## Milei en la cuerda floja: Wall Street celebra, pero alerta por 2027
El reciente viaje del ministro de Economía, Luis Caputo, y su equipo a Washington para participar de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) ha desatado un intenso debate entre los grandes fondos e instituciones globales sobre el futuro del programa económico argentino. Las sensaciones son encontradas: un optimismo cauteloso por la disciplina fiscal y la rápida acumulación de reservas, contrastado con una creciente inquietud sobre la capacidad de sostener este sendero hasta 2027, un año crítico marcado por vencimientos de deuda significativos y un panorama electoral incierto.
Los principales bancos de inversión, fondos y bancos internacionales, si bien reconocen los avances iniciales, coinciden en que la transición hacia el próximo ciclo político representa un riesgo latente. El equipo económico argentino defendió con vehemencia sus logros ante las contrapartes en Washington, presentando un panorama de país en transformación. Según un reporte de UBS, el equipo se mostró “sumamente optimista”, describiendo a Argentina con un “presupuesto equilibrado, moneda estable y una transformación estructural en energía y minería”. El énfasis oficial se centró en el “equilibrio fiscal y la mejora en la acumulación de reservas”, aunque UBS reconoció la “frustración” por la persistencia de spreads elevados, que dificultan el acceso a financiamiento externo atractivo.
El FMI, por su parte, calificó la relación con Argentina como “constructiva, pero más moderada”. El acuerdo técnico por la segunda revisión fue celebrado como “bastante impresionante” en cuanto al impulso reformista post-elecciones legislativas. Sin embargo, el informe del FMI también remarcó la persistencia de una “inflación pegajosa” y un “crecimiento desigual”, factores que podrían socavar la estabilidad macroeconómica.
Las agencias de riesgo soberano están activamente debatiendo una posible mejora en la calificación crediticia de Argentina, desde la categoría CCC hacia B. La atención se centra en la “sostenibilidad de la balanza de pagos, la acumulación de reservas y la flexibilidad financiera”. UBS aclaró que ninguna agencia exige una emisión internacional como condición previa, lo que abre una ventana de oportunidad si la macroeconomía se mantiene estable.
JP Morgan, en su análisis, destacó que las “necesidades financieras de 2026 están cubiertas sin depender del mercado internacional”, subrayando el enfoque del equipo económico en “mantener credibilidad, transparencia y reformas”. Sin embargo, la entidad advierte que los principales riesgos son “más políticos que económicos”, en línea con la preocupación generalizada sobre la transición a 2027.
Bank of America (BofA Securities) también se sumó al debate, destacando el “acuerdo con el FMI que destraba financiamiento” y los “USD 2.000 millones anunciados con apoyo del Banco Mundial para aliviar vencimientos externos”. BofA proyecta una “desaceleración de la actividad transitoria” y sostiene que el “fin de la incertidumbre electoral y el avance de las reformas estructurales podrían crear un círculo virtuoso”, estimando un “crecimiento de 3,5% este año, con minería, energía, bancos y tecnología liderando la recuperación”.

Eurasia Group, por su parte, resaltó el “gran interés por la postura del FMI hacia Argentina y por las garantías multilaterales para operaciones de deuda”. La consultora observó opiniones divididas entre sus clientes sobre si este acontecimiento representa un avance significativo para la inversión, y advirtió que el alivio financiero de este año no despeja el calendario de vencimientos de los próximos años.
En términos numéricos, Morgan Stanley estima que las necesidades en moneda extranjera del Tesoro ascienden a “USD 19.900 millones en 2026, pero subirán a USD 23.400 millones en 2027”, impulsadas por mayores pagos al FMI y vencimientos más concentrados en pleno año electoral. El Banco Central también enfrenta “compromisos por al menos USD 11.000 millones el año que viene entre Bopreal y repos”, un desafío que se acumula en los primeros meses del año electoral.
Barclays advierte que el desempeño económico en sectores intensivos en empleo “fue débil”, lo que introduce riesgos para la popularidad de Milei. Mientras que agro, minería y servicios financieros crecieron con fuerza, manufactura, comercio, hoteles, restaurantes y construcción mostraron caídas.
Banco Galicia recogió las inquietudes de los inversores internacionales, quienes se enfocaron en los “buffers” que tendrá Argentina para suavizar un aumento potencial de la volatilidad en 2027 y en los tiempos de una eventual vuelta al mercado internacional de deuda. El Gobierno transmitió que no existe una negativa ideológica a emitir deuda, sino que prioriza el acceso a tasas de interés más bajas en el futuro.
Banco Comafi elaboró un informe donde describió que el “sentimiento hacia la deuda argentina se mantiene positivo”, aunque “muchos fondos sobreponderan los activos argentinos, pero prefieren mantener posiciones antes que incrementarlas hasta contar con definiciones más estructurales”.
GRIT Capital describió un ambiente en Washington “repleto de portfolio managers concentrados en una misma discusión: cómo navegará la Argentina el muro de vencimientos de 2026 y 2027”. La entidad destacó el “Plan B” oficial: un esquema con garantías de organismos multilaterales para conseguir financiamiento bancario más barato.
Finalmente, Santander observó que “el proceso desinflacionario avanza lento y se sostiene por la credibilidad fiscal, aunque la inflación estructural y shocks externos dificultan un descenso más rápido”. El banco estima que el superávit primario refuerza la narrativa de ajuste, pero la inflación cerraría en torno al 30% este año.