La industria del langostino argentino, un pilar fundamental de las exportaciones del país, se encuentra al borde de un nuevo comienzo. Después de un 2025 marcado por la parálisis y las pérdidas millonarias, la temporada 2026 se inició con un panorama desalentador: más de cien barcos amarrados, a la espera de un acuerdo laboral que parecía inalcanzable. El langostino, que en la segunda mitad de la década pasada llegó a generar hasta 1.300 millones de dólares anuales, vio su valor reducido a 867 millones en 2025, una caída drástica que evidenció la fragilidad del sector.
El conflicto se centra en las condiciones económicas que aseguren la viabilidad y sustentabilidad de la actividad pesquera. Las cámaras de la industria –Capip, Capeca y CEPA– denunciaron la actitud inflexible del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), liderado por Raúl Durdos, acusándolo de paralizar la industria. La sombra de 2025, un año de pérdidas devastadoras, se cernía sobre el sector, amenazando con repetir el mismo escenario.
Sin embargo, la dinámica ha cambiado. El contexto económico actual presenta algunos elementos favorables. Los precios internacionales del langostino han experimentado una leve mejora en comparación con el año anterior, lo que brinda un respiro a las empresas pesqueras. Además, las compañías ahora tienen la posibilidad legal de negociar acuerdos a nivel individual, una estrategia que ya implementó Conarpesa, del empresario Fernando Álvarez Castellano, logrando que once barcos retomaran la actividad.
Pero el factor más significativo es el cambio en el ánimo de los trabajadores. Los marineros, que sufrieron una drástica reducción de ingresos en 2025, están ansiosos por volver a trabajar. Este hartazgo se reflejó en la masiva inscripción de más de 2.000 marineros en el registro de Conarpesa, incluyendo a todo su personal. La necesidad económica ha impulsado un movimiento tectónico en las elecciones sindicales, con la pérdida de SOMU en la seccional de Puerto Madryn, una de las más importantes del país.
Alexis López, el nuevo líder electo en Madryn, ha manifestado su deseo de alcanzar un acuerdo para reactivar la pesca. “El año pasado fue terrible, la gente está cansada, quieren que les digan la verdad”, declaró a Revista Puerto. Esta nueva realidad ha abierto un canal de diálogo que parecía imposible hace unos meses.

Las cámaras pesqueras presentaron a la Secretaría de Trabajo una propuesta basada en tres “tablas” de premios por producción, vinculadas al precio del langostino. La propuesta contempla diferentes escalas según el precio de la tonelada, ofreciendo incentivos para mantener la competitividad del sector. Inicialmente, SOMU y Simape rechazaron la propuesta, amenazando con reiterar el conflicto. Sin embargo, las negociaciones continúan y, según trascendidos, se estaría cerca de un acuerdo.
El acuerdo preliminar se centraría en la “tabla del medio”, que establece premios en función de un precio del langostino entre 6.000 y 7.500 dólares la tonelada, utilizando el 90% de la cotización del dólar de referencia. La reunión decisiva se llevaría a cabo este lunes en la Secretaría de Trabajo, con la posibilidad de homologar el acuerdo el miércoles, justo antes de la expiración del mandato sindical actual.
Una de las incógnitas a resolver es si los gremios aspiran a que la tabla salarial sea permanente o solo válida para la temporada actual. Las cámaras pesqueras proponen que las tres tablas sirvan como marco de referencia, aplicando la que corresponda en función de los precios del mercado internacional. Esta flexibilidad permitiría adaptarse a las fluctuaciones del mercado y garantizar la sostenibilidad del sector a largo plazo.
El impacto de la reactivación de la pesca de langostino se sentiría en toda la cadena de valor, desde los trabajadores y las empresas hasta los comercios y los municipios costeros. A nivel país, se estima que la paralización de 2025 generó pérdidas de entre 200 y 300 millones de dólares en exportaciones. A pesar de esto, el sector pesquero en su conjunto logró generar divisas por 2.010 millones de dólares en 2025, impulsado principalmente por el crecimiento en la exportación de calamar. Sin embargo, el langostino sigue siendo la especie que más dólares aporta a la economía argentina.
El futuro de la industria del langostino argentino depende de la capacidad de las partes involucradas para llegar a un acuerdo justo y sostenible. La reactivación de la pesca no solo implica la recuperación de puestos de trabajo y el aumento de las exportaciones, sino también la revitalización de las comunidades costeras y el fortalecimiento de la economía nacional. La esperanza está puesta en la reunión de este lunes, donde se definirá si se podrá poner fin a la incertidumbre y abrir un nuevo capítulo en la historia del langostino argentino.