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Maradona en la sombra: La crisis silenciosa de Argentina antes del Mundial '86

Un marzo turbulento para la selección argentina, marcado por derrotas, dudas y la preocupante reflexión de un Diego Maradona visiblemente afectado antes de México '86.

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Maradona en la sombra: La crisis silenciosa de Argentina antes del Mundial '86

El fantasma de la incertidumbre se cernía sobre la selección argentina en la primavera de 1986. A tan solo dos meses del Mundial de México, un torneo que el país soñaba con conquistar, el equipo nacional atravesaba una crisis silenciosa, una serie de resultados negativos y un ambiente cargado de dudas que amenazaban con desmoronar las esperanzas de una nación. La gira por Europa, lejos de ser una preparación optimista, se convirtió en un presagio inquietante de los desafíos que se avecinaban.

El viaje comenzó con una contundente derrota 2-0 ante Francia en el Parque de los Príncipes. Un resultado que, más allá del marcador, evidenció las carencias del equipo y la falta de sincronización entre sus estrellas. Maradona, la figura indiscutible del fútbol argentino, parecía ausente, desconectado del juego, como un astro orbitando en una galaxia lejana. Su desempeño, por debajo de las expectativas, encendió las alarmas y generó interrogantes sobre su estado físico y mental.

El siguiente compromiso fue un ajustado triunfo 2-1 ante Napoli, en el estadio San Paolo, el feudo de Maradona. Una victoria agridulce, salvada por las intervenciones providenciales del arquero Luis Islas, quien se erigió como el héroe inesperado de la noche. Sin embargo, incluso en la victoria, las dudas persistían. El equipo no lograba encontrar su ritmo, su juego carecía de fluidez y la dependencia excesiva de Maradona se hacía cada vez más evidente.

El cierre de la gira tuvo lugar en Suiza, ante el modesto Grasshopper. Un triunfo por 1-0 que, lejos de brindar tranquilidad, solo sirvió para enmascarar los problemas subyacentes. La victoria, obtenida con esfuerzo y sin convencer, no lograba disipar la sensación de que algo no andaba bien en el equipo.

En medio de este panorama desolador, Diego Maradona, en una entrevista con la revista El Gráfico, pronunció una frase que resonaría con fuerza en el ambiente futbolero: “Somos una selección perseguida e incomprendida”. No era un grito de rabia o de rebeldía, sino una expresión de resignación, de un cansancio profundo que se reflejaba en sus ojos vacíos y en su barba descuidada. Maradona sentía que el equipo era víctima de una crítica injusta, de una presión excesiva que lo impedía rendir a su máximo nivel.

Maradona en la sombra: La crisis silenciosa de Argentina antes del Mundial '86

“Hay mucha gente a la que nada le viene bien, nada la satisface”, continuó Maradona. “Para la que Borghi ya no es la promesa, Pasculli el goleador, ni Maradona el jugador en el que creían”. Sus palabras revelaban una profunda frustración, una sensación de incomprensión que lo atormentaba.

La situación de Daniel Passarella, el capitán y líder del equipo, también generaba incertidumbre. Su club, Fiorentina, se negaba a autorizar su participación en la gira, en represalia por sus negociaciones con el Inter de Milán. A pocas horas del partido ante Francia, la situación se destrabó y el Kaiser pudo finalmente integrarse al equipo.

La lista de convocados para la gira incluía nombres como Sergio Almirón, Sergio Batista, Claudio Borghi, Ricardo Bochini, José Luis Brown, Néstor Clausen, José Luis Cuciuffo, Oscar Dertycia, Oscar Garré, Ricardo Giusti, Luis Islas, Gerardo Martino, Nery Pumpido, Oscar Ruggeri, Carlos Tapia y Jorge Theiler. Algunos de estos jugadores, como el Tata Martino y Theiler, eran novedades en la selección, convocados sobre la hora debido a las ausencias de otros jugadores.

Oscar Dertycia, por su parte, fue el único integrante de la delegación que finalmente no formó parte del plantel campeón en México. Julio Olarticoechea, quien había sido parte de la selección en los dos primeros años del ciclo de Bilardo, había renunciado a fines de 1984.

La preocupación por el rendimiento del equipo y el estado anímico de Maradona llegó incluso al gobierno, como se revelaría en la entrega correspondiente al mes de abril. Carlos Bilardo, el director técnico de la selección, intentaba mantener la calma y transmitir confianza a sus jugadores, pero la realidad era que la situación era mucho más compleja de lo que aparentaba.

El mes de marzo de 1986 fue un mes oscuro para la selección argentina, un preludio inquietante de los desafíos que se avecinaban. La crisis silenciosa que atravesaba el equipo amenazaba con truncar el sueño de conquistar el Mundial de México. La sombra de la duda se extendía sobre el equipo, y solo el tiempo diría si Maradona y sus compañeros serían capaces de superar las adversidades y llevar a Argentina a la gloria.