El presidente Javier Milei volvió a encender la esperanza – y la controversia – en torno a la inflación argentina, al ratificar su promesa de que, a partir de agosto de 2026, los precios comenzarán a mostrar un “0” al inicio. Durante su participación en el Foro Económico del NOA (FENOA), el mandatario no solo reiteró su objetivo, sino que también desgranó las condiciones técnicas y macroeconómicas que, según su análisis, harán posible esta transformación económica.
La base del optimismo de Milei reside en el comportamiento de los precios mayoristas, que considera un indicador adelantado crucial de la trayectoria inflacionaria. “Vengo hablando desde el inicio sobre la inflación mayorista, porque es la que se anticipa”, enfatizó ante el auditorio, defendiendo su enfoque desde el comienzo de su gestión. Según su visión, la desaceleración observada en este segmento es una señal inequívoca de lo que ocurrirá con los precios al consumidor una vez que se completen los procesos de “saneamiento financiero” que su gobierno está implementando.
Pero, ¿cuáles son exactamente estos procesos de saneamiento? Milei identificó tres “limpiezas” fundamentales que deben llevarse a cabo para alcanzar la meta de agosto. La primera, y quizás la más compleja, es la eliminación de los efectos del “money overhang” (sobrante de pesos). Este fenómeno, según el presidente, es una consecuencia directa del control de capitales implementado por gobiernos anteriores, que generó una acumulación artificial de liquidez en el sistema. Liberar esa liquidez, permitiendo su libre circulación y competencia, es un paso esencial para normalizar los precios.
La segunda limpieza se refiere a la necesidad de agotar los rezagos de la política monetaria previa. Milei argumenta que las decisiones tomadas por el gobierno anterior, especialmente en lo que respecta a la emisión monetaria, tienen efectos retardados que aún se están sintiendo en la economía. Estos efectos, que pueden tardar hasta 26 meses en disiparse por completo, deben ser neutralizados mediante una política monetaria prudente y restrictiva.

Finalmente, el tercer obstáculo a superar son las distorsiones causadas por la emisión de la segunda mitad de 2025. Aunque no detalló completamente las circunstancias específicas, Milei sugirió que esta emisión generó desequilibrios que deben ser corregidos para evitar que la inflación se reactive. En este sentido, el gobierno mantiene una postura firme de no emitir moneda, señalando que la base monetaria se ha mantenido estable desde mediados de 2024.
“La inflación se va a terminar en la Argentina mientras que se siga manteniendo el equilibrio fiscal y apretada la política monetaria”, reiteró Milei en el FENOA, subrayando la importancia de la disciplina fiscal y monetaria como pilares fundamentales de su estrategia antiinflacionaria. El mandatario defendió la celeridad con la que su ministro de Economía, Luis Caputo, ha puesto las cuentas públicas en orden, afirmando que el problema del Banco Central se resolvió “en seis meses”, mucho antes de lo que muchos analistas preveían.
Sin embargo, Milei también reconoció que la economía no es una ciencia exacta y que factores externos pueden alterar los plazos previstos, aunque no el resultado final. “Pueden pasar cosas en el mundo, como un salto en el precio del petróleo y el gas. Eso puede pasar”, admitió el jefe de Estado, reconociendo la vulnerabilidad de la economía argentina a shocks externos. No obstante, para Milei, estos eventos serían solo desvíos transitorios en una trayectoria que, según su análisis, desembocará en la erradicación total del fenómeno inflacionario si se mantienen los “deberes” hechos en materia fiscal y monetaria.
El contexto actual de la inflación argentina, con una cifra de 2,9% mensual en febrero de 2026, repitiendo la de enero, y una inflación interanual del 33,1%, presenta un desafío considerable para el equipo económico. Quebrar el piso del 2% es crucial para demostrar la efectividad de las políticas implementadas y consolidar la confianza en la capacidad del gobierno para controlar la inflación. La promesa de Milei de una inflación en cero en agosto de 2026, por lo tanto, no es solo una meta económica, sino también un desafío político que definirá el futuro de su gestión.