El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona ha entrado en una fase crucial, marcada por testimonios desgarradores que revelan la crudeza de sus últimos momentos. El médico emergentólogo Juan Carlos Pinto, quien llegó al domicilio del exfutbolista el 25 de noviembre de 2020 tras recibir un “código rojo”, ofreció un relato impactante que ha conmocionado a la opinión pública y ha puesto en tela de juicio la atención médica que recibió el ídolo argentino.
Pinto describió una escena irreversible desde el primer instante. “El paciente ya estaba muerto, no tenía pulso ni latidos del corazón”, afirmó con contundencia ante el tribunal. Su testimonio, recogido por el diario argentino La Nación, detalló la presencia de “livideces cadavéricas”, manchas violáceas que aparecen en la piel entre dos y cinco horas después del fallecimiento, lo que indicaba que el deceso no era reciente.
Pero la descripción más impactante fue la del estado físico del cuerpo de Maradona. “Era como un globo”, declaró el médico al referirse al abdomen del ‘Diez’, visiblemente distendido. Pinto explicó que esta condición era el resultado de una combinación de obesidad y acumulación de líquido en la cavidad abdominal, conocida como ascitis. “En este caso eran las dos cosas: un paciente obeso con ascitis”, precisó, aclarando que la ascitis es una condición que se desarrolla durante varios días y es fácilmente detectable, lo que plantea interrogantes sobre la supervisión médica previa.

El testimonio de Pinto no se limitó a describir el estado físico de Maradona. También cuestionó las condiciones en las que se le brindaba atención médica. El médico reveló que en la vivienda no había equipamiento básico para una internación domiciliaria, como un desfibrilador, oxígeno o dispositivos de asistencia respiratoria. “Dentro de la habitación no había elementos para decir que el paciente estaba en una internación domiciliaria, no había nada”, enfatizó, reforzando sus dudas sobre la calidad del cuidado que recibía el exfutbolista.
Al momento de su llegada, Pinto relató que dos personas ya estaban intentando reanimar a Maradona con maniobras de RCP (reanimación cardiopulmonar), aunque otro médico presente ya les había indicado que no había posibilidades de revertir la situación. A pesar de ello, y ante las insistencias de los familiares, Pinto accedió a tomar el control de la escena, aunque admitió que no continuó con las maniobras de reanimación. “Yo les dije que sí, pero no lo hice. Ya estaba muerto”, confesó con honestidad.
En un momento particularmente sensible de su declaración, Pinto relató que decidió aislarse en la habitación para “emprolijar (arreglar) el cuerpo”. Esta acción, aunque comprensible desde una perspectiva humana, ha generado debate sobre la necesidad de preservar la dignidad del fallecido y la importancia de seguir los protocolos adecuados en situaciones de emergencia.
El testimonio de Juan Carlos Pinto ha añadido una nueva capa de complejidad al juicio por la muerte de Maradona, planteando serias interrogantes sobre la responsabilidad de los profesionales de la salud que lo atendieron y las condiciones en las que se le brindó atención médica en sus últimos días. La investigación continúa en curso, buscando determinar si hubo negligencia médica o si la muerte de Maradona fue el resultado de causas naturales. El impacto emocional de este juicio es inmenso, y la búsqueda de la verdad y la justicia sigue siendo el principal objetivo.