La sombra de la guerra en Medio Oriente se extiende sobre los mercados financieros globales, amenazando con desestabilizar una economía mundial que aún se recupera de los shocks de los últimos años. La escalada del conflicto, con la posibilidad real de un ataque a Irán por parte de Estados Unidos y la amenaza de los hutíes a la navegación en el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, ha encendido las alarmas en Wall Street y en las capitales financieras del mundo. Esta situación, lejos de resolverse, se perfila como un factor de riesgo clave para la semana corta que se avecina, marcada por el feriado de Semana Santa en Estados Unidos y Argentina.
El estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al Mar Rojo y al Canal de Suez, es vital para el comercio mundial y, especialmente, para el flujo de energía. Su bloqueo, ya sea por ataques directos o por la imposición de restricciones, podría disparar los precios del petróleo y agravar la inflación global, un problema que ya aqueja a muchas economías, incluyendo la argentina.
El impacto inmediato se ha visto reflejado en el aumento de las tasas de los bonos del Tesoro de EEUU, alcanzando el 4,44% el viernes pasado. Este incremento complica el financiamiento para los países emergentes, y Argentina no es una excepción. La reciente licitación de bonos en dólares por parte del Tesoro argentino, que se colocaron al 8,5% anual, es una clara señal de la desconfianza de los inversores y del mayor costo del financiamiento.
En este contexto, las consultoras financieras argentinas han ajustado sus proyecciones y advierten sobre la volatilidad de los mercados. FMyA, dirigida por Fernando Marull, señala que el conflicto tiene un impacto mixto en Argentina: por un lado, el mercado ha interpretado que el país cuenta con más dólares, pero por otro, anticipa una mayor inflación debido al aumento de los precios de la nafta y otros combustibles. La consultora espera un rebote de los mercados cuando la guerra cese, pero advierte que los datos macroeconómicos no han cambiado significativamente.

La inflación sigue siendo el principal desafío para la economía argentina. En las últimas cuatro semanas, ha ascendido al 0,6%, y en marzo se situó en el 3%, aunque podría superar el 3,1% si la nafta continúa subiendo. Esta inflación erosiona el poder adquisitivo de los salarios, que han caído un 3% anual, y afecta a la actividad económica, que se mantuvo estable en el primer trimestre del año. Sin embargo, FMyA prevé un rebote de la actividad en el segundo trimestre, impulsado por la recuperación de los salarios, la cosecha de abril a junio y un mayor movimiento de la inversión, proyectando un crecimiento del 4%.
La consultora 1816, por su parte, ha analizado las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre el “riesgo K”, refiriéndose al temor de los inversores a un regreso de políticas populistas. Si bien en un principio parecía que Argentina estaba en camino de recuperar el acceso al mercado internacional, la guerra en Medio Oriente ha complicado las cosas y ha generado dudas sobre la sostenibilidad del modelo económico actual. La consultora advierte que es fundamental evitar que el “riesgo K” económico se transforme en un “riesgo K” político, lo que podría generar una mayor incertidumbre y alejar a los inversores.
EconViews, liderada por Miguel Kiguel, destaca que, si bien los datos muestran un crecimiento de la economía, este es desigual y se concentra en sectores ligados a las exportaciones, como el agro, la energía y la minería. Los sectores intensivos en mano de obra, como la industria, la construcción y el comercio, registran una tendencia negativa, y los salarios reales siguen perdiendo terreno frente a la inflación. El gobierno apuesta por tasas de interés más bajas para impulsar la economía, aprovechando la estabilidad del tipo de cambio, pero esto podría alimentar la inflación.
La consultora F2, encabezada por Andrés Reschini, señala que la guerra en Medio Oriente está empujando a los mercados hacia la búsqueda de refugio, lo que se traduce en expectativas de mayor inflación, tasas de interés más altas y menor actividad económica. El precio del petróleo ha aumentado significativamente en las últimas semanas, reavivando la incertidumbre. La economía local enfrenta el desafío de conseguir financiamiento para renovar su deuda en moneda extranjera y, al mismo tiempo, mantener el sendero de desinflación, algo que se ha visto obstaculizado por el aumento de los precios de los combustibles.
En resumen, el panorama económico global y argentino es complejo y está marcado por la incertidumbre. La escalada del conflicto en Medio Oriente representa un riesgo significativo para la estabilidad financiera y podría afectar negativamente el crecimiento económico. Argentina, en particular, enfrenta desafíos adicionales debido a su situación económica vulnerable y la persistencia de la inflación. La clave para superar estos desafíos reside en la capacidad del gobierno para mantener la estabilidad macroeconómica, evitar errores que puedan socavar la confianza de los inversores y promover un crecimiento económico sostenible e inclusivo.