argentina. A pesar de las compras de dólares, las reservas disminuyen debido a que la divisa estadounidense representa menos de la mitad del total.
En el mercado cambiario argentino, el MEP perdió 0,3% y cerró a $1.430, mientras que el contado con liquidación subió 0,2% a 1.481 pesos. El dólar blue cedió $5 y se cotiza a $1.400, convirtiéndose en la opción más barata y atractiva para quienes planean viajar a Estados Unidos. El dólar mayorista bajó $1 a 1.393 pesos.
El analista financiero Salvador Vitelli ha comparado la depreciación del dólar en los últimos años con la evolución del peso argentino, revelando que las crisis cambiarias pasadas, como el “sudden-stop” de 2018, la corrida de 2019, la crisis de deuda de 2022 y la corrida preelectoral de 2023, equivaldrían hoy a valores significativamente más altos. La devaluación de diciembre de 2023 y el aumento previo a la devaluación también se traducen en cifras elevadas en términos actuales.
Según Inversiones Pergamino, el dólar se ha mantenido estable en la zona de los $1.400, sin mostrar señales claras de presión cambiaria. Esta calma relativa se atribuye al inicio del proceso de liquidación del agro, que se espera que genere importantes ingresos de divisas en las próximas semanas. Sin embargo, la atención se centra en la inflación de los próximos meses y en el impacto del precio internacional del crudo en la economía real. Un petróleo más tensionado podría presionar sobre los combustibles, los servicios y toda la cadena productiva, alterando las expectativas y condicionando el proceso de desaceleración inflacionaria.
Las tasas de interés se mantienen en una zona de 20% a 25%, considerada por el mercado como parte del equilibrio actual. El Merval en dólares, medido por el contado con liquidación, se mantiene en la zona de los 2.000 dólares, un nivel psicológico y técnico clave para determinar si el equity argentino logra consolidar un nuevo tramo alcista. El rendimiento de las LECAP a tasa fija ha bajado a 1,8% efectivo mensual para abril y mayo, y subirá a entre 2,03% y 2,21% efectivo mensual a partir de junio. F2, la consultora de Andrés Reschini, destaca que el peso argentino ha sido una de las monedas más fortalecidas desde el estallido de la guerra en Medio Oriente, mientras que la mayoría de las otras monedas emergentes se han debilitado.