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Inflación: ¿El Gobierno Milei pierde el control? Analistas debaten el rumbo de la política monetaria

Tras meses de éxito, la desinflación en Argentina se estanca. ¿Es la política monetaria del gobierno la culpable? Expertos analizan los factores en juego y las posibles soluciones.

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Inflación: ¿El Gobierno Milei pierde el control? Analistas debaten el rumbo de la política monetaria

La inflación en Argentina, un flagelo que ha corroído el poder adquisitivo de los ciudadanos durante décadas, se encuentra en una encrucijada. Tras un período inicial de relativa calma bajo la administración de Javier Milei, la desinflación que se había instalado como una promesa tangible parece haberse detenido en seco. La pregunta que se plantea todo el mundo es: ¿qué está pasando? ¿Está el gobierno perdiendo el control de la situación? ¿O se trata de un mero ajuste temporal en el camino hacia la estabilidad económica?

La frase de Milton Friedman, “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, resuena con fuerza en el discurso oficialista. El presidente Milei ha defendido consistentemente esta idea, atribuyendo su éxito inicial en la reducción de la inflación a la implementación de políticas monetarias restrictivas. Sin embargo, los últimos datos contradicen esta narrativa, generando un intenso debate entre los analistas económicos.

Según los datos del INDEC, la inflación mensual saltó a un alarmante 25,5% en diciembre de 2023, coincidiendo con el inicio del mandato de Milei. A partir de ese pico, se observó una rápida disminución durante los primeros meses de 2024, impulsada por el ajuste fiscal, la contracción monetaria y la estabilización del tipo de cambio. La inflación llegó a tocar un piso de 1,5% en mayo de 2024, alimentando las expectativas de una desinflación sostenida. Pero esta tendencia positiva se interrumpió bruscamente en la segunda mitad de 2025, con una variación del IPC que se estabilizó en torno al 2,9% mensual durante enero y febrero de 2026. La baja de precios perdió dinamismo, y la inflación se instaló en un rango preocupante.

La consultora GMA Capital describe este escenario como un punto de inflexión para la política del gobierno. Tras un éxito inicial basado en un ajuste fuerte y un control monetario estricto, la situación actual se caracteriza por un tipo de cambio firme, un crecimiento de los agregados monetarios cercano al 20% interanual y una actividad económica que no logra despegar. En este contexto, la inflación se ha estancado, generando incertidumbre y preocupación.

El debate sobre la política monetaria se ha intensificado en las últimas semanas. Kevin Sijniensky, economista jefe de Econviews, critica la falta de un ancla antiinflacionaria clara. Según Sijniensky, durante la primera parte de la gestión, el tipo de cambio actuó como ancla nominal, con un crawling peg que luego fue reemplazado por bandas cambiarias y la eliminación de la tasa de política monetaria. “No existe actualmente un ancla antiinflacionaria fuerte o claramente definida; lo que contribuye a la mayor inercia inflacionaria”, afirma.

Inflación: ¿El Gobierno Milei pierde el control? Analistas debaten el rumbo de la política monetaria

Sijniensky también cuestiona la credibilidad de la política monetaria actual, argumentando que el gobierno ha adoptado la cantidad de dinero como nueva referencia para frenar la inflación, pero sin definir metas claras ni comunicar de manera efectiva. Además, la volatilidad de las tasas de interés y la dificultad para estimar la demanda de dinero en un contexto inestable complican la tarea del Banco Central. “El ancla monetaria, por ese lado, es débil. El ancla de tasa de interés se perdió una vez que eliminaron la tasa de política monetaria y el esquema en sí ha producido muchísima volatilidad en las tasas. Tampoco es un mecanismo efectivo para bajar la inflación”, explica.

La política monetaria actual, según Sijniensky, es flexible y depende de la dinámica del tipo de cambio. Cuando la cotización se mantiene estable, el gobierno permite una mayor liquidez y una baja de las tasas (expansiva). Si aparece presión cambiaria, el Banco Central retira pesos a través de diversas herramientas. “Es una política monetaria que cambia cada dos semanas, después de las licitaciones y que depende mucho de si el Gobierno se siente cómodo o no con el tipo de cambio. En este momento diría que es relativamente expansiva, pero en otros momentos ha sido generalmente contractiva”, asegura.

Fernando Marull, de FMyA, corrobora este giro hacia una política monetaria más expansiva, señalando la reducción de las tasas de interés como un indicador clave. Martín Polo, de Cohen Aliados Financieros, destaca que el gobierno está haciendo los deberes para bajar la inflación, pero advierte que busca generar una expectativa de desaceleración más rápida de la que se verifica. Polo subraya que la falta de emisión para financiar el déficit fiscal, la estabilidad de la base monetaria y el tipo de cambio son factores positivos, pero que la baja actividad económica, la inercia inflacionaria y los precios regulados limitan el margen de maniobra de la política monetaria.

La visión del gobierno, representada por Federico Furiase, secretario de Finanzas, difiere de la interpretación de los analistas. Furiase considera que las condiciones monetarias actuales, con agregados creciendo cerca del 20%, podrían permitir que la inflación retome la trayectoria descendente en abril o mayo. Atribuye el freno en la baja de la inflación a factores políticos y a aumentos puntuales en tarifas y precios de la carne. Además, señala que los impactos de la política monetaria se sienten primero en el tipo de cambio y los precios mayoristas, y solo después en los precios minoristas.

En resumen, el futuro de la inflación en Argentina es incierto. La interrupción de la desinflación ha generado un debate intenso entre los economistas, y el gobierno enfrenta el desafío de encontrar un equilibrio entre el control de la inflación y el estímulo al crecimiento económico. Los próximos meses serán cruciales para determinar si la política monetaria actual es capaz de revertir la tendencia y devolver a Argentina al camino de la estabilidad económica.