El 6 de abril de 1986 quedará grabado a fuego en la memoria de los hinchas de River Plate. No solo por la victoria ante Boca Juniors en su propio estadio, La Bombonera, sino por la osadía de dar la vuelta olímpica en territorio enemigo, un gesto que trascendió lo deportivo para convertirse en un símbolo de superioridad y desafío. Aquella tarde, el Superclásico no fue solo un partido de fútbol; fue una declaración de intenciones, una demostración de poderío y la consagración de un ídolo: Beto Alonso.
La historia comienza mucho antes de ese domingo. River ya era campeón, habiendo asegurado el título con varias fechas de anticipación. La idea de celebrar la consagración en la Bombonera, un territorio históricamente hostil, generó una enorme polémica. Las autoridades, temiendo incidentes, sugirieron que se evitara la vuelta olímpica. Pero la determinación de los jugadores, liderados por Norberto Alonso, era inquebrantable. Como recordó el propio Beto, “Me van a sacar muerto, pero voy a dar la vuelta olímpica”. Y cumplieron su promesa.
El ambiente en la Bombonera era electrizante. Boca, bajo la dirección técnica de Mario Zanabria, había logrado levantar su nivel después de un comienzo irregular. El equipo xeneize contaba con refuerzos importantes como Jorge Higuaín, Milton Melgar y Jorge Rinaldi, y venía de una racha de 12 partidos invictos. Sin embargo, nada parecía detener la marcha imparable de River.
La innovación de la pelota naranja fue una respuesta a los incidentes ocurridos en el partido de ida, disputado en el Monumental. Los hinchas de Boca habían arrojado una gran cantidad de papelitos al campo de juego, dificultando la visibilidad del balón. Para evitar que esto se repitiera, Adidas fabricó una pelota de color naranja, con el objetivo de que fuera más fácil de distinguir. La pelota fue utilizada en el calentamiento y, curiosamente, en un tiro de esquina durante el primer tiempo. Sin embargo, al comenzar el segundo tiempo, se volvió a utilizar la tradicional pelota blanca y negra.

El partido fue un espectáculo de emociones. River se puso en ventaja gracias a un cabezazo de Beto Alonso, tras un centro de Roque Alfaro. El gol, marcado a los 31 minutos del primer tiempo, desató la euforia en la tribuna visitante. La jugada quedó inmortalizada en la memoria colectiva, no solo por la importancia del gol, sino también por la imagen de Alonso elevándose por encima de los defensores de Boca, incluyendo a Oscar Higuaín y Roberto Passucci.
El segundo gol de River llegó a falta de cinco minutos para el final, a través de un tiro libre de Alonso que se desvió en la barrera, engañando al arquero Gatti. Con el 2-0 a favor, la victoria estaba sentenciada. Y entonces, llegó el momento más esperado: la vuelta olímpica. Los jugadores de River, desafiando las advertencias y la hostilidad del público local, recorrieron el campo de juego celebrando el título, mientras los hinchas millonarios deliraban en la tribuna.
La figura de Beto Alonso brilló con luz propia en aquel Superclásico. Más allá de los goles, su liderazgo, su técnica y su entrega lo convirtieron en el héroe de la tarde. Alonso, un jugador elegante y talentoso, había marcado una época en el fútbol argentino. Su paso por River Plate estuvo lleno de éxitos, incluyendo campeonatos, copas y la gloria de la Copa Libertadores. Su gol con la pelota naranja se convirtió en un símbolo de su grandeza y en un recuerdo imborrable para los hinchas riverplatenses.
Matías Patanián, ex vicepresidente de River Plate y ferviente admirador de Alonso, lo describe como “un recuerdo único y que está entre los cinco más importantes de la historia del club en los últimos 50 años”. Patanián destaca la importancia de la vuelta olímpica en la Bombonera y el papel fundamental de Alonso en la conquista del título. “Si hacía falta algo para que el Beto esté en el podio de las tres leyendas más grandes de la historia de River, era lo de aquella tarde en la cancha de Boca”, afirma.
El Superclásico de 1986 fue mucho más que un partido de fútbol. Fue un evento que trascendió lo deportivo para convertirse en un símbolo de rivalidad, pasión y gloria. La imagen de River dando la vuelta olímpica en la Bombonera, con Beto Alonso a la cabeza, quedará grabada para siempre en la memoria de los hinchas de ambos equipos. Un día en el que la naranja se convirtió en el color de la victoria y Alonso, en una leyenda.